CAPÍTULO 1: AMORES POR ACCIDENTE


CAPÍTULO 1: AMORES POR ACCIDENTE

El despertador suena y Facundo se alista para dirigirse al trabajo. Toma una ducha refrescante: se lava el cabello, se enjabona el cuerpo y, después, se afeita y se lava los dientes. Se viste con la ropa que le seleccionó su mucama y luego se dirige al comedor para tomar el desayuno: huevos revueltos con jamón y tocineta.

Minutos después, tras terminar de desayunar, la mucama le alcanza el maletín de trabajo. Facundo se despide de ella y camina hacia el auto, donde lo espera Hamilton, su fiel chofer. Llevando el periódico en la mano, Hamilton le abre la puerta del vehículo.

—Buenos días, señor Altamirano —dijo Hamilton, entregándole el diario—. Aquí están las últimas noticias.

—Gracias, Hamilton —dijo Facundo, recibiendo el periódico mientras subía al auto.

—¿Alguna novedad en el mundo, señor Altamirano?

—Lo mismo de siempre: puras malas noticias.

Hamilton enciende el auto mientras Facundo continúa hojeando el diario. La radio sintoniza "Alguien que bese como tú" interpretado por Pedro Suárez-Vértiz.

"Quisiera encontrar, alguien que bese como tú/ Alguien que me hable igual que tú/ Y que me abrace, y acabe con mi soledad/ Alguien que sienta de verdad."

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Al llegar a la empresa tras un largo recorrido, todos los empleados lo saludan amigablemente. Facundo responde con cortesía y se encamina hacia el escritorio de Marita, su fiel secretaria, quien se encuentra ordenando unos recados.

—Buenos días, jefecito —dijo Marita en un tono muy dulce.

—Buenos días —respondió Facundo—. Sigues tan bella como siempre.

—Oh, gracias, jefecito. ¡Siempre tan adulador!

—Solo digo la verdad...

—Ah, jefecito —dijo Marita—. Ayer hablé con una amiga chilena y viene a visitarme unos días.

—¿Una amiga? —preguntó Facundo con asombro.

—Así es —respondió Marita—. La conocí hace tiempo en un viaje a Chile. Desde entonces nos escribimos seguido, ya sea por carta o por correo electrónico. ¡Pobre! Se quedó sin trabajo y está muy triste. Así que la animé a que pasara unos días aquí en la ciudad...


—¿Y tu amiga es soltera?

—Claro, solterita y a la orden. ¿Por qué lo pregunta, jefecito? ¿Quiere que le facilite una cita con ella? Le cuento que es muy bonita.

—Puede ser... Tendría que conocer a tu amiga primero.

—Perdone, jefe —inquirió Marita—. ¿Cómo es posible que un hombre tan apuesto y buena gente no se haya casado todavía?

—Primeramente, gracias por lo de buen mozo; y en segundo lugar, creo que aún no he encontrado al amor de mi vida.

—Pero dígame, aquí en confianza, ¿nunca se enamoró de alguien?

—Bueno, hace mucho tiempo... De eso ya van como diecisiete años, más o menos. Cuando estaba en la universidad conocí a una muchacha peruana muy bonita y anduvimos juntos un tiempo...

—¿Y qué pasó?

—Qué chismosa eres... Bueno, salimos juntos, pero después desapareció. Dicen que se regresó a su país y no volví a saber más de ella.

—¿Y llegó a tener relaciones con ella?

—¿Qué estás queriendo decir, Marita? ¿Que quizás tenga un hijo por allí?

—Podría ser, jefecito. Como en las telenovelas.

—Un hijo... No sería mala idea tener un hijo, un heredero de todo lo que tengo.

—Pero no siempre tiene que ser un hijo; también puede ser... una hija.

—No me importa. Lo importante es poder tener a alguien de mi propia sangre a quien heredarle todo este patrimonio —Facundo suspira y mira su reloj—. Bueno, Marita, me despido. Voy a estar en mi despacho.

—Siga no más, jefecito.

Facundo se dirige a su oficina mientras Marita atiende las llamadas.

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Mientras tanto, en Santiago de Chile, Mariángela alista su maleta junto a su hermano Christian, listos para viajar. Se escucha la canción "Alguien que cuide de mí", una balada muy suave interpretada por Christina y los Subterráneos:

"Que no sea muy malo/ Que no sea muy bueno/ Y si me hace regalos/ Que no le cuesten dinero/ Alguien que cuide de mí."

—¿Estás segura de hacer este viaje, hermanita?

—Así es, Christian —respondió Mariángela—. No puedo desaprovechar la invitación de mi amiga Marita. Además, un viaje siempre nos hace bien...

—Te entiendo, hermanita, pero ¿qué voy a hacer yo allá?

—Muchas cosas. Puedes salir, divertirte... ¿Quién sabe si allá conoces a una mujer, te enamoras y terminas en matrimonio?

—¿Matrimonio yo? ¡No, hermanita! Todavía no ha nacido la mujer que me lleve al altar. Si no la conseguí aquí en Chile, difícil que la encuentre en ese país...

—No sabes lo que el destino te tiene preparado.

—¿Por qué lo dices, hermanita? ¿Por lo de tu separación?

—Bueno... Pensé que era el amor de mi vida, pero ya ves, todo resultó ser una ilusión. A veces creo que Dios pone las cosas por algo, como si todo estuviera escrito y mi destino estuviera en ese país...

—Vaya, hermanita, veo que te pusiste algo filosófica...

—¿Qué habrá en ese país? —dijo Mariángela, pensativa.

—No lo sé... Me imagino que habrá gente como uno, ¿po'?

Mariángela simplemente sonrió.

+++

Pasa el tiempo y, después de un día atareado en el trabajo, Marita regresa a su vecindario, donde la recibe Karina, su vecina.

—Hola, vecina, ¿cómo estás? —dijo la sonriente Karina—. ¿Vienes de trabajar?

—¿Qué tal, Karinita? —respondió Marita—. ¿Cómo está tu familia?

—Muy bien. Mi papá aún no consigue trabajo...

—¡Qué lástima! ¡Es que la situación está tan difícil!

—¿Y tú crees que haya un lugar en la fábrica donde trabajas?

—Puede ser, aunque mi jefe no quiere contratar gente nueva; pero de todos modos se lo diré...

—Gracias, Marita —exclamó Karina con una sonrisa—. A propósito, ¿cuándo viene tu amiga de Chile?

—Viene la próxima semana.

—¿Y viene sola?

—Viene con su hermano.

—¿Su hermano? ¿Y es soltero?

—Bueno... no lo sé. Sé que es menor que ella, pero ¿por qué lo preguntas? ¿Quieres estar con él acaso?

—¿Quién sabe? La verdad, aquí no hay muchos muchachos que me gusten... Tal vez el chilenito no esté tan mal.

—Ay, Karina, todavía eres muy joven para pensar en esas cosas...

—Nunca se es demasiado joven para enamorarse y tener una relación. Además, cuando menos lo imaginemos, ya seré una viejita solterona... y no quiero terminar así.

—Bueno, vamos adentro. Te invito a tomar unas onces.

Karina acepta la invitación e ingresan juntas a la casa.

(CONTINUARÁ...)

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