CAPÍTULO 5: AMORES POR ACCIDENTE


CAPÍTULO 5: AMORES POR ACCIDENTE

Gisela estaba dichosa en casa de Karina. Sobre todo cuando se enteró de que la vecina de esta conocía a Facundo Altamirano, el hombre que ella aseguraba que era su padre. Sin dudarlo, pensó en utilizar a Karina para acercarse a él.

—Dime, Karina —preguntó Gisela—, ¿cómo es el señor Altamirano?

—Es buen mozo e interesante, aunque siempre anda muy enojado.

—¿Y es casado?

—Desafortunadamente no. Actualmente es uno de los solteros más codiciados del país... Pero no hablemos de ese señor, por favor. Mejor hablemos de ti. Cuéntame sobre tu familia en Perú... ¿Qué dice tu mamá de que hayas viajado a Colombia?

—Mi mamá falleció hace poco.

—Oh, perdóname —respondió Karina, intentando consolarla—. Pero... ¿y tu papá?

—A mi padre... nunca lo conocí. Pero sé que vive aquí en Colombia.

—¿Buscas a tu padre? Bueno, ¿sabes cómo se llama?

Gisela lo pensó un momento, pero la mirada dulce de Karina le inspiró confianza y decidió confesarle la verdad:

—Mi padre es... Facundo Altamirano.

—¡Ya, por favor! —respondió Karina, incrédula—. ¿A poco crees que voy a caer en eso?

—Sabía que no me ibas a creer, pero bueno, no importa...

—¿Qué te parece si vemos un poco de televisión?

Karina y Gisela se dirigieron a la sala y encendieron el televisor. Como no encontraron nada interesante, sintonizaron la radio y comenzó a sonar una pegajosa canción pop, "Bum Bum" del grupo Escarcha.


—¡Ay, cómo me fascina esa música! —exclamó Karina—. No sé si te lo dije antes, pero ¡mi sueño es ser una cantante pop como Britney Spears o Christina Aguilera!

Karina comenzó a bailar y cantar al ritmo de la música, mientras Gisela la observaba con una sonrisa complaciente.

(Tema de Karina: "La oportunidad"Escarcha)

+++

Mientras tanto, Facundo se encontraba en su despacho analizando unas cuentas. De pronto, la nostalgia lo invadió. Abrió un cajón de su escritorio y sacó una fotografía que guardaba celosamente bajo llave. La muchacha del retrato era increíblemente parecida a Gisela. Facundo acarició la imagen con profunda melancolía.

En ese momento, la puerta se abrió e ingresó Marita, su secretaria.

—Jefe... —dijo Marita.

Facundo escondió la fotografía a toda prisa.

—Disculpe, señorita Marita, ¿no le han dicho que debe tocar la puerta antes de entrar? ¡Qué tal si estuviera atendiendo algo importante!

—Perdone, señor, pero tiene una llamada urgente... Es su sobrino, que llama desde Miami.

—¡Ese flojo! —exclamó Facundo—. ¡Seguro llama para pedir dinero otra vez! Marita, dígale que estoy en una junta urgente. ¡No quiero hablar con él!

—Está bien, señor Altamirano —respondió Marita, cabizbaja. De pronto, notó la foto sobre el escritorio y se atrevió a preguntar—: Señor Altamirano, disculpe la molestia, ¿quién es ella? ¿Es la muchacha peruana de la que me platicó la otra vez?

—Sí... es ella.

—Es muy bonita.

—Marita, ¿no tiene trabajo pendiente en este momento?

—Oh, sí, disculpe, jefecito... Con permiso.

Marita se retiró. Sin embargo, minutos más tarde volvió para avisarle que el sobrino insistía de manera persistente.

—Está bien —suspiró Facundo—. Paseme la llamada.

Facundo levantó el auricular y su voz se tornó severa:

—¿Aló? Hola, sobrino, ¿cómo va todo por allá? ... ¡Qué! ¡Necesitas dinero! ¿Otra vez? ¡Pero si te envié la semana pasada! ¿En qué te lo estás gastando? ¡De ninguna manera! ¡He trabajado muy duro para ganar este dinero y no toleraré que lo malgastes así!

