CAPÍTULO 16: AMORES POR ACCIDENTE

CAPÍTULO 16: AMORES POR ACCIDENTE

Mariangela no podía creerlo, pues Facundo le pidió que fuera su gerente de ventas tras conocer el currículum que le recomendó Marita, la fiel secretaria de Facundo. Entonces, al llegar a su casa, Mariangela se lo comentó a su hermano Christian:

—Hermano... acabo de conseguir un trabajo aquí —dijo Mariangela.

—¿Perdón, hermana? —dijo Christian—. ¿Estás hablando en serio?

—Así es... todo sucedió tan de repente que aun no puedo creerlo. Resulta que Facundo, el jefe de Marita, buscaba una gerente de ventas y, bueno, Marita me recomendó. Así que aquí tienes a la nueva gerente de ventas de la empresa.

—¿Tú, gerente de ventas? —exclamó estupefacto—. ¿Y en un país que apenas conoces? A mí se me hace que todo esto lo haces para estar cerca de Facundo...

—No, Christian —exclamó Mariangela—. Yo acepté porque la oportunidad se presentó y no la desaproveché. Además, Facundo es mi jefe y lo respeto, y él ya tiene su compromiso.

—Y entonces, ¿por qué llamas a tu jefe por su nombre y no «señor Altamirano»?

—Bueno, me cae bien y nos tenemos mucha confianza...

—Demasiada, creo yo...

—Bueno, Christian, allá tú con tus intrigas, pero mi relación con Facundo es estrictamente profesional. Yo no soy como tú, que te pasas jugando con los sentimientos de la gente.

—¿A qué te refieres, hermanita?

—A que estás jugando con los sentimientos de Karina y de Fátima, haciéndolas sentir muy ilusionadas cuando en realidad solo juegas con ellas.

—¿Jugando con ellas? ¡Por favor, hermana! ¡Lo que sucede es que las dos me vuelven loco! Pero a Fátima la tengo muy lejos de aquí, en cambio Karina está muy cerquita... además, la pobrecita de Karina se muere loca por mí.

—Bueno, allá tú con tu enredo. Respeto tu decisión, pero no la comparto. Más bien, tenemos que dormirnos ya, que mañana hay que trabajar.

—¿Perdón, hermana? —dijo impresionado—. ¿Dijiste «tenemos que trabajar»?

—Claro que sí, Christian, yo le pedí a mi jefe que te consiguiera un trabajo... ¡Ánimo, así vas a ganar mucha plata y le podrás comprar lindas cosas a Karina! Además, lo estuve pensando muy bien: ¿qué vamos a hacer de regreso a Chile si ni siquiera tenemos trabajo? Nuestros padres ya no están con nosotros y creo que sería bueno probar suerte en Colombia; hasta el momento, la gente ha sido de lo más simpática.

—Pé... pero... ¿Yo, trabajar?

—Así es, hermano, vas a trabajar conmigo en la empresa de Facundo... ¡Y no hay más que hablar!

+++

En ese momento tocaron a la puerta y Mariangela se dirigió a abrir. Era Ricardo, el vecino...

—Hola, Ricardo, ¿cómo estás? —dijo Mariangela—. ¿Tienes algún recado de Karina?

—No, Mariangela, más bien venía a hacerte una visita...

Christian hizo una discreta expresión de extrañeza.

—Gracias, Ricardo, vienes en el momento indicado. Te quería pedir un favor: si aceptarías trabajar como mi chofer. Es que he conseguido empleo y necesito a alguien que conozca bien la ciudad para que nos movilice... claro, si no es ninguna molestia...

—¿Molestia? ¡De ninguna manera! ¡Claro que acepto! La verdad es que la situación está muy difícil como taxista, ya casi no recibo pasajeros. De todos modos, ¡ya quería renunciar! ¡Sí, Mariangela, claro que acepto!

—¡Perfecto, Ricardito! Empezamos mañana para que me lleves a trabajar. Tengo que estar allá a las siete y media en punto...

