CAPÍTULO 27: AMORES POR ACCIDENTE


 CAPÍTULO 27: AMORES POR ACCIDENTE

Karina no podía creerlo. Su novio Christian se besaba con Gisela...

—¡No puedo creer lo que ven mis ojos! —exclamó Karina.

Gisela logró despertar y, al escuchar la voz de Karina, se apartó de Christian:

—¡Perdóname, Karina! —exclamó.

Caty, la amiga de Karina, miraba la escena con actitud malévola.

—¡No me hables! —exclamó Karina a Gisela—. ¡Eres una hipócrita! ¡Cuánta razón tenía todo el mundo! ¡Tú solo querías quitarme a mi novio! —Luego volteó a mirar a Christian—: ¡No sé cómo has podido hacerme esto! ¡Me has defraudado!

—Algún día tenías que saberlo, Karina —dijo él—. Gisela y nosotros nos queremos.

Gisela titubeaba del miedo ante la fuerte impresión que se había llevado Karina.

—Vamos, Caty, retirémonos de aquí, amiga mía...

—Bueno —dijo Christian—. Cuídala mucho, Caty, tal como tú me cuidas a mí.

Caty se retiró junto con Karina y ambas se refugiaron en un rincón:

—No puedo creerlo, Caty, no puedo creer que Christian y Gisela se estuvieran burlando de mí a mis espaldas...

—Yo quería advertirte, pero no me hacías caso.

—Discúlpame, por favor.

—No te preocupes. Más bien, hay algo más que tienes que saber...

—¿Sobre Christian?

—Sí, Karina, es sobre él... abusó de mí.

Karina se llevó una fuerte impresión, sintiéndolo como una estocada en el corazón.

—¡No puedo creerlo! ¡Ese desgraciado!

—Así es, Karina. Tu querido noviecito me forzó y quiso besarme a la fuerza. Incluso, el muy descarado, me besó en la fábrica; afortunadamente una vendedora lo pilló y tuvo que soltarme... ¡Snif! ¡Perdóname, amiga mía!

—Pero, Caty, ¿por qué no me dijiste nada antes?

—¡Snif! Es que él me había amenazado con matarme si te decía la verdad, pero ya no puedo callar. Es el momento de quitarnos las caretas y de que sepas quién es en realidad Christian García.

—Gracias, amiga. Admiro mucho tu valentía y, descuidate, Christian está fuera de mi vida.

+++

Por su parte, Christian quería hablarle a Gisela, pero ella lo esquivaba:

—Gisela...

—¡No me hables, Christian! ¡Maldita la hora en que te conocí! ¡No sé cómo pude haber sido tan débil!

—Tarde o temprano Karina tenía que enterarse, y ahora siento un gran alivio porque ya podemos amarnos tranquilamente.

—No, Christian, yo no puedo amarte...

—Pero, ¿por qué, Gisela? ¡Tú y yo nos amamos!

—Es injusto con Karina. Ella ha sido muy buena amiga conmigo y yo la traicioné vilmente. No puedo estar contigo, no después de lo que sucedió. Lo siento.

—¡Gisela...! —exclamó él mientras la tomaba de los brazos, la sujeta fuertemente e intentaba besarla.

—¡Noooo...! ¡Por favor...!

—¡Suelte de una vez a la señorita, majadero! —exclamó Carolina Estévez.

+++

A Christian no le quedó otro remedio que soltar a Gisela, quien corrió a los brazos de Carolina y se retiró de su vista.

—Ya, tranquila, Gisela —le dijo Carolina—. ¿Sucedió algo?

—¡Algo terrible! ¿Por qué tenía que enamorarme del hombre equivocado? ¡Por qué!

—Así es, uno nunca escoge de quién se enamora.

—¿A qué te refieres, Carolina?

—Hablo de que, por más que lo intente, nunca he podido lograr que tu padre se enamore de mí... ¡Todo por culpa de esa Mariangela!

—¿Mariangela? ¿La hermana de Christian?

—Así es. Tu padre solo tiene ojos para esa mujercita... ¡Cómo detesto a Mariangela García!

