CAPITULO 32: AMORES POR ACCIDENTE

 


CAPITULO 32: AMORES POR ACCIDENTE

Gisela y Christian, su novio chileno, se encontraban en un restaurante peruano en plena ciudad de Bogotá, Colombia, propiedad de un peruano llamado Lucio. Gisela estaba feliz porque, después de mucho tiempo, podía volver a saborear la comida de su país...

—Bueno —dijo Lucio—, ¿en qué parte de Lima viviste?

—Yo viví en Miraflores.

—¡Caray! —dijo Lucio en tono irónico—, ¡como que todos los peruanos que conozco son de Miraflores!

—Bueno —dijo Gisela con vergüenza—, yo he vivido toda mi vida en Miraflores, aunque nací en Surquillo.

—Yo soy del Rímac. ¿En qué parte viviste?

—Por el colegio Champagnat.

—¿Ah? ¿Y conociste a Gian Piero Casagrande?

Gisela abrió los ojos de la emoción...

—¡Sí, claro! ¡Si él fue mi enamorado! —dijo Gisela, mientras Christian ponía cara de celoso—. ¡Bueno, fue solo una relación de chiquillos, uno que otro «chape» por ahí, tomaditos de la mano, pero nada serio... ¿Lo conoces?

—Sí, claro, pues; su hermano fue el cuñado de la hermana de mi primera esposa... ¡Qué chico es este mundo!

—Sí, la verdad, el mundo es un pañuelo...

—Bueno, Gisela, fue un gustazo que vengas a mi restaurante y espero que vengas aquí más seguido. Los fines de semana tenemos una peña, con música criolla y anticuchos de corazón.

—Hummmm... —dijo Gisela—. ¡Qué rico! ¡Es mi plato favorito!

—Ah, Gisela —dijo Lucio—, en dos días viene un pata de Lima para traer carapulcra, así que, ¿te apuntas?

—Sí, claro, compadre —dijo Gisela.

—Oye, Christian —dijo Lucio a Christian con sorna—, ¡caray, Christian! ¡Tienes nombre de galán de telenovela! Entonces, ¿te animas a jugar fulbito este domingo?

—Sí, claro, vamos a jugar al fútbol —dijo Christian.

—A propósito, ¿tienes algún plato favorito, Christian? —preguntó Lucio.

—Me gusta el cebiche —dijo Christian—. Allá en Chile conocí a una peruana que me preparó un cebiche de pescado que estaba muy sabroso.

—¡Uuuuyyy! ¡Y eso que no has probado la parihuela que yo preparo! —exclamó Lucio—. ¡Figúrate que han venido ministros pidiendo que les prepare mi parihuela!

—Habrá que probarla, entonces... —dijo Christian—, pero será otro día, porque se está haciendo muy tarde...

—Bueno, Lucio —dijo Gisela, despidiéndose de él con un beso en la mejilla—, me despido, fue un gustazo comer en tu restaurante y te deseo la mejor de las suertes, a ti y a los tuyos.

—Igualmente, flaca —respondió, y le habló a Christian—: Y tú, chilenito, cuida a esta peruanita como si fuera oro...

—No te preocupes —dijo abrazando a Gisela—, la cuidaré mucho.

Gisela y Christian se despidieron de Lucio y se retiraron del restaurante. Mientras tanto, Lucio se dedicó a limpiar las mesas y ayudar a acomodar los vasos y cubiertos, cuando llegó Felipe, su hermano mexicano...

—Hermanón —dijo Lucio—, hoy conocí a una paisana... una peruanita como yo, pero tiene novio.

—¡Vaya! ¡Veo que no te olvidas de tu toque de seductor! —dijo Felipe.

—¡Yo no tengo la culpa de tener esta pinta de galán de telenovelas, pe! —dijo Lucio—. Pero la chica es buena gente, aunque es solo una amiga. Y dime, ¿cómo te fue con Karina?

Felipe suspiró.

—Karina es una chava muy especial.

