CAPÍTULO 26: AMORES POR ACCIDENTE

 


CAPÍTULO 26: AMORES POR ACCIDENTE

Caty continuaba trabajando en la fábrica de Facundo. De pronto, Facundo pasaba por el lugar cuando Caty se quedó mirándolo fascinada. En ese momento, se acercó su amiga Karina:

—¡Qué joven y buen mozo es el padre de Gisela! ¿No? —exclamó Caty.

—Así es —dijo Karina—, no parece su papá… ¡Tan joven que luce!

—Oye, Karina, ¿tú crees que Gisela sea realmente hija de don Facundo?

—Parece que sí —respondió—, al menos, es lo que dicen los análisis.

En ese momento, apareció Christian cargando unas cajas:

—¡Mi amor! —exclamó Karina, con los ojos brillosos de emoción.

—¡Hola, Karina! —exclamó Christian—. ¡Más bien, aguanta esta caja que casi se me cae…!

Karina ayudó a Christian a evitar que la caja se cayera y él logró colocarla en el piso.

—Gracias, Karina… —respondió con timidez, mirándola a los ojos.

—De nada… mi amor —dijo Karina sonriente.

Christian acarició suavemente el rostro de Karina y ella sonrió coquetamente. Caty los miró con amargura y, entonces, en un acto de celos, fingió que se tropieza:

—¡Ayayayayay! —exclamó Caty—. ¡Cómo duele!

Christian y Karina miraron asustados. Caty se abalanzó sobre Christian:

—¿Te sucede algo, Caty? —preguntó Christian.

—Nada… nada… —respondió—. Parece que fue un calambre… bueno, creo que me retiro… nos vemos…

Caty se retiró.

—Parece que Caty está loquita por ti —dijo Karina en tono de broma—. Cuídate mucho, que Caty es de armas tomar.

Christian reaccionó nervioso a la advertencia de Karina, porque sabía que era verdad.

+++

Una vez que Caty se perdió de la vista de Karina y Christian, comenzó a enderezarse y caminar mejor, dirigiéndose hacia donde estaba Facundo:

—¡Qué hubo, Facundo! —dijo Caty.

—Disculpe, señorita, para usted y el resto de mis empleados, yo soy el señor Altamirano. ¡No se olvide de eso!

—Ups, perdón… señor Altamirano.

—Así me gusta.

—Disculpe, jefe, ¿sabía usted que los test de paternidad no son siempre efectivos?

—¿A qué viene todo esto?

—Que hay gente que juega con la sensibilidad de uno… ¡Hay que tener cuidado con tantos farsantes que hay por allí!

—¿No tiene que trabajar, señorita?

—Sí, jefe.

—Entonces, póngase a trabajar en lugar de estar perdiendo el tiempo en tonterías, si quiere cuidar su puesto.

Facundo se retiró enojado.

+++

De pronto, Caty se dirigió a conversar con Carolina Estévez:

—¡Qué guapo es el jefe! ¡No puedo creer que Gisela sea su hija! Y dime, ¿no has sentido «algo» por Facundo? Fíjate que está como quiere y, como él es un hombre atractivo y tú una muchacha atractiva, y trabajan juntos…

—Facundo y yo fuimos novios…

—¿Fueron? ¿Y por qué terminaron?

—¡Eso no te importa, metiche!

—¿Será que Mariangela García tuvo que ver en todo esto? —inquirió en tono irónico.

—Esa Mariangela…

—Entonces es cierto, Mariangela fue la culpable.

—¿Cómo te has dado cuenta de eso?

—No hace falta ser adivino para ver que Mariangela y el jefe… se atraen… Y tú, ¿no vas a hacer nada?

—Claro que no… Facundo es mi socio y comprendí que él prefiere estar con «esa» en lugar de conmigo.

—Yo que tú… luchaba por su amor… y no dejaba que la tal Mariangela se quede con él…

—¡Sucede algo con Mariangela! —intervino Ricardo.

—Qué hubo, Ricardo —dijo Caty—. No decíamos nada malo de Mariangela… y, ¿cómo te va «chofereando» con ella?

—Bien, gracias, y no es nada que te incumba —respondió seriamente.

—Yo no entiendo cómo un contador, egresado de la Universidad Javeriana, termina trabajando como chofer… —dijo Caty—. ¿Tan mal te afectó lo de la tal Paola?

Carolina se llevó una fuerte impresión cuando Caty mencionó a «Paola», y una lágrima brotó de su mejilla.

—¡Cállate, Caty! —exclamó Ricardo, con los ojos llenos de rabia—. ¡No hables mal de Paola si ni siquiera la has conocido!

—No hace falta conocerla para saber lo mucho que sufriste por ella… —respondió Caty.

—Ricardo, por favor —intervino Carolina—. No le hagas caso a esta muchacha, ven, retirémonos…

—¿Qué pasó, señorita Estévez? —dijo Caty a Carolina—. ¡Qué bajo has caído! ¡Cambiar al jefe… por un chofer!

Carolina no le hizo caso y se retiró con Ricardo, que todavía seguía ofuscado:

—Ricardo, creo que te debo una disculpa… —dijo Carolina.

—No tienes nada que perdonar, Paola… digo, Carolina.

—Sí, te he hecho sufrir con mi ausencia… discúlpame.

—Ya está todo olvidado.

