CAPÍTULO 19: AMORES POR ACCIDENTE

CAPÍTULO 19: AMORES POR ACCIDENTE

En la discoteca, Christian se quedó pensativo tras la conversación que sostuvo con Caty, quien lo retó con contarle a Karina sobre su supuesto romance con Gisela, todo para ocultar el amorío que ella misma mantenía con él.

—Caty, por favor, dime una cosa: ¿acaso lo que vivimos significa algo? —preguntó.

Caty esbozó una sonrisa pícara y le dio un atrevido beso en la boca.

—Claro que no significa para nada... significa para todo —respondió—. Pero cuidado con engañarme con esa Gisela.

—¡Pero no es justo que Gisela y Karina se peleen por algo que no es verdad!

—¿Ah, sí? Alguien tiene que pagar los platos rotos. A Karina le dolería mucho enterarse de lo nuestro, pero le dolería poquito enterarse de tu supuesto romance con Gisela.

En ese momento se acercó Karina.

—¿Qué están haciendo los dos aquí solos?

—Nada, Karina —dijo Caty cambiando de semblante—. Solo conversaba con tu noviecito sobre la linda pareja que hacen. A propósito, ¿para cuándo es la boda?

—¿Boda? —preguntó Christian atónito.

—Sí, claro, porque los compromisos con Karina son serios —respondió Caty.

—Vamos, Christian —intervino Karina—. Caty solo bromeaba. Soy muy joven para casarme.

—Ay, Karinita —añadió Caty—. Nunca es ni muy tarde ni muy temprano para casarse. Mira lo que pasó con mi tía Jacinta: por esperar tanto, ¡se quedó soltera!

—Primero quisiera ser alguien en la vida —dijo Karina—. Pero mejor, ¿por qué no vamos a la pista de baile? Estamos muy retirados del gentío.

—Sí, claro, mi amor —dijo Christian abrazándola, mientras Caty, con total discreción, le enviaba un beso volado que lo incomodó profundamente.

Por su parte, Gisela conversaba con su chofer, Hamilton.

—¿Se está divirtiendo mucho, señorita Gisela?

—Así es, Hamilton. Gracias por cuidarme.

—De nada, es mi deber, además de que tengo un compromiso con su padre.

—A propósito, Hamilton, ¿cuántos años lleva al servicio de mi padre?

—¡Uf! ¡Hace mucho que perdí la cuenta! Eso fue después de que dejé de trabajar para la policía de investigaciones...

—¿Fue investigador?

—Así es, pero tuve que salirme porque era un oficio muy riesgoso y cruel. Un día estás aquí y al siguiente... quién sabe. Mire, tengo tres cicatrices en la pierna por disparos en enfrentamientos con delincuentes.

Hamilton le mostró las marcas a Gisela. En ese instante llegaron Karina y Christian.

—¡Gisela! —exclamó Karina—. ¿Qué haces ahí? ¡Vamos a divertirnos, que la vida es una!

—Sí, claro. Hamilton me contaba que trabajó en la policía de investigaciones —comentó Gisela.

—Oh, qué bien —respondió Karina—. Debe ser un trabajo muy riesgoso. Hoy estás aquí y mañana... quién sabe.

Nuevamente sonó el tema Caraluna de Bacilos. Christian y Gisela volvieron a mirarse con cierta discreción.

—¡Ay, amorcito! —dijo Karina—. ¡Está sonando mi canción favorita! ¿Bailamos?

—Está bien, Gisela...

Karina reaccionó impresionada.

—Perdón, ¿me llamaste Gisela? ¡Mi nombre es Karina!

—Disculpa, Karina, me confundí. Pensé que era Gisela quien me lo pedía.

Karina recordó las advertencias de Caty, pero decidió guardar la compostura y sacó a bailar a su novio. A pocos metros, Hamilton continuaba conversando con Gisela.

—Señorita Gisela, a usted le gusta el novio de su amiga, ¿no es así?

—Pero... ¿cómo puedes decir eso, Hamilton?

—Estuve observándolos. Las expresiones en sus rostros dejan ver que se atraen.

—Sí, pero es inútil. Christian es el novio de mi amiga.

—Entonces acepta que siente algo por él.

—Desde que lo conocí por primera vez... —respondió ella suspirando con fascinación.

Mientras tanto, Christian bailaba con Karina, pero en su interior imaginaba que sostenía a Gisela entre sus brazos. Al terminar la pieza, Karina le confesó su cariño:

—Te quiero mucho, Christian.

—Yo también te quiero... Gisela —respondió distraído.

Karina se apartó desconcertada.

—¡Christian! ¡Me volviste a llamar Gisela!