—¿Sucede algo con Mariangela? —intervino Ricardo al acercarse.

—No, Ricardo, no pasa nada... —respondió Carolina.

—Te escuché bien, Paola Carolina —dijo Ricardo—. Escuché perfectamente que detestas a Mariangela García, y quiero que sepas que vas a respetarla... ¡Ella merece respeto y consideración!

—¡Respeto y consideración! —exclamó Carolina—. ¡Quiero que sepas que Mariangela es amante de Facundo, su jefe!

+++

Ricardo y Gisela se quedaron impávidos ante la declaración.

—¡No! ¡No puede ser! ¡Mariangela tiene que explicarme esto! —exclamó Ricardo—. ¡Ella no puede hacerme esto! ¡No puede!

—¿Sucede algo, Ricardo? —preguntó Carolina—. No me digas que a ti te gusta Mariangela...

—Ahora no sé realmente lo siento —dijo él acercándose a hablar con ella—. ¡Mi cabeza da vueltas y no sé qué pensar! Pero si no hubiera aceptado trabajar con ella... no te habría encontrado a ti, Paola.

—Ricardo —corrigió ella—, me llamo Carolina.

Ricardo acarició el cabello de Paola Carolina, mientras Gisela observaba en silencio.

—No me importa cómo te llames... yo no he podido olvidar nuestro amor.

Ricardo le dio un beso en la boca; ella se lo respondió por un instante, pero luego volvió en sí y se apartó:

—No, Ricardo, no... mira que Facundo se puede enterar...

—Dime, Carolina, ¿qué puede tener ese Facundo que no tenga yo?

—Él es todo un profesional, tiene clase, prestigio... en cambio tú... ¡Eres tan solo un chofer! ¡Mírate bien! ¡A dónde has ido a parar! Yo conocí al Ricardo contador, egresado de la Universidad Javeriana, profesional, inteligente... ¡No a un simple chofer!

—¿Qué quieres entonces que haga para ganarme tu cariño? ¿Qué vuelva a trabajar como contador?

—Es imposible...

Entonces, Ricardo la abrazó con todas sus fuerzas:

—¡Yo soy capaz de hacer cualquier cosa con tal de ganarme tu cariño! ¡Así tenga que ganarme la lotería! ¡Porque este amor que siento por ti... no lo voy a dejar escapar esta vez!

Le dio un beso fuerte en la boca, la soltó y se retiró. En ese momento, Gisela se acercó a Carolina:

—Señorita Estévez, ¿cómo es que usted ya conocía al chofer de Mariangela?

—Hace mucho tiempo, en San Andrés... Yo iba de vacaciones con unas amigas cuando, de pronto, en la playa, él comenzó a coquetearme. Al principio no le di importancia, pero de tanto insistir nos entregamos al amor, solos, con el sol y las palmeras como testigos.

—¿Y qué pasó?

—Mis padres se enteraron de que Ricardo no era de sociedad, así que hicieron todo lo posible para alejarme. Me mandaron a Miami sin saber que esperaba un hijo suyo.

—¿Tienes un hijo de él? Pero... ¿dónde está?

—Lo di en adopción a una familia colombiana de Miami. Debe ser feliz. Bueno, no hablemos más de estas cosas que me hacen sentir mal, mejor pongámonos a trabajar...

Gisela y Carolina se abrazaron y se retiraron juntas.

+++

Mientras tanto, Mariangela se acercó a hablar con su amiga Marita, la secretaria:

—Marita, ¿has visto a Christian? —preguntó nerviosa.

—¿Sucede algo, Mariangela? ¿Por qué tiritas de miedo?

—Es que tuve una pelea con él... ya se enteró de que Facundo y yo nos queremos, se puso como una fiera y no he vuelto a saber nada. Tengo miedo de que haga una locura, es muy impulsivo... ¡Y no sé qué hacer!

En ese instante apareció Karina con los ojos llenos de lágrimas.

—¡Karina! ¿Sucede algo? —preguntó Marita.

