CAPITULO 13: AMORES POR ACCIDENTE


CAPITULO 13: AMORES POR ACCIDENTE

En la fábrica de Facundo, Mariángela todavía comentaba con su amiga Marita sobre la cita inesperada que Facundo le había hecho, situación que mantenía a Marita totalmente indignada.

—Oye, Marita —dijo Mariángela en voz baja—, dime la verdad... Tú estás enamorada de tu jefe, ¿no?

Marita, asustada, se apresuró a cerrar la puerta de la oficina.


—Cállate —exclamó Marita en un susurro—, que te puede oír la gente y aquí hasta las paredes tienen oídos...

—Esta bien, pero dime la verdad. ¿A ti te gusta Facundo?

—Claro que no. Si es mi jefe —respondió Marita tajante.

—Entonces, ¿por qué te indignaste cuando me pidió una cita?

—Porque él apenas te conoce... y tú apenas lo conoces a él.

—Pero me has hablado tanto de él que pensé que le tenías confianza...

—Eso es diferente. Por favor, tengo que seguir trabajando. Permiso. Si gustas, puedes tomar asiento, leer un poco o pasear por la fábrica.

Marita acomodó sus papeles y se sentó a trabajar. Mientras tanto, Mariángela decidió salir a recorrer las instalaciones.

+++

Al salir de la oficina, Mariángela se tropezó de frente con Facundo. Ambos cruzaron miradas cargadas de fascinación.

—Mariángela... ¿Cómo estás? ¿A dónde te diriges?

—A ningún sitio. Marita está ocupada trabajando y yo, pues, no tengo mucho que hacer...

—¿Ya conociste la fábrica?

—Sí, Marita me mostró un poco las instalaciones... Me pareció un lugar muy grande.

—Era más grande, pero por reducción de costos tuvimos que ajustar los espacios. Pero ven, caminemos un rato, no nos quedemos aquí parados...

—Está bien —dijo ella sonriendo.

Mariángela caminó junto a Facundo mientras él, buscando romper el hielo, inició la conversación:

—¿De qué ciudad de Chile eres? —preguntó Facundo.

—Nací en Temuco, pero he vivido la mayor parte de mi vida en Santiago...

—Una vez estuve en Santiago —recordó Facundo—. Me quedé allá un mes. Me pareció una ciudad muy interesante... ¿Toda tu familia es de Temuco?

—Sí, mis padres eran de allá, excepto Christian, mi hermano menor, que nació en Santiago.

—¿Y dónde están tus padres?

—Mis padres ya fallecieron. Me quedé sola con mi hermano. Los dos somos inseparables y él viajó conmigo... Ahora debe estar solo en casa de Marita. Me pregunto qué estará haciendo...

—¿Por qué no lo trajiste? Aquí hay personal que podría cuidarlo... No es bueno que los niños se queden solos en casa.

Mariángela soltó una carcajada.

—¿De qué te ríes, Mariángela?

—Bueno... Es que mi hermanito... ¡tiene 22 años!

—¡Pero si ya es todo un hombre!

—Es que para mí es como una guagüita... Una criatura. Nuestra madre falleció cuando Christian tenía apenas un año y creció sin una figura materna. Prácticamente he sido una madre para él...

—Entiendo.


En ese momento interrumpieron a Facundo para avisarle que tenía una llamada telefónica urgente. Se trataba de Carolina Estévez, su novia.

—Bueno, Mariángela, me despido... Ejem... Me llama uno de nuestros mejores clientes, debe ser por algún reclamo... Con permiso, puedes ver lo que quieras. Siéntete como en tu casa.

—Sí, claro, Facundo. Gracias.

Facundo se retiró a contestar mientras Mariángela regresó a la oficina de Marita a hojear una revista.

—¿Qué estuviste haciendo? —preguntó Marita.

—Estuve caminando con tu jefe. El señor Facundo es muy buena persona...

—Mi jefe es alguien especial... Pero bueno, ya es hora del almuerzo, ¿almorzamos?

—Está bien, vamos.

Mientras tanto, Facundo atendía la llamada de Carolina.

—¿Aló? ¿Hola, mi amor? —dijo Facundo—. ¿Cómo has estado?

—¡Hola, mi amor! ¡Llamaba para invitarte a cenar juntos esta noche! —respondió Carolina en tono coqueto—. ¡Tengo ganas de comer una ensalada de pollo en el Club!

