CAPÍTULO 23: AMORES POR ACCIDENTE


 CAPÍTULO 23: AMORES POR ACCIDENTE

Carolina Estévez no podía creer lo que estaba sucediendo: Gisela, la hija reencontrada de Facundo, se había enamorado de Christian, el hermano de Mariangela, su gran rival.

—Pero, por favor, Carolina, no le digas nada a papá ni a nadie... No quiero problemas con nadie... —suplicó la joven.

—No te preocupes, Gisela, no se lo diré a nadie.

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En ese momento apareció Ricardo, el chofer de Mariangela. Gisela pidió permiso y se retira apresurada. Carolina intentó hacer lo mismo, pero Ricardo la detuvo con firmeza:

—Espera... Paola... —dijo él.

—No tengo nada de qué hablar contigo, Ricardo —respondió ella—. Y mi nombre es Carolina, no Paola.

—¿Me desprecias ahora que estás detrás de un riquillo?

—Pues ese riquillo, como tú lo llamas, es todo un caballero y tiene mucha clase... Algo que tú, realmente, no tienes.

—Por favor, Paola, ¿por qué te portas así conmigo?

—Me llamo Carolina, para que no lo olvides. Además, quiero dejarte claro que yo no pierdo mi tiempo con choferes. Es increíble cómo es posible que un muchacho con tu inteligencia se rebaje trabajando en eso... ¿No te da vergüenza?

—Pues es un trabajo digno, además de que así puedo estar junto a...

—¿Mariangela? No me digas que te has enamorado de ella.

—¡Sí, claro! ¡Estoy enamorado de Mariangela!

—Pues no sé qué le ven a esa mujer, porque hasta el jefecito, don Facundo, se vuelve loquito por ella...

—Pero, ¿cómo puedes decir eso?

— Créeme, Ricardo. Tu querida Mariangela me quitó a mi novio...

—No, Mariangela no es de esas mujeres... Ella es diferente a las demás.

—Créeme, si no me crees,, puedes preguntárselo tú mismo.

Ricardo se marchó de su vista mientras Carolina se reía a carcajadas, justo antes de que él ingresara a la oficina de Mariangela.

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—Mariangela, quiero hablar contigo un momento —dijo Ricardo al entrar.

—¿Qué sucede?

—¿Es verdad eso que andan diciendo de que estás coqueteando con el jefe?

—¿Quién te dijo semejante cosa?

—No viene al caso. Dime la verdad, ¿es cierto?

—Por supuesto que no. Te mintieron, yo no soy esa clase de mujer...

—Disculpa, Mariangela...

—No te preocupes. Más bien, entérate de algo que pasó hoy: tu sobrina estuvo aquí buscando trabajo...

—¿Mi sobrina? ¿Buscando trabajo?

—Así es. Don Facundo la contrató como mercaderista.

—Pero si Karina ya tenía empleo...

—¿Por qué no hablas con ella? Debe estar en producción junto a mi hermano Christian.

—Eso haré.

Ricardo se retiró. En el pasillo se encontró con Marita, la secretaria:

—Ricardo, ¿sucede algo? —preguntó ella.

—Hola, Marita. ¿Sabías que Karina vino a buscar trabajo aquí?

—Sí, me llamó mucho la atención...

—Este es un día de sorpresas: primero lo de Mariangela y ahora lo de Karina.

—¿Mariangela? ¿Pasa algo con mi amiga?

—Alguien me dijo que anda engatusando al jefe...

—Por favor, no le hagas caso. Mariangela no es así...

—Tienes razón...

En ese instante apareció Karina y su tío la interceptó:

—¡Karina, espera! ¿Qué haces aquí?

—¡Tío! ¡Qué milagro verte!

—Vine a visitar a mi amiga Gisela...

—No me mientas, me acaban de decir que viniste a conseguir empleo... ¿Por qué? ¿Qué pasó?

—¡Ay, tío, por favor, no le digas nada a la tía Etelvina! ¡Sí, me quedé sin trabajo!

—Pero, ¿por qué?

—Es que... me desesperaban las mañas de mi jefe, sus regaños... ¡No lo aguantaba!

—Pero él era un íntimo amigo de la familia...

—¡No me gustaba trabajar con él! ¿Y a qué no adivinas? ¡Ya conseguí puesto aquí!

—¿De verdad?

—Sí, como mercaderista. Tengo que visitar las sucursales de una cadena de librerías para ofrecer nuestros productos...

—¿Y el sueldo?

—Es bueno. Al menos ya tengo cómo sustentarme.

—Está bien... dime la verdad, ¿no habrás hecho todo esto para estar cerca de ese tal Christian?

—¡Para nada! ¡Ni lo voy a ver!

—Sobrina, no quiero que nadie te haga daño, y mucho menos ese muchacho...

—¿Por qué eres así con él? Es un buen hombre y me quiere...

—Las apariencias engañan, ten cuidado...

En ese momento reapareció Carolina Estévez.

