CAPÍTULO 22: AMORES POR ACCIDENTE
Karina estaba emocionada después de que Gisela le ofreciera trabajo, mientras que Caty las observaba con amargura:
—¡Gracias, Gisela, amiga! —exclamó Karina, abrazando fuertemente a Gisela.
—De nada, Karina —respondió Gisela—. Es lo menos que podía hacer por ti, después de lo bien que te portaste conmigo.
—Disculpen por desanimarlas —intervino Christian—, pero creo que primero hay que comentarlo con el padre de Gisela. Después de todo, él es el jefe.
—Uy, tienes razón, Christian —admitió Karina—. Hay que hablar con don Facundo...
—No se preocupen —aseguró Gisela—. Yo hablaré con mi padre; seguro que no se opondrá en darte un trabajo aquí.
—¿Y me podrían dar un trabajo a mí también? —intervino Caty, mirando de reojo a Christian.
—¿Qué pasó con el empleo que tienes ahora? —preguntó Karina.
—Mi jefe me está hartando —respondió Caty—, además de que la cosa está muy floja. En cambio, aquí... —y volvió a mirar de reojo a Christian—, el panorama es mucho mejor.
—Cuidado, Caty, que Christian es mi novio —bromeó Karina, abrazando afectuosamente al joven—. Y él solo tiene ojos para mí, ¿verdad, amorcito?
—Sí, claro, amor —contestó Christian, esquivando la mirada y observando de reojo a Gisela, quien también sonreía con discreción.
+++
Mientras tanto, en su oficina, Facundo se encontraba reunido con Mariangela cuando apareció Carolina Estévez con una actitud pícara:
—Perdón... ¿interrumpo algo?
Ambos se pusieron visiblemente nerviosos ante la presencia de Carolina.—No, nada —respondió Facundo con algo de susto—. Más bien le estaba pidiendo a Mariangela que me envíe el estado de las correrías de nuestra vendedora en la Costa Atlántica...
—Yo estuve en Cartagena la otra vez —comentó Carolina en tono irónico—. ¡Me pareció de lo más romántico! ¿Has estado en la Costa Atlántica, Mariangela?
—La verdad, no —contestó Mariangela con seriedad—. Solo conozco Bogotá.
—Pues no sabes de lo que te pierdes —añadió Carolina—. Toda la costa colombiana es un sueño.
—Carolina —intervino Facundo con firmeza—, ¿a qué viene todo esto?
—Nada, Facundo. Solo le recomendaba a nuestra gerente de ventas lo hermoso que es este país.
—Pues no me gusta el tono con el que le hablas a Mariangela...
—Tranquilo, Facundo —lo detuvo Mariangela—. No me molesta en absoluto. Además, gracias por la explicación, Carolina.
—De nada... Mariangela —respondió ella con coquetería.
—Dime, Carolina, ¿qué viniste a hacer aquí? —preguntó el director.
—Solo necesitaba los estados de cuenta de nuestros distribuidores en... ejem... Venezuela.
—Pregúntale a Marita, nuestra secretaria —respondió Facundo—. Ella guarda ese tipo de archivos.
—Sí, claro, discúlpense... los dejo tranquilos. Sigan... trabajando.
Carolina se retiró cerrando la puerta. Adentro, Mariangela expresó su preocupación:
—Creo que Carolina sospecha de lo nuestro...
—Déjala que piense lo que quiera, no me importa en lo absoluto... —respondió Facundo.
—Es que si se lo dice a toda la oficina se puede armar un escándalo, y no está bien que la gerente de ventas se esté viendo con el gerente general...
—Somos dos personas adultas que se quieren... —replicó él, acariciándole las mejillas antes de acercarse para besarla.
+++
En ese exacto momento se abrió la puerta, obligándolos a separarse de golpe. Eran Christian y Gisela, acompañados por Karina.
—Papá... —dijo Gisela, mientras Facundo y Mariangela intentaban disimular los nervios.—¿Qué deseas, hija?
—Es que... mi amiga Karina vino a preguntar si la podrían contratar en la empresa...
—¿Qué sabes hacer? —le preguntó Facundo directamente a Karina.
—¡De todo! —respondió ella con una sonrisa—. No tengo ningún problema en desempeñarme como secretaria, vendedora u operaria.
—¿Qué tan buena eres para las ventas?
—Bueno... yo vendía arepitas con queso en la escuela...
—Te pregunto porque estamos buscando una mercaderista que anuncie nuestros productos en una cadena de librerías —explicó el director.
—¡Por supuesto! ¡Acepto el trabajo!
—Muy bien, tendrás que coordinar con Gina, una de nuestras vendedoras, que es la encargada de esa zona. Y cualquier reporte se lo entregas tanto a ella como a Mariangela, nuestra gerente de ventas —indicó Facundo señalando a la mujer.
—Claro, no faltaba más —dijo Karina encantada—. Estoy muy dichosa de trabajar para mi cuñada...
—Yo también, Karina —respondió Mariangela con ternura.—Christian —prosiguió Facundo—, ¿cómo va tu entrenamiento?
—Bien, gracias, jefe. En producción dicen que aprendo muy rápido.
—¡Christian! —interrumpió Gisela—. ¡Por qué le dices por su nombre y no "jefe"!
—Ya, déjalo, estamos en confianza... —replicó el joven.
