CAPITULO 14: AMORES POR ACCIDENTE


CAPITULO 14: AMORES POR ACCIDENTE

Mariángela estaba desconcertada. Su hermano Christian se había extraviado y nadie sabía dónde se encontraba. Lo peor fue cuando Karina le confesó su noviazgo con él; el impacto estuvo a punto de hacerla desmayar, pero Ricardo y Facundo reaccionaron a tiempo para sostenerla y acomodarla en un sillón, mientras Marita corría por un vaso con agua.


—Pero... ¿qué pasó? ¿Dije algo malo? —preguntó Karina asombrada.

Mariángela reaccionó tras beber un sorbo de agua.

—¿Te sientes bien, Mariángela? —preguntó Facundo con preocupación.

—¿Facundo? —exclamó ella parpadeando—. ¿Qué haces aquí?

—Quedamos en salir juntos, ¿no es así?

—Parece que no se va a poder —intervino Ricardo con sarcasmo—. Mariángela se puso muy mal por la desaparición del hermanito...

En ese instante sonaron varios golpes a la puerta. Marita corrió a abrir y se encontró con Christian.

—¡Christian! ¡Amorcito! ¿Dónde estabas? —exclamó Karina, abalanzándose sobre él con abrazos y besos.

—Estaba paseando por ahí. —respondió él tranquilamente.

Mariángela se puso de pie de inmediato para encararlo.

—¡No te das cuenta de los peligros a los que te expones! —reclamó furiosa.

—Disculpa, hermanita, pero no pasó nada...

—¡Pero pudo haber pasado!

—Tranquila, Mariángela —intervino Facundo suavemente—. No te pongas así, el muchacho está bien.

Ella respiró hondo y bajó la mirada.

—Tienes razón, Facundo. No pasó nada, pero hay que tener cuidado.

—¡Christian! —interrumpió Karina feliz—. ¡Ya tu hermana sabe lo nuestro!

—¿Qué cosa? —preguntó él.

—¡Que tú y yo somos novios!

Ricardo apretó los puños, al límite de su paciencia.

—¡Karina! ¿Cómo es eso de que usted y este tipo son novios?

—Así es, tío. Christian y yo somos novios.

Ricardo contuvo el coraje frente a los presentes.

—De esto vamos a hablar en la casa.

—Mariángela —dijo Karina sonriente—, ¿no te alegras por nosotros?

—Bueno... claro que sí. Los felicito —respondió Mariángela, abrazándola amablemente mientras Christian, avergonzado, no sabía dónde meter la cara.

—Karina, nos vamos —ordenó Ricardo.

—Ay, tío, quedémonos un ratico más.

—Se hace tarde —insistió el taxista, tomándola del brazo—. Vámonos.

—Hazle caso a tu tío, Karina —aconsejó Mariángela.

Karina le dio un rápido beso en la boca a Christian y se retiró escoltada por Ricardo.

+++

Al llegar a su casa, Ricardo encaró de inmediato a su sobrina:

—Oiga, Karina, ¿qué es ese cuento de que usted y ese sinvergüenza son novios?

—Disculpa, tío, pero yo lo quiero.

—¡No le crea a ese vago! ¿Qué va a pasar cuando se regrese a su país y la deje botada? ¿Acaso no ha pensado en eso?

—Sí, claro, pero él me prometió que me llevará con él...

—¡Mucho cuidado! A mí no me gusta ese tipo, es capaz de hacerle mucho daño.

En ese momento intervino la tía Etelvina.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó alterada—. ¿Por qué tanto alboroto?

—Disculpe, mamá, pero es que su sobrina cometió una locura.

—¿De qué habla tu tío, Karina?

—No es ninguna locura, tía —respondió Karina—. Christian y yo somos novios.

Etelvina se llevó las manos al pecho.

—¡Ay, bendito! ¡No me diga eso! ¿Hablas de Christian, el muchacho que está donde Marita?

—Así es. Es el hombre que quiero.

—Mucho cuidado, mija, no vaya a llevarse una desilusión amorosa —le advirtió la tía.

—No se preocupe, tía Etelvina. Christian me quiere y es incapaz de hacerme daño.

—Está bien, pero no diga que no se lo advertimos. Eres muy joven y linda, y no queremos verte sufrir por alguien que ni siquiera vale la pena.

Etelvina la abrazó con resignación.

+++

Mientras tanto, en casa de Marita, Mariángela se arregló para salir a cenar con Facundo. Una vez que la pareja abandonó el apartamento, Marita encaró a Christian:

—¿Y cómo así tu hermana sale con mi jefe?

—No sé —respondió Christian—. De repente la invitó a comer y ella aceptó... Apenas se entere de que Facundo tiene novia...

—¿Tiene polola Facundo? ¿Y Mariángela lo sabe?

—No he podido decírselo porque estaba muy entusiasmada con salir. Pero cambiando de tema... ¿qué es eso de que tú y Karina son novios?