(Música de tensión: "Skamán" – Batracios)

De repente, Facundo sintió un agudo dolor en el pecho.


—¡Marita! ¡Marita! —alcanzó a gritar.

Marita entró corriendo y él le pidió un vaso con agua. Ella se lo entregó a toda prisa y él sacó una pastilla de su bolsillo para tomársela de inmediato.

—¿Ya se siente mejor, jefecito? —preguntó Marita, preocupada.

—Sí, Marita, gracias.

—Otra vez su sobrino, ¿verdad? ¡Qué desconsiderado!

—Te dije que no me lo pasaras... ¡Uf! Por favor, si vuelve a llamar, dile que no estoy.

—Sí, jefe. Ah, por cierto, me llamó mi amiga chilena... Está cada vez más emocionada por nuestro reencuentro.

—Me alegra escuchar eso... Dile a tu amiga que, aunque no la conozco, le mando saludos.

—¡Ya verá, jefecito! Mariángela es una gran muchacha. ¡Le va a caer muy bien!

(Tema de Facundo y Mariángela: "If I Fell" – Rita Lee)

—Eso lo veremos...

+++

En ese instante, el teléfono volvió a repicar. Marita contestó y anunció:

—Señor Altamirano, es la señorita Carolina Estévez.

Facundo tomó el teléfono con una sonrisa.

—¿Aló? ¡Qui'hubo, Carolina! ¡Cómo has estado!

—Aló, Facundo —respondió Carolina al otro lado de la línea—. Llamaba para saludarte. ¿Cómo va todo por allá?

—Más o menos. Las ventas no han subido mucho...

—Debes tener paciencia —dijo ella en un tono fingido—. La situación económica del país no está fácil.

—¿Ya almorzaste? Quiero invitarte a comer a un lugar que seguro te va a encantar...

—Acepto la invitación, Facundo —contestó en tono coqueto.

—Muy bien. Ahora mismo le pido a mi chofer que me lleve a tu apartamento.

Facundo se despidió y caminó hacia la oficina de su secretaria.

—Marita, avísale a Hamilton que prepare el auto. Voy a salir a almorzar.

—Hamilton no se encuentra en este momento, señor... Tuvo que ir al banco.

—¡Uf, qué mala suerte! Iré en taxi entonces... Marita, ¡llama a la empresa de taxis!

—Sí, señor Altamirano.

(Música de fondo: "A Little Less Conversation" – Elvis Presley vs. JXL)

+++


Marita hizo la llamada y, pocos minutos después, el vehículo se estacionó frente al edificio. Facundo salió de la oficina y abordó el taxi. El conductor era nada más y nada menos que Ricardo, el tío de Karina. Sin sospecharlo, se dirigieron primero al apartamento de Carolina Estévez y luego al restaurante.

—Disculpa por venir a recogerte en taxi, pero tuve que enviar a mi chofer a un trámite urgente...

—No te preocupes —respondió Carolina fingiendo comprensión—. Lo importante es que viniste. ¿A dónde vamos?

—Al "Carbón de Palo". Es un restaurante que te va a fascinar... ¡sirven una carne deliciosa!

—Suena de maravilla... Vámonos.

Al llegar al restaurante, Facundo y Carolina se despidieron del taxista e ingresaron al establecimiento.

+++


Por su parte, Hamilton regresó a la oficina y, al enterarse de que el jefe se había ido en taxi, empezó a renegar.

—¡No puedo creerlo, Marita! —exclamó Hamilton—. ¡Si le dije al jefe que no me demoraba! ¿A dónde se fue?

—Tú sabes cómo es él... Se fue a almorzar al "Carbón de Palo".

Hamilton salió a toda prisa, encendió el vehículo y se dirigió de inmediato al restaurante.

CONTINUARÁ...

Comentarios