CAPÍTULO 28: AMORES POR ACCIDENTE
Christian está confundido. Él creía que si le confesaba su amor hacia Gisela a su novia Karina, todo iba a ser más fácil. Pero no, todo se ha vuelto más complicado para él. Lo peor es que, herido en el amor propio, dejó de trabajar en la empresa de Facundo y se retiró inesperadamente de la fábrica. Por su parte, su hermana Mariangela está desesperada cuando se entera de que su hermano se ha ido del trabajo:
—¿Se fue? —preguntó Mariangela—. Pe... pero, ¿cómo así se fue?—Pues —dijo Gina, una de las vendedoras—, lo vi que salía todo bravo. Me acerqué a saludarlo, pero no me dio ninguna razón...
—¿No te dijo absolutamente nada? —preguntó Mariangela.
—Nada de nada —respondió Gina.
—¿Sucede algo, Mariangela? —intervino Facundo.
—Mi hermano se fue de la empresa y nadie sabe a dónde se fue... —respondió Mariangela.
—¿No está Christian? —intervino Karina, desesperada—. ¡Pero, a dónde se fue!
—No debe ir muy lejos... —intervino Ricardo, el chofer de Mariangela—. No conoce la ciudad, así que seguro habrá ido a algún lugar cercano por ahí. Vamos a buscarlo... eso, si nos dan autorización para salir de la empresa...
—Claro que sí —dijo Facundo—. Mariangela, tú vas conmigo en mi auto... Marita, dile a Hamilton que aliste el auto...
—¿Puedo ir con ustedes? —intervino Gisela.
Karina le hizo mala cara.—¡Yo también quiero ir! —dijo Karina.
—Tú te quedas, Karina —dijo Mariangela—, para ver si él llama a la oficina. Te vas con Marita y con tu tío.
—¡Pero, a esta «roba-novios» la dejan salir! —dijo Karina, enojada—. ¡Todo porque es hija del jefe!
—¡Karina, por favor! —intervino Ricardo—. ¡Tranquilícese, no diga tonterías! ¡Respete a Gisela!
—Está bien, tío Ricardo —dijo Karina con la cabeza gacha.
—Más bien —intervino Gisela—, yo preferiría que Carolina viniera con nosotros, en lugar de Mariangela.
—¿Hablas en serio? —dijo Carolina Estévez con asombro.
—Así es —dijo Gisela—. Mariangela puede estar con Karina...
—Está bien, hijita —intervino Facundo—. No se diga más; si prefieres estar con Carolina, entonces iremos con ella —y se acercó hacia Mariangela—: Perdóname, Mariangela, pero tú sabes cómo es mi hija...
—No te preocupes, Facundo —respondió Mariangela—. Me iré con Karina y Ricardo...
En ese momento, él la miró fijamente a los ojos y rozó con su mano la mejilla de ella:—Cuídate mucho... Mariangela.
—Tú también... cuídate mucho, Facundo —respondió Mariangela, mirándolo fascinada también.
—Ejem —intervino Carolina Estévez—. ¿Nos vamos ya, Facundo? Fíjate que tu hijita está impaciente...
—Sí, claro, Carolina.
Y Facundo abrazó con cada brazo a su hija Gisela y a Carolina Estévez. Por su parte, Mariangela se retiró con Karina y Ricardo. Caty soltaba una risa sarcástica, porque ella sabía dónde estaba Christian, pero no quería decírselo a nadie; más bien, aprovechó la confusión y la desesperación de los jefes para fugarse de la fábrica e ir en busca del muchacho.
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Durante el trayecto, Carolina le pidió a Gisela que los dejara en el Club Social, mientras que Facundo les dijo que iba a ir a su casa a descansar, aunque en realidad tenía planeado reunirse con Mariangela.
—¿No crees que deberíamos buscar a Christian, mejor? —pregunto Gisela.
—Tomemos unos refrescos aquí —dijo Carolina— y después lo buscamos. ¿Quieres mucho a ese muchacho, no?—No te niego que me gusta mucho... pero sé que, ahora más que nunca, es mi amor imposible.
—Escucha bien, Gisela: si ese muchacho es para ti, entonces él volverá a estar junto a ti. No te desanimes, ¡es obvio que tu amor también te es correspondido! ¿No viste la valentía que tuvo al decirle la verdad a su novia?
—No hay que negar que es valiente, pero su novia es mi amiga... y yo la traicioné.
—No la traicionaste... son las cosas del corazón.
En ese momento se acercó una amiga de Carolina Estévez, quien la saludó con un beso en la mejilla:
—¡Carolina Estévez! —exclamó la amiga—. ¡Dichosos los ojos que te ven!
—Hola, Marcela. ¿Cómo has estado? ¿Cómo van las cosas en Miami?
—Todo bien, gracias. Pero dime, ¿sigues con Facundo Altamirano?
—Así es... —respondió Carolina—. Sigo... ejem... haciendo negocios con él...
—¿Solo negocios? ¿Y el amor?
Carolina se quedó pensativa.
—Bueno... aquí te presento a su hija Gisela. Ella es peruana como tú.
Marcela miró a Gisela con cierta extrañeza:
—¿Hija? ¿No sabía que Facundo tuviera una hija? —dijo Marcela—. Más bien, tengo entendido que no tiene hijos y es soltero.
—Bueno... —dijo Carolina—. Pues estás muy mal informada, Facundo tiene una hija y se llama Gisela...
—Mucho gusto, Gisela —dijo Marcela dándole la mano—. Me llamo Marcela Rabinovich. ¿De qué parte de Lima eres?
