CAPITULO 11: AMORES POR ACCIDENTE


CAPITULO 11: AMORES POR ACCIDENTE

Era su primera noche en Bogotá y Christian ya tenía su primera invitación para salir de rumba, cortesía de Karina. Sin embargo, la familia de Karina no la dejó ir sola y su tío Ricardo, el taxista, se ofreció a acompañarlos.

—Gracias por acompañarnos, tío —dijo Karina—, y por sacrificar tu turno en el taxi para salir con nosotros.

—No es bueno que una muchacha como tú salga con un hombre al que apenas conoce... —replicó el tío Ricardo.

—¡Por favor, tío, me haces sentir como una niñita!

—La calle está llena de peligros, Karina. ¿Y sabes algo de tu amiga peruana?

—¿Gisela? Sí, claro. El otro día estuve cenando con ella en un restaurante, con su padre y la novia de su papá.

—¿Su papá? —exclamó el tío Ricardo, atónito.

—Sí... ¿Puedes creerlo? ¡Don Facundo Altamirano resultó ser el padre de Gisela!

—¿Facundo Altamirano? ¿El jefe de nuestra vecina Marita? —exclamó el tío Ricardo, quien, distraído, estuvo a punto de perder el control del volante. Afortunadamente, reaccionó a tiempo y logró maniobrar sin chocar.

—¡Cuidado, tío! —gritó Karina.

—Disculpa, sobrina —dijo Ricardo—. Bueno, creo que ya casi llegamos.

—¿Qué tipo de música tocan allí? —intervino Christian.

—¡Tocan de todo! —exclamó Karina—. ¡Te va a encantar!

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En ese momento, Karina, con un discreto gesto coqueto, deslizó su mano sobre la pierna de Christian. A él pareció agradarle el gesto; sin embargo, su tío, atento al espejo retrovisor, lo notó de inmediato.

—¡Karina! —exclamó el tío—. ¡Quita esa mano!

—¿Cuál mano? —dijo Karina haciéndose la inocente—. ¿De qué estás hablando, tío?

—Yo no sé de qué habla usted, señor —intervino Christian—. Ella solo me estaba sobando la pierna porque me dio un calambre...

—¡Ajá! ¡Conque muy listo el chilenito, no! ¡Mucho cuidadito con estarse pasando de listos! —y frenando el auto de golpe, ordenó—: ¡Karina! ¡Te sientas adelante!

—Pero...

—¡Nada de peros! —exclamó el tío—. ¡Pásate adelante!

—Hazle caso a tu tío, Karina —le recomendó Christian.

—Está bien —dijo Karina, disconforme, bajándose del auto para ocupar el asiento delantero.

El tío le recordó ajustarse el cinturón de seguridad y de inmediato emprendieron nuevamente el camino.

—Sobrina —dijo Ricardo—, ¿sabes si tu amiga peruana se va a reunir con nosotros?

—Quedamos en encontrarnos en la discoteca —respondió Karina, dirigiéndose a Christian—: Te va a caer muy bien Gisela. Es muy chévere.

—Eso está por verse —dijo Christian.

Ninguno sospechaba lo que el destino tenía preparado.

(Tema de recorrido nocturno urbano: "Yo quiero bailar" – Sonia y Selena)

+++

Mientras tanto, en el apartamento de los Altamirano, Gisela se dirigió a la habitación de Facundo, quien se encontraba conversando con la señorita Carolina Estévez.

—Papá —dijo Gisela—, Karina me invitó a salir a una discoteca... ¿Puedo ir?

—Está bien, hijita —respondió Facundo—. Ve con Hamilton para que te cuide.

—Está bien, gracias, papá —dijo Gisela—. Nos vemos, Carolina.

Gisela buscó a Hamilton para avisarle de la salida. Mientras tanto, Carolina le comentó a Facundo:

—Facundo, mi amor, ¿dejas ir a tu hija sola con el chofer?

—No va a ir sola —respondió él—. Va con Hamilton, que es de mi entera confianza. Además, la pobrecita necesita salir y distraerse, y parece que se lleva bien con esa muchacha Karina.

—No creo que sea la compañía indicada para tu hija, Facundo.

—Parece una joven decente.

—Se nota tan vulgar y poca cosa. Tu hija necesita subir de nivel social.

—Bueno, no debo presionarla demasiado. Tú sabes que ella no se crio conmigo y debe tener otras costumbres. Pero, por favor, mi amor —dijo abrazándola fuertemente—, no hablemos de eso ahora. Hablemos de lo nuestro.

—Esta bien. mi amor.

Él le dio un beso, Carolina le correspondió y ambos se abrazaron apasionadamente.

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Finalmente llegaron a la discoteca y el tío estacionó el vehículo. Christian se bajó primero para abrirle la puerta a Karina, quien lo miró coquetamente ante la mala cara de Ricardo.

—¡Ya, tío! —exclamó Karina—. ¡No seas así con Christian! Se nota que es una muy buena persona.

—Las apariencias engañan, querida Karina —dijo Ricardo.

—Vámonos, Christian, sentémonos allá... —dijo Karina, tomándolo del brazo.

Se acomodaron en una mesa mientras en el lugar resonaban acordes de salsa, merengue y vallenato.

—Christian —dijo Karina—, ¿quieres algo de tomar? ¿Una cerveza o un aguardientico?

—Bueno... una cerveza no estaría mal —respondió Christian.