—Marita... —dijo al ver a Ricardo abrazando a Karina—. ¡Ricardo, qué estás haciendo!

—Paola... Carolina... Ella es mi sobrina Karina, creo que te había hablado de ella...

—¡Yo la conozco! —inquirió Carolina—. Es la amiga de Gisela, la hija de don Facundo.

Tras conversar brevemente, cada uno siguió con sus labores, aunque con la firme intención de verse más seguido.

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Mientras tanto, Christian seguía trabajando en la bodega cuando sintió que alguien le tapaba los ojos por la espalda:

—¿Adivina quién soy? —preguntó Caty con coquetería.

—¡Caty! ¡Qué susto! ¡No hagas eso! —dijo él al voltear.

—Perdón, mi amor, pero alégrate: muy pronto seremos compañeros de trabajo.

—Fue un truco muy sucio, no me esperaba eso de ti.

—¿Y qué querías? ¿Que te dejara a merced de esa tal Gisela? ¡Te quiero todito para mí!

—Caty, por favor, ten cuidado, nos están mirando...

—Que digan lo que quieran. Yo te quiero conmigo.

Caty se abalanzó sobre él y lo besó apasionadamente. En ese preciso instante apareció Celmira, quien los descubrió in fraganti:

—¡Pero qué es esto! ¡Esto es una fábrica, no un motel! ¡Guarden la compostura, imprudentes!

—¿Y a esta vieja antipática quién le dio cuerda? —bufó Caty—. ¿No ve que estamos ocupados?

—¡A mí no me diga vieja antipática! ¡Respete que soy su superiora! —exclamó indignada Celmira.

—Disculpe, doña Celmira... —balbució Christian.

—¡Esto es una falta de respeto imperdonable! ¡Ya verá el jefe cuando se entere!

Celmira se marchó hecha una furia, dejando a Christian muy nervioso, mientras Caty restaba importancia a la situación y seguía acariciándolo.

Pocos minutos después, Celmira se cruzó en los pasillos con Carolina Estévez y con Karina.

—¡No puedo creerlo! ¡Ya se perdió toda la moral en esta empresa! —gritó Celmira.

—¿Qué pasa, Celmira? —preguntó Carolina.

—¡Es ese Christian, el hermano de la revoltosa de nuestra gerente de ventas!

—¿Christian? —interrumpió Karina alarmada—. ¿Qué pasó con mi novio?

—¿Tu novio? —repitió Celmira con desprecio—. Pues te aconsejo que lo cuides muy bien, querida, porque lo acabo de sorprender besándose a escondidas con otra muchacha...

—¿Una muchacha? —dijo Karina al borde del llanto—. ¡Dígame que eso no es verdad!

—Lo vi con mis propios ojos. Eso pasa por meter chusma aquí... Y claro, ¿qué se puede esperar si la hermanita le coquetea abiertamente al jefe?

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Indignada y con el corazón destrozado, Karina salió corriendo a toda velocidad. En el camino se topó con su tío Ricardo, quien intentó detenerla en vano:

—¡Oigan, ¿alguien me puede explicar qué le pasa a mi sobrina?! —gritó él.

Carolina Estévez se puso muy nerviosa:

—Ricardo... yo... creo que ella malinterpretó las cosas...

—¡Yo no he malinterpretado nada! —afirmó Celmira.

—Es que Celmira dice haber visto a Christian besándose con otra... —intentó aclarar Carolina.

—¡Lo sabía! ¡Sabía que ese desgraciado iba a hacer sufrir a mi muchacha!

—Ricardo, por favor, cálmate —lo detuvo Carolina acariciándole el hombro—. Estamos en un sitio público, no hagas un escándalo. Si ese muchacho la traicionó, es problema de ellos, no tuyo.

Ricardo respiró hondo y se calmó al sentir el tacto de Carolina:

—Tienes razón... no vale la pena.

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Mientras tanto, Karina corrió aparatosamente hasta que se tropezó con Mariangela, quien al verla tan alterada la condujo con dulzura hasta su oficina y le ofreció un vaso con agua.

—¿Ya estás mejor? —preguntó Mariangela con amabilidad—. Dime, ¿por qué corrías así por los pasillos?

—Es que... me dijeron que Christian me está engañando con otra mujer... ¡No lo soporto!

—¿Cómo sabes eso? ¿Los viste con tus propios ojos?

—No... pero me aseguraron que lo vieron besándose con alguien...

—Mira, Karina, no debes hacerle caso a los chismes de la gente. A veces hablan por hablar sin medir las consecuencias. No pretendo defender a mi hermano porque sé que no es ningún santo, pero antes de hacer un juicio cerciórate de que sea verdad. Tranquilízate, ya no llores... Dime, ¿quién te metió esa idea en la cabeza?

—Fue una tal Celmira, una señora mayor con cara de antipática...

Mariangela se quedó pensativa. En ese momento supo que ya se había ganado una enemiga jurada dentro de la empresa.

CONTINUARÁ...

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