—Yo... ejem... —dijo Gisela, nerviosa—. Soy de Miraflores. Viví por la avenida Benavides.
—Muy bien. ¿Y te gusta Colombia?
—Sí, la gente es de lo más agradable.
—Marcela —intervino Carolina—, ¿no gustas sentarte con nosotras y seguir platicando?
—Está bien.
Carolina llamó al mozo para que trajera una silla y se sentara a la mesa.
—Permiso —dijo Gisela—. Voy un rato al tocador de damas...
Gisela se retiró, mientras Carolina aprovechaba para hablar con Marcela.
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—Linda muchacha... —dijo Marcela—. ¿Es verdad eso de que es hija de Facundo?—Es lo que ella dice...
—¿Cómo es eso?
—Pues se apareció de repente... Facundo no sabía que existía, le hicieron una prueba de paternidad y salió positiva, así que debe ser cierto. Lo que sí es verdad es que Facundo está muy ilusionado con su hijita... A propósito, ¿puedes hacerme un favor?
—Cualquier cosa por ti, Carolina. ¿Qué es lo que tengo que hacer?
—Quiero que muevas tus contactos e investigues todo lo que puedas de Gisela Hernández —así se llama la supuesta hija de Facundo Altamirano—: todo... trabajo, amistades, vida social... TODO.
—Así lo haré.
—Quiero utilizar a Gisela como arma para recuperar a Facundo... de las garras de esa Mariangela García.
—¿Quién es Mariangela García?
—Es una mujerzuela de lo más despreciable que se valió de artimañas para meterse en la vida de Facundo. Imagínate... ¡Facundo la contrató como su gerente de ventas! ¡Y esa mujerzuela tiene a Facundo «embobado» por ella!
—A propósito, Carolina, ¿qué sabes de ese chico que conociste en San Andrés? ¿Ricardo se llamaba?
—¿Cómo sabes eso? —exclamó asustada.
—Aquí uno se averigua de todo... Pero dime, ¿aún lo quieres? Porque tengo entendido que estabas muy enamorada...
Carolina comenzó a tiritar de miedo y decidió cambiar de tema:
—Pues... es asunto del pasado... Y mira, ahí viene Gisela...
Gisela se reunió con ellas y continuaron tomando cócteles.
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Por su parte, Mariangela continuaba buscando sin cesar a su hermano Christian, acompañada de Karina y de Ricardo, pero no pudieron encontrarlo en ninguna parte.
—Mariangela, creo que mejor vamos a casa —dijo Ricardo—. Seguro él ya habrá llamado.
—Tienes razón, Ricardo... ¡Ay, este chico me tiene preocupada! Vamos a casa...
—¿Dónde estará Christian? —exclamó Karina, desesperada.
+++
Christian se encontraba sentado en la barra de un bar, tomando aguardiente mientras sonaba una canción del grupo Elefante llamada Así es la vida. En ese momento se le acercó una muchacha para sentarse a su lado:
—Hola, guapo. ¿Cómo la estás pasando?
—Hola... —dijo él, mirando fijamente su vaso de aguardiente.
—No puedo, pienso en Karina...
—¿Tu novia?
—Mi exnovia... terminamos.
—¡Pobrecito! ¡Pero seguro encontrarás otra mejor! Ten paciencia... Bueno, olvidé presentarme, me llamo Beatriz.
—Yo soy Christian... y bueno, no es eso lo que quería decir, es que estoy preocupado por ella... Creo que fui demasiado fuerte con ella, no debí haberle dicho nada de lo que sentía por Gisela...
—Bueno, si ya no quieres a Karina, entonces no tienes que preocuparte por ella...
—Es que Karina es tan linda, tan frágil, tan decente... Ella no se merece a un sinvergüenza como yo.
—¿No será que estás enamorado de Karina y no quieres admitirlo?—Eso es diferente.
En ese instante apareció Caty, quien abrazó y besó efusivamente a Christian:
—¡Christian, mi amor! ¡Sabía que te iba a encontrar aquí!
—¡Oiga, entrometida! —intervino Beatriz—. ¡Yo lo vi primero!
—Pues se equivoca... —dijo Caty—. ¡Christian es mío y de nadie más!
—Mire, Karina, lo que pasó entre ustedes... ya pasó...
—¿Karina? ¿Por qué me llamas Karina? —dijo Caty—. ¡Mi nombre es Caty!
—Pues el muchacho mencionaba a una tal Karina... —respondió Beatriz.
—Vámonos, mi amor —dijo Caty cargando a Christian—. Tenemos que ir a tu casa... Vamos, vamos...
Caty lo sacó del bar y lo llevó hasta un rincón oscuro, donde de repente aparecieron unos sujetos que comenzaron a golpear salvajemente a Christian. Caty, por su parte, se reía al ver cómo lo golpeaban; terminada la paliza, se despidió del cabecilla de la banda y le entregó dinero en efectivo para felicitarlo por su trabajo:—Muy bien —dijo Caty—. Te felicito por tu trabajo... Toma, para que vayas a divertirte con tus amigos.
Caty se retiró cargando a Christian y ambos abordaron un taxi, sin sospechar que Beatriz había observado desde lejos cómo conversaba con el maleante. Al llegar a la casa de Christian, Caty, haciéndose la heroína, lo arrastró hasta la entrada:
—¡Uf, cómo pesa! —exclamó Caty—. ¡Lo encontré tendido en la acera...! ¡Pobrecito!
Mariangela le agradeció a Caty por su supuesta «ayuda», mientras Karina trataba de auxiliar a Christian...
CONTINUARÁ...








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