—Muy bien —intervino el tío Ricardo—. La barra está allá y puedes ir a pedir lo que gustes...

—Ya, tío —dijo Karina—. No seas descortés. Ve a la barra y trae algo de tomar... Para mí, una cerveza.

—¡Karina! —exclamó el tío, indignado.

—Perdón, tío... Quise decir una gaseosa... al clima, por favor.

El tío obedeció y caminó hacia la barra, sin perder de vista a su sobrina y al joven chileno. Mientras tanto, Karina conversaba a solas con Christian.

—¡Qué chévere! —dijo Karina—. ¿Te gusta esta música, Christian?

—Sí, claro —respondió él—. Es muy alegre, poh.

—¡Ay, «poh»! —exclamó Karina risueña—. ¡Me fascina cuando ustedes los chilenos dicen «poh»! ¿Y cómo es tu vida en Chile, Christian?

—Bueno, mi vida allá es tranquila. Salgo con mis «yuntas», es decir, mis amigos...

—Me imagino que debes tener muchos amigos.

—Sí, claro. Nos juntábamos para ir al estadio y alentar a «la Chile», mi equipo de fútbol.

—¿Te gusta el fútbol? ¡Qué chévere! Mi tío Ricardo es fanático del fútbol y todos los domingos voy con él a alentar al «Santafecito», el equipo de la capital, aunque a mí me gusta más el América de Cali.

En ese momento, una joven se acercó a saludarlos. Karina se alegró con su presencia.

—¡Caty! —exclamó Karina—. ¡Qué milagro verte!

—¡Qui'hubo, Karina! Veo que estás muy bien acompañada —dijo Caty, mirando de reojo a Christian.

—¡Claro! —dijo Karina—. Quiero presentarte a mi amigo Christian García, que acaba de llegar de Chile.


—¡Pues bienvenido a Colombia, Christian! —dijo Caty dándole la mano—. ¿Y te has amañado en Colombia?

—¿Perdón? —exclamó Christian confundido.

—Quiere decir si te has acostumbrado a estar aquí... —aclaró Karina.

—Bueno —dijo Christian—, es mi primera noche aquí y la verdad me ha gustado todo lo que he visto...

—Bogotá es una ciudad muy interesante —opinó Caty—, sobre todo si estás con la persona indicada... ¡Uy! ¡está sonando mi canción preferida y no tengo con quién bailar!

—Puedes bailar con Christian... —propuso Karina—, pero eso sí... ¡prestadito!

—No te preocupes —dijo Caty jalándolo del brazo—, te lo cuidaré. ¡Vámonos, Christian!

Caty sacó a Christian a la pista, pero pronto comenzó a reclamarle por su falta de soltura...

—¡Ya, Christian! —exclamó Caty—. ¡Estás muy tieso! ¡Muévete con más ritmo y sabor!

—¡Oye, en Chile yo era todo un fenómeno del baile! ¡Todos me envidiaban!

—Pues necesitas más ritmo —dijo ella guiándolo—. Vamos, vamos, muévete...

Karina se divertía viendo a Christian intentar seguir el ritmo con Caty, justo cuando el tío Ricardo regresó con las bebidas.

+++

Mientras tanto, en la casa de Marita, ella conversaba en la cocina con Mariángela...

—Marita —dijo Mariángela—, ¿tú crees que hicimos bien en dejar que mi hermano saliera con tu vecina?

—Claro que sí. No tienes nada que temer, Mariángela. Karina es una muchacha decente y además los acompaña su tío.

—Bueno, es que como no conocemos bien cómo son las cosas en este país...

—No tienes de qué preocuparte.

Mariángela se dispuso a lavar los platos del fregadero...

—Por favor, Mariángela, deja que yo lave los platos. Eres mi invitada.

—No puedo, sería abusar de tu hospitalidad. Además, tú trabajas todo el día y debes estar cansada.

—No tanto como para no lavar los platos. Por favor, Mariángela.

—Está bien —cedió Mariángela, haciendo una pausa—. ¿Y cómo es tu jefe?

—¿Don Facundo? Es estricto, pero también justo. Es un buen jefe. Le hablé de ti y quiere conocerte...

—A mí también me gustaría conocerlo... —respondió ilusionada.

—¿Qué te parece si me acompañas mañana a la oficina? Allá podrás conocerlo.

—No quisiera ser una molestia.

—¡Para nada! Así conoces donde trabajo. El niño puede quedarse en casa con tu hermano. Vamos, Mariángela.

Mariángela terminó por aceptar la invitación.

+++

Mientras tanto, en la discoteca, Caty continuaba haciendo bailar a Christian a un ritmo frenético. Aprovechando una distracción de su pareja de baile, el joven chileno se retiró hacia un rincón a tomar aire.

En ese momento llegó Gisela acompañada por Hamilton, quienes buscaron un lugar donde sentarse...

—Señorita Gisela —dijo Hamilton—, voy a buscar a la señorita Karina. Por favor, no se mueva de aquí para no traspapelarse...

—Sí, claro, Hamilton. Descuida.

Hamilton se alejó entre la multitud. Gisela tomó asiento y se dispuso a escuchar la música.


Fue entonces cuando Christian pasó caminando cerca de allí y se detuvo, sorprendido al ver a Gisela. En los altavoces comenzó a sonar la melodía de Caraluna:

(Tema de encuentro romántico: "Caraluna" – Juanes)

(CONTINUARA)



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