—Pues veo que estás muy enamorado de Karina. Aprovecha, quién sabe y haya boda...

—Calma, calma, hermano, cada cosa a su tiempo... Primero quiero ganarme el corazón de Karina y sé que lo voy a lograr.

+++

Mientras tanto, Karina estaba en casa de Mariangela, junto con Marita y Ricardo, tío de Karina. Después de una amena plática, Ricardo y Karina decidieron despedirse.

—Bueno —dijo Ricardo—, estuvo buena la plática, pero se está haciendo muy tarde... Despídete, Karina...

—Sí, tío —dijo Karina—. Gracias, Marita, permíteme hablar a solas con Mariangela, ¿okay?

Mariangela y Karina conversaron en un rincón...

—Gracias, Mariangela, por esta noche maravillosa...

—Te noto contenta, Karina... Eso me alegra.

—Así es, porque conocí a un muchacho divino... Felipe... y no lo voy a dejar ir. ¡Es divino, divino, divino!

—Me alegra escuchar eso —dijo dichosa—. Felipe parece un buen muchacho, pero no te ilusiones mucho, conócelo más.

—Sí, claro, Mariangela. Gracias por preocuparte por mí. ¡Qué diferente eres de tu hermano!

—Christian es un buen muchacho, pero es demasiado inmaduro. Algún día va a cambiar, pero lo importante es que finalmente conociste a alguien que sí vale la pena.

En ese momento apareció Christian, creando un ambiente tenso en la casa. Karina y Ricardo se despidieron de Mariangela y se retiraron del hogar, mirando con desprecio a Christian...

—Christian, hermano —dijo Mariangela—, ¿qué estás haciendo aquí?

—Vivo aquí, ¿no? —respondió con desenfado—. Eso sí es que todavía Marita y tú me permiten seguir viviendo aquí...

—Eres mi hermano —dijo Mariangela—. Una cosa es que no apruebe tus acciones y otra es que no te tenga aprecio. Además, no me gustó para nada lo que le hiciste a la pobre Karina, pero todo ha sido para bien; ella conoció a alguien que realmente la quiere de verdad.

—Me alegra por ella —dijo Christian—. Pues te digo que Gisela y yo... estamos pololeando...

—Te felicito —dijo Mariangela en tono serio—. Espero que seas muy feliz al lado de Gisela.

—Vamos —intervino Marita—, no es bueno que dos hermanos se peleen por un absurdo; ustedes dos se quieren...

—Tienes razón, Marita —dijeron los dos.

—Entonces, dense la mano y un fuerte abrazo —dijo Marita.

Mariangela y Christian se abrazaron fuertemente.

+++

Al día siguiente, Ricardo vino a recoger a Mariangela, Karina y Marita. Christian fue también con ellos, luego de que Mariangela lo convenciera de continuar con el trabajo. Karina lo miraba seriamente y no le hablaba a Christian durante el recorrido, pero por dentro sufría mucho, pues ella todavía seguía enamorada de él. Christian también sufría en su interior porque, poco a poco, se daba cuenta de que, a pesar de todo, quería a Karina. Ella se mantuvo distante de Christian durante todo el trayecto.

—Ricardo —dijo Mariangela—, ¿qué pasó con la cita con la señorita Marcela Ibáñez?

—¿La cita? ¡Ah, sí, todavía es temprano...! —dijo Ricardo.

—No, señor —dijo Mariangela—, usted tiene que ponerse las pilas, como dicen aquí, y llegar a su cita temprano. ¿O es que usted no quiere trabajar y salir adelante en la vida?

—Sí, pero tengo que manejarla a usted, Mariangela... —dijo Ricardo.

—¡Nada, nada, señor! ¡A usted la vida le ha dado una segunda oportunidad y debe aprovecharla; es más, yo misma lo voy a acompañar a su cita! ¡Dejamos a estas personas y nos vamos directamente allá!

—¿Y el trabajo, Mariangela? —dijo Marita.