—¡Ups! —exclamó él al notar su error—. ¡Discúlpame, lo volví a hacer!

—Dime la verdad, ¿estás demasiado entusiasmado con mi amiga?

—Es una muchacha simpática e interesante... pero a quien quiero es a ti, amorcito.

Christian comenzó a besarle el brazo y el cuello.

—Es que... no me gustaría que me engañaras —murmuró ella—. Eso me dolería mucho.

—No te preocupes, mi amor, mi vida es toda tuya.

En ese instante, Christian divisó a Caty, quien lo observaba con una mirada sarcástica. Para disimular, abrazó fuertemente a Karina, acarició sus mejillas y le dijo:

—Nunca te han dicho lo bonita que eres, Karina.

—Gracias —respondió ella con una sincera sonrisa antes de besarlo.

Gisela presenció la escena desde la distancia. Una lágrima resbaló por su mejilla al comprender que Christian era un amor imposible, y Hamilton se acercó para ofrecerle consuelo recostándola en su hombro.

+++

Al día siguiente, Facundo se dirigía a su oficina. Todavía pensaba en Mariangela, la nueva gerente de ventas, y albergaba la ilusión de encontrarla.

—Buenos días, Marita —saludó—. ¿Alguna novedad para hoy?

—Ninguna, jefecito —respondió ella—. Solo llamaron de la costa para pedir más mercancía.

—¿Ya llegó Mariangela?

—Sí, claro. Debe estar en su oficina.

En ese momento, Facundo vio a Mariangela caminar hacia ellos y la miró fascinado. A ella se le cayó un bolígrafo y él se apresuró a recogerlo.

—Gracias, señor Altamirano —dijo ella sonriente al recibirlo.

Facundo suspiró.

—De nada, Mariangela.

Ambos se quedaron mirándose fijamente.

—Bueno, permiso, jefe, tengo que hablar con Marita...

—Espera —la detuvo él—. No te vayas todavía, Mariangela... ¿no te han dicho que eres tan hermosa como un ángel?

—Señor Altamirano...

—Dime Facundo, por favor. No sé qué me pasa cuando te veo, pero siento aquí en el pecho una sensación que no me deja en paz. Creo que estoy enamorado de ti.

—Por favor, guarde la compostura, estamos en el horario de trabajo.

—Soy solo un hombre enamorado...

Sin poder contenerse, Facundo la besó intempestivamente, y ella le correspondió. Marita presenció el momento con alegría, aunque no pudo ocultar un dejo de celos, pues también sentía algo por él.

—Espere, jefe... este no es el momento para esto. Venimos a trabajar.

—Entonces, ¿cuándo será el momento, Mariangela? Sé que tú sientes lo mismo, lo acabo de descubrir en este beso. Quiero que seas mi novia...

—Es difícil lo que pide. Usted es mi jefe y yo su empleada; no hay que mezclar lo laboral con lo sentimental. Además, usted tiene un compromiso...

—Lo tenía. Acabo de terminar con Carolina Estévez.

—¡Oh, cuánto lo siento!

—No te preocupes, no la quería como te quiero a ti.

—Ejem —interrumpió Mariangela—, con su permiso, debo seguir trabajando.

Se retiró de inmediato y se encerró en su despacho, donde rompió en llanto al reconocer que también amaba a su jefe.

+++

Poco después, Marita le avisó a Facundo que tenía una visita y salió a conversar con Mariangela.

—¿Pasó algo con el jefe?

—¡Me quiere, Marita, me quiere! —exclamó ella abrazándola con alegría—. ¡Y yo también lo quiero!

—Qué bien, te felicito —respondió la secretaria con desánimo.

—No te noto muy contenta. ¿Te pasa algo?

—Nada, solo comprendí que me he enamorado de un imposible...

—No me digas que tú... ¿estás enamorada del jefe?

—Así es, amiga, lo amo en secreto.

—¡Ay, cuánto lo siento!

Mariangela abrazó con fuerza a su amiga.

+++

Por su parte, Facundo recibió en su oficina a Carolina Estévez, quien lo sorprendió con su actitud.

—Hola, Facundo —dijo estrechándole la mano—. ¿No te alegra verme?

—Perdona, Carolina, no pensé que vendrías después de lo ocurrido anoche.

—Tenemos un trato de negocios por cumplir. No hay que mezclar las cosas del corazón con la oficina.

—Tienes razón, y debo disculparme por lo de anoche...

—Disculpas aceptadas, Facundo.

Él la miró con cierta incomodidad.

—Es una lástima que lo nuestro no funcionara, pero en el corazón no se manda.

—Sí, lo sé —respondió ella con serenidad—. Ahora, por favor, pongámonos a trabajar.

CONTINUARÁ...

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