En ese momento, él la miró fijamente a los ojos y le tomó de la mano, pero ella se rehusó:

—Ricardo, no, por favor… —exclamó Carolina, desesperada.

—Pero, ¿por qué te portas así conmigo?

—Mucha gente nos está mirando… no es correcto…

—¿Qué es lo que no es correcto? ¿Que nos amamos?

—Por favor, Ricardo, no sigas… lo nuestro no puede ser…

—¿Por qué? ¿Te avergüenza estar con un simple chofer? ¿Acaso no tengo la posición y el prestigio de Facundo Altamirano?

—No es eso… es que…

—Mejor no digas nada…

Ricardo tomó a Carolina Estévez de la mano y acercaron sus labios hasta besarse.

—Ejem —intervino Mariangela—:

—Carolina, necesito hablar contigo un momento…

—¿Qué quieres decirme, Mariangela? —respondió Carolina Estévez.

—Necesito hablar sobre el cliente que nos recomendaste…

—Bueno —intervino Ricardo—, las dejo conversando…

Ricardo se retiró, mientras que Mariangela ofreció a Carolina platicar juntas en su oficina:

—Dime, Mariangela —dijo Carolina, cruzando los brazos y molesta—, soy todo oídos…

—El cliente que nos recomendaste… se portó como un patán. Hay que hacerse de rogar para que nos pague, además de que se portó de modo altanero con una de nuestras vendedoras. Yo no sé por qué lo recomendaste…

Carolina se acomodó su larga y rubia cabellera:

—No lo sé —respondió—, él siempre ha sido muy respetuoso en el club.

—Una cosa es el trato social —dijo Mariangela— y otra son los negocios…

—A propósito, Mariangela, ¿cómo te va con Facundo? ¿Ya son novios?

—No, Carolina, Facundo y yo somos novios…

—¡Apúrate, queridita, que otra te puede hacer lo mismo que tú me hiciste a mí! —exclamó con despecho.

—Mira, Carolina Estévez —dijo Mariangela, enardecida y señalándote al pecho—, yo no te quité a tu Facundo, tú fuiste la que le dijo para que terminaran. Y, por favor, retírate de mi oficina que tengo que trabajar.

Carolina se retiró ofendida.

+++

En el pasadizo, Carolina se encontró con Facundo:

—Carolina, ¿te sucede algo? ¿Por qué estás tan enojada?

—¡Te parece poco! Si tu querida gerente de ventas acaba de insultarme… ¡Ay, no la soporto!

Facundo acudió a la oficina de Mariangela:

—Mariangela, ¿sucede algo con la señorita Estévez? Dice que la insultaste…

—Nada, señor Altamirano, solo le decía que el cliente que nos recomendó no servía para nada.

—¿Eso pasó?

—Es verdad, Facundo, ¿acaso tú dudas de mí?

Entonces, Facundo se acercó a ella y tomó su mano:

—Claro que no, Mariangela…

Ambos acercaron sus rostros y se besaron. En ese momento, se acercó Celmira y se indignó al ver a Facundo besando a Mariangela:

—¡Qué es esta indecencia! —exclamó Celmira a Mariangela—. ¡Con razón el jefe te contrató como su gerente de ventas! ¡Si eres su querida! ¡Y qué descaro besarse en horas de trabajo!

—¡Celmira! ¡Respete a Mariangela, que es su jefe! —exclamó Facundo.

—¡Son ustedes unos descarados! ¡Aquí en esta empresa todos son unos descarados! ¡Primero, el hermano besándose con una operaria, y la hermana, que apunta lejos, se besa con el jefe!

—¿Qué pasa aquí? —intervino Christian. Mariangela se asustó con su presencia.

—Pasa que su hermanita —dijo Celmira— es la amante de Facundo, su jefe…

—¡Noooo! —exclamó Christian—. ¡Eso no es posible!

—No es lo que piensas, Christian… —exclamó Mariangela.

—¡Ya lo entiendo todo! —le reclamó Christian a Facundo—. ¡Con razón me contrataron en esta mugrosa empresa, pero yo ya no quiero trabajar aquí!

—Lo estás confundiendo todo, muchacho —dijo Facundo—. Lo que siento por tu hermana es amor de verdad. ¡Yo amo a Mariangela!

—¡Usted no puede amar a nadie! —señaló Christian a Facundo—. ¡Usted solo juega con las mujeres! ¡Pero a mi hermana nadie la toca! ¡Ella no es una mujer para divertirse! ¿Acaso no se olvida de lo que le hizo a la señorita Estévez?

—¡Un momento, Christian! —exclamó Mariangela—. ¡Facundo y yo nos amamos de verdad! ¡Él no sería capaz de traicionarme ni jugar con mis sentimientos! ¡Facundo no es como tú!

Christian se quedó impávido con lo que dijo Mariangela y se retiró ofendido. Mariangela fue tras él, pero Facundo logró contenerla y la recostó en sus brazos para tranquilizarla. Mientras tanto, Christian caminaba y se encontró con Gisela, la hija de Facundo. Entonces, Christian cambió su semblante y la miró con picardía:

—Christian, ¿te sucede algo?

—Nada, Gisela —dijo Christian con ojos maliciosos—. ¿No te han dicho que eres muy linda? ¿Quieres salir conmigo esta noche?

Gisela se quedó asombrada con su repentina reacción. En ese momento, Christian le dio un beso y Karina los vio…

CONTINUARÁ…

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