—Bueno, ella me lo pidió y yo acepté.

—¿Y qué va a pasar cuando te regreses a Chile?

—Nada, nos escribiremos cartas, poh.

—¿Y tu novia de Chile?

—¿De qué hablái? ¿Cuál novia?

—La muchacha de la que me habló tu hermana... ¿Fátima?

—Ah... la Fátima es buena onda, un siete como persona, pero no es mi polola.

Christian miró su reloj de pulsera.

—Bueno, Marita, me retiro... Ya vuelvo.

—¡Espera! ¿A dónde vas?

—Voy a salir con un amigo.

—¿Un amigo? ¿Qué amigo si no conoces a nadie aquí?

—Lo conocí hace poco... Chao.

Christian salió a toda prisa, dejando a Marita desconcertada.

Afuera del edificio lo esperaba Caty encendiendo un cigarrillo.


—Hola, Caty, ¿cómo estái?

—Hola, Christian. ¿Por qué te demoraste tanto?

—Disculpa, estaba hablando con mi hermana... ¿A dónde vamos?

—A un sitio que te va a encantar... Vamos.

+++

Por su parte, Mariángela cenaba con Facundo en un exclusivo restaurante de la ciudad.

—Gracias por aceptar mi invitación, Mariángela...

—De nada, Facundo, ha sido un placer.

—Te va a encantar el lugar, el filet mignon de aquí es excelente.

El mesero se acercó a ofrecer la carta de vinos y Facundo, por cortesía hacia su acompañante, encargó una botella chilena.

—¿Has estado en Chile, Facundo?

—Algunas veces... Estuve en Quilpué, un lugar muy acogedor.

En ese instante el teléfono celular de Facundo comenzó a sonar insistente. Él pretendió ignorarlo.

—¿No vas a contestar? —preguntó Mariángela.

—No debe ser nada importante...

—¿Y si lo es?

—Está bien.

Facundo contestó con evidente nerviosismo.

—¿Aló?

—¡Aló, amorcito! —exclamó la voz de Carolina Estévez al otro lado del auricular—. ¡Al fin contestas!


—Hola —respondió él en tono helado—. En este momento estoy muy ocupado en una reunión. Gracias.

Y cortó la llamada de inmediato.

—¿Quién era? —quiso saber Mariángela.

—Nadie importante... ¿En qué íbamos?

—Me hablabas de Quilpué... Pero un momento, Facundo, tú me estás ocultando algo, ¿verdad?

—¿De qué hablas?

—La persona que llamó es tu esposa, ¿no?

—Yo no soy casado.

—Entonces es tu novia. Conozco muy bien esos juegos y conmigo no van.

Mariángela amagó con ponerse de pie, pero él le tomó la mano.

—¡Espera! Sí... es cierto, tengo novia.

—¡Lo sabía! Me voy. Fue un gusto haber cenado contigo.

—Mariángela, no te hagas la inocente. Tú aceptaste venir conmigo.

—Sí, acepté porque no sabía que tenías un compromiso, pero ahora lo sé.

El mesero se acercó a la mesa a servir los platos humeantes. Mariángela observó la cena y decidió quedarse a comer.

+++

Al terminar, Facundo la llevó de regreso en su auto hasta la casa de Marita.

—Gracias por la cita, Facundo.

—Gracias a ti, y disculpa por no haber sido transparente desde el principio.

—No te preocupes. Fue un placer conversar.

—Espero que nos volvamos a ver.

—Nos veremos... pero como amigos.

—Está bien... Amigos.

Se miraron fijamente a los ojos durante un largo silencio, conteniendo el impulso de darse un beso.

+++

Más tarde, Facundo llegó a su apartamento y se encontró de frente con Carolina Estévez, quien lo esperaba cruzada de brazos y con la mirada ardiendo de celos.


—¿Carolina? —exclamó Facundo sorprendido—. ¿Qué haces aquí?

—¡Dímelo tú! —exclamó ella acercándose—. ¡¿Por qué me colgaste el teléfono y me hablaste tan distante?! ¿Acaso estabas con otra?

—No digas eso, por favor... Tú sabes que eres todo para mí —dijo él, intentando calmarla mientras comenzaba a besarle los hombros.

—Estás raro, Facundo... Y me voy a enterar de la verdad, porque si me estás engañando con otra, ¡me la vas a pagar cara!

—No, mi vida, eres la única... Ven, vamos a darnos un baño de burbujas, ¿qué dices?

—Esta bien... ¿Y tu hija dónde está?

—Durmiendo, tiene el sueño muy profundo...

Carolina cedió y ambos se sumergieron en la tina, entre espuma y caricias... sin sospechar que, muy dentro de sí, Facundo ya comenzaba a enamorarse perdidamente de Mariángela.

(Tema de cierre dramático: "Caraluna" – Bacilos)

CONTINUARÁ...

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