—¿Esta noche? —exclamó sorprendido, recordando la invitación a Mariángela—. Pues, mi amor, no creo que se pueda hoy.

—Pero ¿por qué?

—Lo que sucede es que... ejem... tengo una reunión importante con unos hombres de negocios... unos coreanos. Quieren hacer inversiones aquí. Pero no te preocupes, no tengo nada agendado para pasado mañana y con gusto salimos ese día... ¿Aló? ¿Me escuchas?

—Sí, te escucho —respondió Carolina desanimada—. Está bien, mi amor. Será para pasado mañana.

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En ese instante Mariángela entró intempestivamente al despacho de Facundo y él se puso sumamente nervioso.

—Sí, señora —dijo Facundo cambiando drásticamente el tono por el teléfono—. Pasado mañana estará listo su pedido. Muchas gracias, chao —y colgó de inmediato.

—¡Mariángela! ¡Qué sorpresa! Pasa, pasa.

—No, gracias, Facundo. Solo venía a decirte que Marita y yo saldremos a almorzar.

—Las acompaño... Vamos. Ahora mismo llamo a Hamilton para que nos recoja.

Marita le recordó de inmediato que el chofer no estaba disponible.

—Jefe —dijo Marita—, Hamilton acaba de salir con su hija.

—¿Su hija? —preguntó Mariángela asombrada—. ¿Tienes una hija, Facundo?

—Bueno... la verdad... —respondió Facundo acorralado—, hasta hace unos días no sabía que existía.

—¿Cómo es eso posible?

—Es una larga historia. Vámonos a almorzar mejor, tomemos un taxi y allá les cuento todo con más calma.

—Con la suerte que tenemos, capaz nos toca el taxi de Ricardo, mi vecino —comentó Marita.

—Ojalá que no —dijo Mariángela—, no quisiera ver a ese tipo... ¡No soporto cómo me mira a cada rato!

Afortunadamente para Mariángela, al abordar el vehículo descubrieron que el conductor era un desconocido.

+++

Mientras tanto, en casa de Marita, Christian miraba televisión en el sofá, aburrido. De repente tocaron a la puerta. Miró por la ventanilla y abrió: era Caty.

—¿Caty? —dijo Christian—. ¿Qué haces aquí? ¿No estabas trabajando?

—Mi jefe me dio la tarde libre porque no llegaron clientes a la tienda... Así que aquí me tienes —dijo acercándose coqueta—, dispuesta a acompañarte...

—Caty —dijo Christian simulando distanciamiento—, perdóname, pero yo tengo un compromiso...

—No sé por qué pierdes tu tiempo con Karina, es tan joven e inmadura... Cuando podrías estar con una mujer como yo.

Christian disfrutaba los coqueteos de Caty, aunque intentaba disimularlo.


—Bueno, yo quiero mucho a Karina y no me gustaría hacerla sufrir.

—¿Y cómo te enamoraste tan rápido de ella?

—No se necesita mucho tiempo para conocer a Karina... —respondió con cierta ironía, aunque por dentro deseaba abrazar a Caty.

—Está bien, tienes razón —dijo ella haciéndose la derrotada—. Pero me gustaría invitarte a tomar un tintico.


—No, gracias, no me gusta el vino tinto.

—Ah, perdón... Aquí le decimos «tinto» al café.

—Ah, bueno. En ese caso me gustaría probar un poco de café colombiano. Vamos.

Christian cerró la puerta con llave y acompañó a Caty a la cafetería.

Por su parte, Gisela recorría la ciudad en el auto de su padre junto a Hamilton.

—Señorita Gisela, ¿le sucede algo?

—Disculpa, Hamilton, es que todavía no me acostumbro a andar con chofer...

—Es una ciudad peligrosa, uno tiene que andar protegido. A propósito, ¿sabe algo de su amiga Karina?

—Me gustaría pasar a saludarla. ¿Te acuerdas del camino?

—Claro que sí. Vamos a saludar a Karina. Se ve que es una buena muchacha.

+++

Hamilton se dirigió hacia el barrio de Karina, pero al tocar la puerta les informaron que no se encontraba porque estaba en su turno de trabajo. Desanimada, Gisela dio media vuelta y de pronto divisó a Christian a lo lejos.

—¿Christian? —exclamó Gisela—. ¡Christian! ¡Christian!

Christian se giró y, emocionado al ver a Gisela, corrió hacia ella. Caty apretó los dientes de frustración, ignorando que Gisela era la amiga de Karina de la que tanto hablaban.