—Allí estaré puntual, Mariangela —dijo Ricardo, mirándola con ternura y abrazándola fuertemente.

Ricardo se retiró contento de la casa, y Christian, nuevamente, le habló a su hermana:

—¡Ajá! Con que «Ricardito», ¿no? ¡Parece que todo quedará en familia! ¡Yo me quedo con la sobrina y tú con el tío!

—¡Ya, poh! —dijo Mariangela—. No seas malpensado, que no te queda. Ricardo es solo un buen amigo...

—Pues no creas que no me he percatado de las miradas que te hacía el tal Ricardo...

Mariangela y Christian se dirigieron a dormir. Mañana era el comienzo de una nueva faena en la empresa de Facundo.

+++

Esa noche, Christian tuvo un sueño con Gisela, la muchacha que conoció y con la que bailó la otra noche en la discoteca. Soñaba que bailaban muy apretados, olvidándose de todos los demás. Por su parte, curiosamente, Gisela tuvo el mismo sueño de placer, como si estuvieran conectados.

+++

Al día siguiente, Gisela tomó desayuno con su padre, Facundo:

—¿Cómo has dormido, hijita? —preguntó Facundo.

—¡Maravilloso, papá! ¡Ayer soñé con ese chico tan lindo que conocí en la discoteca!

—¿Ah, sí? ¿El que me platicaste la otra vez? ¿Y lo has vuelto a ver?

—Bueno, una vez lo vi en la calle, pero de ahí no lo he vuelto a cruzar... ¡Y la verdad es que me gusta mucho!

—Cuidado, hija, hay mucho sinvergüenza que te puede hacer daño...

—No te preocupes, papá, yo me sé cuidar.

—Bueno, hija, apúrate a tomar el desayuno, que tenemos que ir a trabajar...

—¿Es necesario que, después de tanto tiempo, vaya a trabajar?

—Así es, Gisela. Ya te has divertido bastante, así que llegó el momento de que conozcas y te familiarices con la empresa...

—Está bien, papá.

—Gracias, Gisela... ¿Sabes? Fue un gusto habernos encontrado. Si tan solo hubiera sabido antes lo del embarazo de tu madre, entonces todo habría sido diferente...

—Así es, papá.

Facundo le dio un beso en la frente a Gisela. En ese momento apareció Hamilton, el chofer, para llevarlos juntos a la empresa. Mientras tanto, Mariangela también se disponía a marchar al trabajo en compañía de su hermano Christian y de Marita.

+++

En la empresa, las vendedoras tomaban café mientras seguían impactadas por la repentina decisión de contratar a Mariangela, una completa desconocida, como la nueva gerente de ventas.

—Hoy se supone que va a venir la nueva gerente de ventas... —comentó una de las vendedoras.

—Así es —dijo otra compañera—. Espero que nos vaya bien con ella. Parece muy buena persona.

—¡Bah! —exclamó Celmira—. No sé qué le pasa a nuestro jefe... ¡Cada vez comete más tonterías! Fíjense que contratar a una mujer sin revisarle los antecedentes curriculares deja en evidencia que se ha dejado influenciar por la tal Marita, ¡que lo tiene completamente embobado!

En ese instante apareció Facundo junto a su hija Gisela:

—Buenos días —saludó Facundo—. Les presento a mi hija Gisela...

Las empleadas saludaron afectuosamente a la joven.

—¿Su hija, don Facundo? —saltó Celmira—. ¡Pero si usted no tiene hijos!

—Bueno, eso era lo que yo pensaba —respondió Facundo—, pero ya ven, soy el padre de una hermosa hija, ¡mi gran orgullo!

Celmira miraba con suspicacia a Gisela, mientras Facundo se dirigía a una de las vendedoras:

—Por favor, lleva a mi hija a que conozca la fábrica...

—Sí, claro, don Facundo —contestó ella, retirándose de la sala de ventas en compañía de Gisela.

—Muy simpática su hija, jefe —comentó una de las vendedoras—. Lo felicito.

—Gracias.

