CAPITULO 6: AMORES POR ACCIDENTE
Mientras tanto, en el restaurante "Carbón de Palo", Facundo platicaba con la bella y sensual Carolina Estévez de algo mucho más que negocios.
—La respuesta es muy sencilla: una vez, apenas terminé con mi universidad, apliqué para trabajar en una compañía norteamericana y mis jefes me trasladaron para llenar una vacante en Colombia. Después de mucho esfuerzo, logré comprarles la fábrica a mis jefes.
—¿Tienes familia en Bolivia?
—Bueno, mis padres murieron hace poco y mis hermanos estamos esparcidos en el país. Mi hermano mayor, Vladimir, tiene un hijo viviendo en Miami, donde también vive mi hermana Sara.
—¿Y ellos te han visitado aquí en Bogotá?
—Sí, claro, mi hermana Sara vino el año pasado a pasar las fiestas y el que viene seguido es mi sobrino, a quien quiero como a un hijo, aunque solo llama para pedir dinero. Pero, por favor, no hablemos más de mí, ¿por qué mejor no hablamos de ti? ¿Con quién vives? ¿De dónde eres?
—Bueno... nací en Caracas, Venezuela, y vivo por aquí desde hace mucho tiempo. Como a ti, mis padres también murieron hace poco, soy hija única, y ahora vivo sola, pero dispuesta a manejar las empresas de mi padre...
—¿Tienes el asesoramiento de alguien?
—Sí, claro, me asesora una señora que estuvo trabajando mucho tiempo en la empresa y me orienta en todas las decisiones que tengo que tomar.
—Es increíble que tengamos vidas más o menos similares, prácticamente estamos solos aquí en este país.
—Así es —dijo Carolina—. Como si el destino nos hubiera juntado...
En ese momento, vino el mesero a servir la comida. Facundo disfrutaba de la compañía de Carolina; ella estaba más que emocionada...
(Tema musical de fondo: "Complicated" – Avril Lavigne)
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Mientras tanto, en la fábrica, Marita seguía trabajando arduamente, tomándose una aromática para relajar sus nervios, cuando de repente recibió una llamada a larga distancia.
—¿Aló? —dijo Marita—. ¿Quién habla? ... ¡Mariángela! ¡Cómo has estado! ¿Cómo está todo en Chile?
—Bien, gracias, Marita, ya todo está listo para el viaje —respondió Mariángela desde la otra línea.
—¡Qué bueno! ¿Y cómo está tu hermano? ¡Fíjate que mi vecina ya se muere de ganas por conocerlo!
—Yo también tengo muchas ganas de verte, Marita, y conocer tu país.
—Te va a encantar Colombia, es un país de gente chévere y alegre...
—Eso se nota, Marita, gracias por la invitación.
—De nada, dime, ¿ya tienen fecha exacta para el viaje?
—Sí, claro, anota los datos que me dieron en la agencia...
Marita anotó los datos del viaje de Mariángela y se despidieron casi inmediatamente. Después, Marita continuó trabajando.
(Tema musical de fondo: "Kilómetros" – Sin Bandera)
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Finalmente llegó la hora de salida. Marita se despidió de los demás empleados de la empresa y se dirigió a esperar el taxi. En ese momento, Ricardo apreció en su taxi, reconoció a Marita y frenó a un lado.
—¡Qué hubo, Marita! ¿Regresas a casa? Vamos, te llevo.
Marita se subió al taxi de Ricardo, quien decidió no marcar el taxímetro para no cobrarle.
—¡Qué más, Ricardo! ¿Y cómo está el trabajo?
—Está todo bien, nunca faltan pasajeros. Precisamente hoy se subió tu jefe... ¿Cómo dijiste que se llamaba? ¿Garduño?
—Se llama Facundo, no sé cuándo será el día en que te acuerdes bien de él...
—La verdad es que ese tipo de gente no es mi tipo y prefiero ignorarla. Y, ¿cómo está tu hijo?
—Está bien. A ver si pasamos por la guardería para recogerlo.
—Claro —dijo Ricardo—, no faltaba más.
—¿Y cómo está tu familia, Ricardo?
—Bien, gracias. Te cuento que hoy nos llegó una visita inesperada desde el Perú...
—¿Una visita inesperada? No sabía que tuvieras familiares en el Perú.
—Era una muchacha algo extraña... buscaba a tu jefe con insistencia, yo la llevé a la fábrica pero no la dejaron entrar. Me dio lástima la muchacha así que decidí llevarla a casa por hospedaje...
—¡Tú siempre ayudando a la gente! ¡Nunca vas a cambiar!
—Así es, me compadecí de ella...
—Seguro debe ser muy bonita...
—Hummm... es graciosa. Se la presenté a Karina, ella es buena anfitriona...
—Pero cuidado, Ricardo, sabes que no es bueno traer extraños a la casa...
—¡Bah! ¡Esa muchacha es completamente inofensiva!
—Bueno, Ricardo, no me digas que no te advertí...
(Tema musical de fondo: "Una canción" – Los de Adentro)
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Mientras tanto, Karina se divertía con Gisela, la huésped inesperada. Se fueron a un centro comercial a ver tiendas y tomar helados.
—La verdad es que me alegra que hayas venido aquí, Gisela, eres buena compañía.
—Gracias a usted por darme hospedaje en su casa.
—Nosotros somos así, hospitalarios, eso es costumbre de mi tío Ricardo, siempre le gusta ayudar a toda la gente. Figúrate que una vez hospedamos a un grupo de músicos de tu país. Tocaban música andina y... ¡no te imaginas lo lindo que tocaban! Bueno, se está haciendo tarde, vamos a esperar la buseta para regresar a casa... mi tía Etelvina ya debe estar allá.
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Karina y Gisela se dirigieron a la estación a tomar la buseta. Luego de un viaje algo apretados, llegaron a la casa, donde las recibió la tía Etelvina.
—¡Qué dice nuestra visita del Perú! —dijo la tía—. No tardan en venir mis hijos. Siéntense, que acabo de preparar unas arepitas con queso. Pero primero lávense las manos...
—Sí, tía Etelvina —dijo Karina—. Vamos, Gisela, a lavarnos las manos...
En ese momento llegaron Ricardo junto con Marita y su hijo.
—¡Ricardo, hijo! ¡Cómo estás! ¡Vienes temprano!
—Hola, mamá —dijo Ricardo a Etelvina—. Vine un rato con Marita y su hijo. Ella quiere conocer a Gisela.
—Hola, Marita, pero por favor pasen, pasen, les hice unas arepitas para ustedes y el chino... claro.
—¡Qué rico! —dijo Marita—. ¡Gracias Doña Etelvina!
Marita, el niño y Ricardo ingresaron a la sala. En ese momento, Gisela y Karina regresaron tras lavarse las manos.
—Marita —dijo la tía Etelvina—, quiero presentarte a Gisela, nuestra visita que llegó de Perú.
Marita sintió una extraña sensación al conocer a Gisela, como si la hubiera visto en alguna parte antes...
(Tema musical de cierre: "Sin miedo a caer" – Anasol)
CONTINUARÁ...



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