—¡Ninguna confianza! —exclamó Facundo con autoridad—. ¡Aquí todos en la fábrica me dicen "jefe"!
—Sí, jefe —bajó la cabeza Christian.
—Bueno, Karina —cambió de tema Facundo—, bienvenida a la empresa.
—Gracias, jefe... —respondió ella sonriente.
+++
Al ver la escena, Caty decidió dar un paso al frente levantando la mano con sarcasmo:
—Jefe, yo también quiero trabajar aquí.
—Tiene que hablar con el jefe de personal... —contestó Facundo con sequedad.—Pero, ¿cómo sí pudo contratar a Karina? Soy su mejor amiga, vamos a misa todos los domingos juntas y fuimos parte del coro...
—¿Y eso a mí qué me importa?
—¡Vamos, jefe! —terció Karina—. ¡Contrate a mi amiga Caty, ella es muy eficiente!
—Hable con el jefe de producción... Creo que hay un puesto por allá...
—¡No hay cupos! —gritó Christian asustado.
—¿Cómo sabes eso? —inquirió Facundo extrañado—. ¿Te lo dijo el jefe de producción?
—Sí... este... claro, él me lo comentó...
—Pues quiero que el jefe de producción me lo diga personalmente...
—Ejem... es que no está en este momento —se defendió el joven.
—Jefe —insistió Caty—, no necesito estar en producción. Puedo trabajar en contabilidad, soy muy buena con los números, y Karina puede dar fe de que soy honesta y decente...
—Está bien, ve a contaduría, y por favor, déjenme trabajar en paz...
—¡Gracias, jefe! —exclamó Caty, acercándose para darle un beso en la mejilla a Facundo, lo que desató los celos inmediatos de Mariangela.
—¡Epa! ¡Guarda tus confianzas para otra ocasión, muchacha! —reclamó Mariangela.
—¡Así soy! —contestó Caty con desparpajo, lanzándole una mirada coqueta a Christian—. Siempre muy cariñosa con la gente...
—¡Demasiado, diría yo! —se metió Gisela—. ¡Y deja tranquilo a Christian!
—Ups... perdón... —balbució Caty antes de despedirse de Karina y retirarse juntas de la oficina.
A solas en un rincón, Caty comenzó a sembrar dudas en su amiga:—¿Viste cómo se puso Gisela cuando coqueteaba con tu novio?
—La verdad, ni cuenta me di.
—Pues date cuenta. Esa Gisela es peligrosa. Yo que tú, cuido a tu novio de tipas como ella. ¿No notaste lo nerviosos que estaban cuando entramos de repente?
—¡Claro que se iban a poner así si entramos de golpe!
—¡Ay, Karina! ¿Cuándo vas a entender que tengo más experiencia y veo claramente que Gisela te está quitando al novio? Si no haces nada ahora, lo vas a perder para siempre...
—¡No, no quiero perder a Christian! ¡Lo amo con todo mi corazón!
—Entonces, cuídate de esa muchacha.
Por otro lado, Gisela arrinconó a Christian en los almacenes para exigirle explicaciones:
—Christian, ¿por qué permitiste que tu papá le diera trabajo a Karina?
—¿Qué querías que hiciera? Es mi amiga y necesitaba ayuda...
—¡No soporto ver a Karina todos los días aquí! ¡Y lo peor es que esa tal Caty también va a trabajar!
—A mí no me molesta en lo absoluto...
—Dime la verdad, ¿no temes que Karina se entere de lo que sentimos tú y yo?
—¡Es una locura, Gisela! ¡Karina es mi amiga y fue la única que me dio alojamiento al llegar a este país!
—¡Entonces tu amistad con Karina es más importante que lo que yo siento por ti!
—Si tanto te importa, ¿por qué no eres sincera y le dices de una vez que ya no la quieres?
—No puedo...
—¿Será porque en el fondo todavía la quieres y no lo quieres admitir?
—¡No! —estalló Christian, agarrándola de la ropa y atrayéndola hacia él para besarla con desesperación.
Gisela se resistió al principio, pero vencida por la intensidad del momento terminó correspondiéndole. Sin embargo, un segundo después recuperó la conciencia y le propinó una tremenda bofetada que resonó en el pasillo.
—¡Ni se te ocurra volver a hablarme en la vida! —le gritó indignada—. ¡Me das repulsión!
—¿Pasa algo aquí? —interrumpió Carolina Estévez apareciendo de la nada.
Gisela la miró con absoluto nerviosismo.—No... no pasa nada, señorita Estévez —respondió tratando de calmarse.
Christian pidió permiso en silencio y se marchó apresuradamente.
—Ahora dime la verdad, Gisela —insistió Carolina—. ¿Sucedió algo con ese joven? Vi claramente que te estaba besando...
Una lágrima traicionera rodó por la mejilla de Gisela:
—Es un amor imposible... no puede ser.
—Gisela, si ese hombre de verdad te importa, no lo dejes ir...
—¡Es el novio de mi amiga y yo... yo lo quiero!
Carolina esbozó una sonrisa perversa, aunque fingiendo una profunda compasión la abrazó para consolarla, sin poder creer que la hija de su expareja Facundo estuviera enamorada precisamente de Christian, el hermano de su gran rival, Mariangela.
CONTINUARÁ...







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