En ese preciso instante apareció Mariangela junto a Christian. Al ver a Mariangela, Facundo se emocionó visiblemente; ella tampoco pudo ocultar su fascinación por él.

—¡Mariangela! —exclamó Facundo—. ¡Qué bueno que llegas!

—Gracias, Facundo. Aquí te presento a mi hermano Christian.

Christian estrechó la mano de Facundo cordialmente.

—¡Perfecto! —dijo Facundo—. Tú ayudarás en la bodega. Anda con las compañeras para que te entreguen tu uniforme y te muestren cuáles serán tus labores...

Christian, poco entusiasmado con el trabajo pero mirando de reojo a las compañeras, se encaminó hacia la planta. Por otro lado:

—¡Jefe! —exclamó Celmira indignada—. ¿Ya pensó dónde va a ubicar a la señorita García?

—Así es, Celmira... —respondió Facundo—. Mariangela ocupará tu oficina.

—¿Mi oficina? ¡No lo puedo creer!

—Sí, puedes creerlo, es lo lógico. Esa oficina corresponde a la gerencia de ventas y Mariangela es quien ostenta el cargo...

—¡Esto es una infamia! Y yo, ¿dónde voy a trabajar?

—Aquí en el salón de ventas, junto con los demás vendedores, por supuesto.

—Usted ha cambiado mucho, Facundo...

—Lo que pasa es que recién he abierto los ojos.

Celmira se retiró frustrada y echandochispas. Al pasar junto a Mariangela, le lanzó una advertencia:

—¡Ni crea que se va a salir con la suya, Mariangela García! ¡Usted no sabe de lo que soy capaz! No sé con qué encantos logró convencer al jefe, pero a mí no me va a camelar...

—Mire, Celmira... ¿así se llama, no? —respondió Mariangela con firmeza—. Quiero dejarle claro que yo solo obedezco las órdenes del jefe, que es Facundo, y si confió en mí fue por mis propios méritos. Además, yo soy su superior y ¡exijo respeto!

Celmira se quedó callada y se alejó muy enfurecida. En ese momento se acercó Marita para advertirle a la nueva gerente:

—Tienes que tener mucho cuidado con Celmira, Mariangela. Es una mujer peligrosa...

—¿Por qué me tiene tanta rabia? ¿Quién es ella?

—Fue la gerente de ventas durante mucho tiempo y la mano derecha del jefe. No te imaginas cuánto la ayudó Facundo económicamente: le compró casa, carro y le pagó los estudios a su hija. ¿Y cómo le paga? Hablando mal de él a sus espaldas y haciendo negocios con la competencia. Yo misma descubrí sus chanchullos, ¡y por eso esa señora me odia!

—Entonces, ¿por qué no la despide?

—Porque su liquidación es muy alta y la empresa no está para esos trotes ahora mismo. Así que toca dejarla tranquila y aguantar su presencia, aunque resulte de lo más desagradable.

—Gracias por advertirme, Marita. Sí, tendré mucho cuidado con ella.

En ese instante hizo su entrada la señorita Carolina Estévez:

—¡Hola! —dijo en un tono coqueto y estirado—. ¿Han visto a Facundo por ahí?

—Sí, señorita Estévez —respondió Marita—. El jefe está en su despacho. Aprovecho para presentarle a Mariangela García, la nueva gerente de ventas... Mariangela, ella es la señorita Carolina Estévez, la novia del jefe.

Carolina la miró con absoluto desprecio, le dio la mano por mera formalidad y se internó directamente en la oficina de Facundo.

Mientras tanto, en la planta baja, una de las vendedoras continuaba guiando a Christian en el recorrido por la fábrica. El muchacho avanzaba con desánimo hasta que, de repente, sus ojos se desviaron hacia una figura que acababa de aparecer... ¿Sería real lo que estaba viendo? ¡Era Gisela, la chica que había conocido en la discoteca! Gisela también reconoció a Christian al instante, y ambos celebraron con alegría el reencuentro.

CONTINUARÁ...

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