Karina, sin percatarse de que Mariangela estaba presente, abrazó fuertemente a Marita mientras Mariangela cerraba la puerta de la oficina.

—¡Christian me engaña con Gisela!

Mariangela y Marita se quedaron estupefactas. A Mariangela se le cerraron los ojos de la indignación y la angustia:

—Pero, ¿cómo sabes eso? —preguntó Marita.

—Yo los vi besándose... y Caty, mi amiga, me confesó que él había abusado de ella... ¡Es un desgraciado!

—No puedo creer que Christian haya hecho algo así... —dijo Mariangela—. Será muy mi hermano, pero lo que hizo no tiene perdón. ¡No apoyo sus acciones! ¡Ahora mismo ese infeliz me va a escuchar!

Mariangela corrió por los pasillos de la fábrica hasta que encontró a Christian y lo encaró:

—¡A ti te quería ver, desgraciado! —exclamó—. ¡No sé cómo te puedes atrever a llamarte mi hermano! ¡Te advertí que si hacías sufrir a la pobre Karina te la ibas a ver conmigo!

—¡Tú no tienes nada que reclamarme, hermana! ¡Tú eres peor que yo! ¿Acaso te olvidas de tus coqueteos con el jefe?

Todos los presentes en la oficina se quedaron atentos al grito de Christian y reaccionaron impactados. Mariangela, fuera de sí por la indignación, le dio una tremenda bofetada: ¡¡¡¡¡PPPPPUUUUUAAAAAAFFFFF!!!!!

—Tú no entiendes nada, Christian... Yo no niego que esté con Facundo, pero no es lo que piensas. ¡Yo sí lo amo de verdad!

Todo el personal escuchó la confesión de Mariangela.

—Bueno —replicó él—, así como tú estás «enamorada» del jefe... yo estoy enamorado de su hija. ¿Cómo la ves?

—¿Qué pasa aquí? —intervino Facundo al aparecer de repente—. ¿A qué se debe todo este alboroto?

—Nada, jefe —respondió Mariangela—. Es solo un descontrol de mi temperamento... parte del estrés del trabajo.

Facundo le tomó las manos con suavidad y la abrazó con firmeza:

—¿Quieres tomarte la tarde libre, Mariangela? —le preguntó mirándola fijamente a los ojos.

—No, estoy bien... ya me siento mejor. Gracias por preocuparte por mí —respondió ella sosteniéndole la mirada.

Ambos se retiraron tomando rumbos opuestos. Por su parte, Karina se acercó al despacho de Mariangela:

—Mariangela, discúlpame por hacerte discutir con tu hermano...

—No tienes nada de qué disculparte —respondió Mariangela—. El hecho de que sea mi hermano no significa que deba respaldarlo; se ha portado muy mal y tiene que asumir las consecuencias. Pero mira, Karina, no hay mal que por bien no venga. Algún día conocerás a alguien que te quiera de verdad y te haga feliz... ¡Porque tú lo vales, Karina! ¡Vales muchísimo!

—Gracias, Mariangela. Espero que tú también encuentres a un hombre que te haga muy feliz.

Mariangela le regaló una sonrisa y le acarició el cabello con ternura:

—Dime, Karina, ¿tienes planes para esta noche? Quería invitarte a salir un rato...

—Sí, claro, Mariangela, acepto con gusto.

Ambas sonrieron con complicidad y regresaron a sus puestos de trabajo.

+++

Por su lado, Christian se encontraba en la bodega intentando organizar un pedido cuando Caty se le apareció de la nada:

—¿Por qué vienes a esconderte aquí, ah? —exclamó ella con sorna—. Te saliste con la tuya, ¿no? ¡Ahora Karina y Gisela me desprecian!

—No, Christian —dijo Caty con sarcasmo—. El único culpable eres tú por poner los ojos en esa tal Gisela. Te estás quedando solito... al final, el único que me tiene a mí soy yo...

Caty le acarició la mejilla y se retiró caminando de forma coqueta. Christian sabía muy bien que ella tenía razón: se había quedado completamente solo porque nadie, ni su propia hermana, quería estar a su lado.

CONTINUARÁ...

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