Christian y Gisela se contemplaron en silencio, con el corazón acelerado por el reencuentro.


—¡Gisela! Pero... ¿qué milagro verte por acá?

—Vine a visitar a una amiga... —respondió Gisela—, y te encontré. Qué sorpresa, ¿vives cerca?

—Sí, me hospedo en casa de una amiga de mi hermana... Ahora salía a tomar un café con mi amiga Caty, ¿quieres venir?

Gisela notó la mirada hostil de Caty y prefirió dar un paso atrás.

—Mmm... Mejor no... Será otro día.

—Espera, al menos dame tu teléfono. —pidió Christian.

—No puedo... Tengo prohibido darle mi número a desconocidos por seguridad... —dijo Gisela tímidamente.

—Esta bien, entonces anota el mío.

Gisela sacó papel y lápiz mientras Christian le dictaba los números.

—Bueno, ya tengo tu número.

—Esperaré tu llamada... —dijo él fascinado.

Hamilton tomó del brazo a Gisela para apartarla de allí. Christian se quedó suspirando mientras ella se alejaba.

Caty se le acercó de inmediato, furiosa.

—Oiga, Christian, ¿qué le pasa? No me diga que se enamoró de esa tipa. Qué pésimos gustos tiene usted.

—Por eso salgo contigo... jajaja, mentira. Bueno, ella es solo una amiga, nada serio. ¿Y qué dices? ¿Me invitas el café ó no?

—Está bien. Pero hablaremos solo de usted y de mí.

—Oye, Caty, ¿por qué me tratas de «usted» otra vez? Antes me tuteabas.

—Yo acostumbro a tratar de «usted» a mis amigos. —dijo acercándose con picardía—, y tuteo a mis amantes.

—Aquí no —dijo Christian apartándose con una sonrisa—. Vamos por el tintico mejor y después... ¿quién sabe?

Ambos se alejaron juntos hacia la cafetería.

+++

Esa noche, Mariángela regresó con Marita al apartamento, pero se angustiaron al no encontrar a Christian.


—¡Dios mío, dónde estará este inconsciente! —exclamó Mariángela desesperada—. ¡Con todos los peligros que hay por aquí!

—Tranquila, tu hermano debe estar bien... —dijo Marita—. Ya es grande, sabe cuidarse.

—¿No entiendes? ¡Christian no conoce la ciudad!

En ese momento entró Ricardo trayendo un ramo de rosas, pero Mariángela ni lo miró. Ricardo apretó la mandíbula, frustrado.


—Perdónanos, Ricardo —dijo Marita intentando calmar el ambiente—, es que no aparece el hermano de Mariángela... El muchacho que fue contigo a la discoteca.

—Sí, claro... Pero si yo fuera ustedes no me preocuparía mucho, ese tipo seguro anda detrás de alguna muchacha por ahí.

Tocaron a la puerta y Mariángela, pensando que era Christian, corrió a abrir. Se encontró con Facundo, quien sostenía un elegante ramo de flores.

—Hola, Mariángela, ¿cómo estás? —dijo Facundo sonriente—. Esto es para ti. Vamos, mi chofer nos está esperando afuera...

Ricardo sintió una punzada de rencor y celos al ver cómo Mariángela aceptaba complacida las rosas del jefe de Marita mientras las suyas quedaban ignoradas.


—Hola, Facundo, no te hubieras molestado... La verdad estoy muy preocupada porque mi hermanito no aparece y no conoce la ciudad...

—Tranquila, tu hermano ya es un hombre y sabe cuidarse... Me recuerda a mí cuando llegué a Bogotá.

+++

En ese instante entró Karina buscando a Christian. Al escuchar que no aparecía, se mostró inquieta.

—Debe estar con alguna muchacha pasándola sabroso —soltó Ricardo con sorna.

—¡No digas esas cosas de mi novio, tío! —exclamó Karina—. ¡Seguro solo salió a dar un paseo!

Mariángela la miró desconcertada.

—Perdón... ¿Dijiste que Christian es tu... novio?

—Así es, Mariángela... Tu hermano y yo somos pololos... Quiero decir, novios.

Mariángela sintió que todo le daba vueltas y se desmayó, cayendo en los brazos de Facundo y Ricardo.

(Tema de cierre dramático: "Caraluna" – Bacilos)

CONTINUARÁ...

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