—Por favor, Marita —dijo Mariangela—, pasa un memo a todos en ventas y diles que me voy a ausentar por unas horas...

—Tranquila, amiga.

Ricardo dejó a los demás en la empresa y se retiró con Mariangela rumbo hacia la cita con la señorita Marcela Ibáñez. Primero llegaron a la casa de él, se arregló un poco, se perfumó y luego se dirigieron a la cita de trabajo.

—¿Estoy bien, Mariangela? —dijo Ricardo, arreglándose el traje.

—Luces bien, Ricardo, Ánimo, que tú vas a conseguir ese trabajo —dijo Mariangela.

—Gracias, Mariangela, no sé cómo agradecerle todo esto que está haciendo por mí —dijo Ricardo—. Entonces, ¿qué va a pasar con su movilidad?

—No te preocupes por la movilidad, ya encontraré una manera; lo importante es que finalmente vas a trabajar en lo mejor que sabes hacer...

En ese momento ingresó la señorita Marcela, quien se sorprendió al encontrarlo temprano...

—¡Caray! —dijo Marcela—. ¡Qué milagro que llegas temprano! ¡Veo que estás necesitado de trabajo!

—Así es. No sé si conoces a Mariangela García... mi vecina...

—Sí, claro que la conozco... —dijo Marcela, y se acercó a saludar nuevamente a Mariangela.

Mariangela esperó afuera mientras Marcela ingresaba a la oficina junto con Ricardo. Al salir, Ricardo salió contento, pues Marcela le dio el trabajo, y abrazó fuertemente a Mariangela...

—¡Lo conseguí! ¡Aleluya! ¡Al fin he conseguido un trabajo respetable! —exclamó Ricardo—. ¡Gracias, Mariangela!

—De nada, Ricardo —dijo Mariangela—. Has dado un paso adelante en la vida. Te deseo la mejor de las felicidades y, bueno, te dejo en la empresa; deben estar preocupados por ti.

Ricardo dejó a Mariangela en su empresa y se despidieron.

+++

Pero al llegar a la empresa, Facundo, su jefe, la esperaba en la puerta de su oficina muy enojado y con los brazos cruzados...

—Señorita García —dijo Facundo—, ¿son estas las horas de llegar a la empresa?

—Tenía algo urgente que hacer —dijo Mariangela—. Además, dejé un memo con Marita...

—Sí, lo sé —dijo Facundo—, pero ¿acaso ir a la cita con ese tipo es más importante que atender sus deberes y obligaciones con esta empresa?

—Sí, claro que lo sé, señor Altamirano, pero «este tipo», como usted lo dice, es mi amigo y necesitaba de mi ayuda.

—Usted puede hacer lo que quiera fuera del horario de trabajo, pero dentro de este tiene una obligación con la empresa...

—No había que hacer nada urgente, ¿acaso vio el último reporte de ventas? ¡Las ventas han mejorado considerablemente!

—Por esta vez le perdono la vida, pero la próxima no se lo perdonaré jamás... señorita Mariangela García.

Facundo se retiró enojado, mientras Mariangela se disponía a arreglar sus cosas para ponerse a trabajar. En ese momento llegó Marita, la secretaria, y se encerraron en la oficina..

.—El jefe está bravo porque usted, Mariangela, salió con Ricardo...

—Pues se está comportando como un inmaduro —dijo Mariangela—. Bueno, es su problema... Mi conciencia está tranquila.

—El jefe todavía sigue enamorado de usted...

—Así es, Marita, y tú, que lo conoces, ¿siempre se ha portado así?

—Sí, claro, Mariangela, pero se le pasa y luego pide paciencia y disculpas.

Mariangela y Marita continuaron platicando y, después, siguieron trabajando...

Mientras tanto, ese fin de semana, Christian se dirigió con Gisela a jugar al fútbol con Lucio y sus amigos, sin sospechar acaso que allí también estaban Felipe, el hermano de Lucio, junto con Karina, la exnovia de Christian...

CONTINUARÁ...

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