CAPÍTULO 18: AMORES POR ACCIDENTE
Mariangela reconoció ante su amiga Marita que se estaba enamorando de Facundo.
—¿Estás segura? —preguntó Marita.—Así es, Marita. Desde que lo vi por primera vez, me di cuenta de que lo amaba. Pero, lamentablemente, él ya tiene su compromiso.
—No tienes nada que temer, Mariangela. Estoy segura de que Facundo no quiere a la señorita Carolina Estévez; tan solo está impresionado con ella... pero lo que siente no es amor.
—¿Cómo estás tan segura de lo que dices?
—Tantos años trabajando para él me han servido para conocer todo lo que piensa, y sé que Facundo también siente algo por ti.
—Dios te oiga, Marita...
—Así es, Mariangela.
+++
Mientras tanto, Facundo se encontraba acostado en su cama, pensativo, mientras su novia, la señorita Carolina Estévez, estaba semidesnuda haciéndole besitos y caricias.
—Amorcito —dijo Carolina—, ¿estás pensando en tu hija? Tranquila, ella está bien... ¿no que está con Hamilton?—Cuando se es padre, uno nunca deja de preocuparse por sus hijos...
—Vamos, amorcito —añadió mientras le hacía masajes en el hombro—, debes relajarte y estar tranquilo.
Entonces, ella juntó sus labios y lo besó. Facundo cerró los ojos y ambos se besaron apasionadamente.
—Te quiero mucho, Facundo.
—Yo también te quiero... Mariangela —respondió él.
En ese momento, Carolina Estévez se indignó por completo:
—¡Un momento! —exclamó—. ¡Qué te pasa, ah! ¡Yo soy Carolina, no me llamo Mariangela!
Facundo comenzó a ponerse nervioso:—Perdón, mi amor, fue solo un error... claro que quería decir Carolina.
—¡Mientes! ¡Dime quién es esa Mariangela! ¡Acaso la conozco! ¡Dime!
—Bueno, así se llama la nueva gerente de ventas...
—¡No puedo creerlo! ¡Tú me estás engañando con la nueva gerente de ventas!
—No te estoy engañando con nadie, Carolina, solo fue un lapsus con el nombre.
—¡Uno no comete esas equivocaciones así como así! ¡Mejor me voy!
—Carolina, mi vida, por favor, déjame explicarte...
—¡No me expliques nada! ¡No me vuelvas a hablar en tu vida! ¡Ah, y puedes olvidarte de nuestro contrato! ¡No pienso trabajar con falsos como tú!
Carolina se vistió rápidamente y se retiró del cuarto y del apartamento de Facundo. Por su parte, él se quedó pensativo, miró el teléfono y decidió llamar a alguien:
—¿Aló? ¿Se encuentra Mariangela, por favor? —dijo al contestarle al otro lado de la línea.
—Aquí está —respondió Marita—. ¿Quién la busca?
—Dígale que es Facundo, su jefe.
—¡Jefecito! —exclamó Marita—. ¡Ya ni saluda!
—Disculpa, Marita —contestó Facundo—, no te reconocí la voz.
—No se preocupe, aquí le paso a Mariangela.
Marita le entregó el auricular a Mariangela.—¿Aló? ¡Facundo! —exclamó ella, contenta.
—Hola, Mariangela, ¿cómo has estado?
—Yo he estado bien, poh.
—Me alegra escuchar eso. Solo llamaba para decirte que yo estaría dispuesto a ayudarte en lo que necesites...
—Gracias, Facundo, eres muy amable conmigo.
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Facundo colgó el teléfono y se quedó pensativo, dándole vueltas a la imagen de Mariangela. Mientras tanto, ella le comentaba la llamada a Marita:
—¡No puedo creerlo, Marita! ¡Me llamó Facundo!
—Eso quiere decir que él también te quiere a ti, Mariangela. ¡Aprovecha, pues!
—¿Tú crees que valga la pena?
—¡Claro que sí, Mariangela! ¡Qué mejor prueba de amor quieres!
—¿Y su novia?
—¡Bah! ¡El jefe va a mandar a esa señorita de patadas a la calle!
—Mmm... está bien, Marita, voy a luchar por el amor de Facundo.
—¡Así se habla, Mariangela!
Marita abrazó fuertemente a su amiga.
+++
Mientras tanto, en una discoteca se encontraban Gisela, la hija de Facundo, junto con su amiga Karina, Caty, su chofer Hamilton y, por supuesto, Christian.
—Permiso —dijo Karina abrazando a Christian—, tengo que ir un rato al baño de damas...—Sigue no más, mi amor —respondió Christian dándole un beso.
Karina se retiró rumbo al tocador, dejando al resto solos. En ese instante comenzó a sonar el tema Caraluna del grupo Bacilos, la misma canción con la que Christian y Gisela se habían conocido. Ambos se miraron fijamente a los ojos sin decir una sola palabra, mientras Caty los observaba con actitud sospechosa.
—Gisela, ¿quisieras bailar esta pieza conmigo? —preguntó Christian.
—Por supuesto —respondió ella con una sonrisa.
Christian la tomó del brazo y juntos se dispusieron a bailar al ritmo de la música.
Por su parte, Caty se acercó a hablar con Hamilton:
—¿Así que ahora estás de chofer y escolta de la señorita Gisela? —inquirió Caty.—Así es —respondió él—. La ciudad está llena de peligros y mi jefe me pidió el favor de cuidar a su hijita.
—Se ve contenta a Gisela, ¿no?
—Eso parece. Se lleva muy bien con la señorita Karina; se han hecho muy buenas amigas.
—¿Y cómo es tu relación con la señorita Gisela?
—Muy buena. A decir verdad, al principio dudaba si realmente era hija de don Facundo, pero cada día que pasa me convengo más de que sí lo es.
—¿Cómo que dudabas?
—Es que la señorita apareció de la nada alegando que era hija del jefe. Claro que al principio no le creíamos, pero tras la prueba de ADN nos convencimos de que decía la verdad. Su madre había tenido una relación con el jefe hace mucho tiempo, y de ahí nació Gisela.
—Qué interesante historia... Oye, está sonando mi canción favorita, ¿bailamos?
—Mmm... está bien, pero bailemos cerca de la señorita Gisela para poder vigilarla mejor...
—De acuerdo —dijo Caty, jalándole del brazo.
Ambos se dirigieron a la pista de baile.
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Mientras tanto, Christian y Gisela seguían bailando muy acaramelados al compás de la música.
—Otra vez nos encontramos, ¿no es así, Gisela?—Así es, pero por favor, no te acerques tanto...
—Pero ¿qué tiene de malo? Es rico bailar así...
—Karina puede venir en cualquier momento.
—¿Y qué? ¿Qué podría pasar?
—Karina es tu enamorada, pues.
—Eso no resuelve nada.
—¿Cómo que nada? Karina ha sido una buena amiga y no quiero que piense que le estoy quitando al novio.
—No va a pensar nada... podemos mantener todo en secreto...
Christian la abrazó con todas sus fuerzas, pero ella se soltó rápidamente y le propinó una tremenda bofetada: ¡PUM!
—Pé... pero, ¿qué te pasa?
—¡Cuidado con pasarte de listo!
—Discúmpame, Gisela, creo que tienes razón... pero es que cuando te miro siento una sensación imperterrita en el corazón que me carcome, me atormenta y no me deja tranquilo.
—Pues más te vale controlar tus sentimientos.
+++
Caty, que había escuchado toda la conversación, se dirigió rápidamente hacia la puerta del tocador, donde Karina aún se encontraba adentro.
—¡Caty! —exclamó Karina al verla—. ¿Qué pasa?
—Karina, tú eres mi amiga y creo que, en nombre de nuestra amistad, tienes que saber algo...
—Pé... pero ¿qué sucede, Caty?
—Se trata de esa chica llamada Gisela... creo que deberías cuidarte de ella.
—¿Por qué?
—La acabo de ver bailando con tu novio...
—¿Y eso qué tiene de malo?
—Bailaban demasiado apretados... y se hacían unas miradas demasiado comprometedoras. Pero por favor, no le digas a nadie que fui yo quien te lo dijo.
—Está bien, Caty. Gracias, amiga mía.
Karina salió del tocador y se dirigió a la barra para encarar a Gisela:—Gisela, ¿pasa algo con mi novio?
—No pasa nada con tu novio, Karina. ¿Por qué lo preguntas?
—Por nada. Pero ¡cuidado con que me entere de que te estás metiendo con él! ¡Christian es mío y de nadie más!
—Tranquila, Karina, yo no sería capaz de traicionarte de esa manera. No te niego que Christian es un muchacho buenmozo, pero jamás me metería en tu relación.
En ese instante, Christian notó la expresión sarcástica de Caty, quien presenciaba la escena, y la arrastró hasta un rincón para reclamarle:
—Dime, Caty, ¿qué cosas le has estado diciendo a Karina para que se ponga así con Gisela?
—Nada, Christian, solo le aconsejé que tuviera cuidado con Gisela... y contigo. Vi muy bien cómo se miraban mientras Karina estaba en el baño; se nota que se gustan mucho. Pero ojo, que Karina es muy celosa y no sabes de lo que es capaz si se entera de tu traición.
—Pues no cantes victoria, porque tú también estás jugando sucio con ella...
—¿Ah, sí? Pues para que te enteres, Karina me tiene mucha confianza y cree todo lo que le digo.
—¡Eres una mujer de lo peor! —exclamó Christian, con intenciones de abofetearla.
—¿Ah, sí? ¡Gítame y le diré a todo el mundo que intentaste agredirme!
Christian se controló, la dejó sola y se retiró de su vista, comprendiendo por fin que se había metido en un grave aprieto.
CONTINUARÁ...







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