CAPÍTULO 34: AMORES POR ACCIDENTE

CAPÍTULO 34: AMORES POR ACCIDENTE

Christian no podía creerlo: después de ganar el partido y consagrarse como la gran estrella de la cancha, recibió una tentadora oferta para jugar al fútbol profesional en un equipo colombiano, el Club Millonarios de Bogotá...

—¡No puedo creerlo! —exclamó Christian—. ¡Parece un sueño hecho realidad!

—Te lo mereces, amor mío —dijo Gisela, su novia, dándole un beso en la boca.

—Te felicito, Christian —añadió Karina en tono irónico—. De todos modos, yo soy del Santafecito.

—Yo también —intervino Lucio—. Soy hincha de Alianza Lima en el Perú, y aquí en Colombia soy hincha de Independiente Santa Fe... ¡Mi Santafecito querido! —Luego, dirigiéndose a los demás, continuó—: Bueno, ahora sí, creo que no hace falta votar para conocer el nombre del «Jugador Más Valioso», y ese es... ¡Christian García! Quien se hace acreedor de un almuerzo gratis en mi restaurante para dos personas, además de dos entradas para el concierto de las Escarcha...

—Bueno, gracias... —respondió Christian con timidez.

—Felicitaciones —le dijo Rebeca, la esposa de Lucio, dándole un beso en la mejilla que hizo sonrojar al joven.

—Bueno, ¿pero qué hacemos aquí? —propuso Lucio—. ¡Vamos a celebrar a mi restaurante!

—Será para otro día —se disculpó Gisela—. Le dije a papá que no me demoraría. ¿Me llevas, Hamilton?

—Claro que sí, señorita Gisela —respondió Hamilton, fascinado.

—¿Nos vamos, mi amor? —preguntó Gisela.

—Claro que sí —aceptó Christian—. Más bien, déjame en mi casa, que tengo que descansar...

Gisela y Christian se despidieron de los demás y se retiraron.

—¡Christian, espera! —gritó Lucio—. ¡Esta noche hay una fiesta en el bar del loco Freddy! ¡No faltes, va a haber orquesta y concurso de aficionados!

—Denme la dirección...

—Toma mi teléfono y me llamas para coordinar —indicó Lucio—. Puedes venir con tu... chica. ¡Chao!

Christian y Gisela se subieron al auto con Hamilton, el chofer.

—Muy simpático es el tal Lucio, ¿no? —comentó Gisela—. ¡Y su esposa me cayó súper bien!

—Sí, claro... Son muy buenas personas, hacen bonita pareja...

—¡Y pensar que conocen a Karina! ¡Qué chico es este mundo!

—Así es, definitivamente el mundo es un pañuelo...

—Todo el partido, Karina se la pasó mandándome indirectas... como si yo le hubiera quitado el novio o algo así...

—No le hagas caso —la tranquilizó Christian, abrazándola fuertemente para besarla en la boca. En ese momento, Hamilton dio un frenazo repentino, aunque logró controlar el volante y no pasó a mayores; y es que el chofer se moría de celos al ver los arrumacos de la pareja.

+++

Mientras tanto, Karina seguía con Felipe y los demás.

—Creo que yo también me voy —avisó Karina—. Deben estar preocupados por mí.

—Te llevo a tu casa, Karina —se ofreció Felipe.

En ese instante ingresó Caty al local y se acercó a Rebeca:

—¡Uy, parece que llegué tarde! ¿Quién ganó?

—Ganamos —respondió Rebeca—. Y la gran estrella fue un chico chileno, Christian García...

—¿Christian García? —repitió Caty con sorpresa—. Yo conozco a un muchacho chileno que se llama así...

—Sí, claro —intervino Karina—. Fue mi novio.

—¿Karina? —exclamó Caty—. ¿No me digas que conoces a toda esta gente?

—Así es, Caty —confirmó ella—. Los conozco a todos... gracias a Felipe.

Caty miró de inmediato con ojos seductores a Felipe, el hermano de Lucio:

—Ah, vaya... la verdad no sabía que Lucio tuviera un hermano tan apuesto. No habíamos tenido la oportunidad de conocernos... hasta ahora.

—Muchas gracias, señorita —respondió Felipe con educación.

Aprovechando el momento, Lucio se apartó a un rincón, y Caty, disimulando, también se alejó para seguirlo.

—Lucio, ¿por qué me huyes? Yo no muerdo... —le coqueteó ella en voz baja.

—¡Te pido que ni te acerques a mi hermano! —le advirtió él con firmeza—. ¡Él es todo un caballero!

—Pero ¿por qué eres así conmigo, Lucio? ¿Acaso he hecho algo malo?

—No, claro que no, Caty, perdóname... —cedió Lucio, dándole un beso rápido en la mejilla—. Pero él tiene su compromiso...

—Tú también lo tienes —replicó ella—. ¿O es que ya te olvidaste de tu esposa?

—Pobre Rebeca, ella no se merece un canalla como yo...

—¿Por qué no le dices la verdad de una vez y la dejas?

—Tengo miedo de perder a mis hijos... Es lo que más quiero en este mundo...

—Estás muy confundido —murmuró Caty, acariciándole el cabello y mirándolo fijamente a los ojos—. Yo puedo ayudarte a aclarar las cosas...

Justo antes de que alcanzaran a besarse, apareció Karina junto a Felipe.

—Caty, me voy con Felipe a casa. ¿Vienes con nosotros?

—No —contestó Caty con rapidez—. Yo me quedo un rato más con Lucio y Rebequita... Chao, Karina, cuídate.

—Tú también, cuídate, amiga mía... —se despedía Karina.


Ambos tomaron un taxi rumbo a casa. En el camino, Felipe le preguntó:

—¿Cómo la has pasado hoy, Karina?

—¡Chevere! ¡Y lo mejor es que ganó el equipo de ustedes!

—Dime, Karina, ¿de dónde conoces tanto a Caty?

—Desde que éramos pequeñas, pero ¿a qué viene la pregunta?

—Es que así se llamaba la muchacha de la que hablaba Christian el otro día en el trabajo...

—¡Bah! ¡No le hagas caso! —descartó ella—. ¡Christian es un envidioso!

—Dime la verdad, Karina —insistió Felipe—. ¿Todavía lo quieres?

Karina se puso seria de pronto.

—¿A qué viene esa pregunta?

—Quiero saber si aún sientes algo por él...

—Claro que sí, pero como puedes ver, él es feliz con su peruana... y yo te tengo a ti.

Karina se recostó suavemente en los hombros de Felipe. En ese instante, la radio del taxi comenzó a sonar: «Quítame ese hombre del corazón, anda, quítamelo tú, anda, quítamelo...», una melodía que parecía reflejar su anhelo profundo de sacar a Christian de su alma para entregarse de lleno a un nuevo amor.

+++

Por su parte, Christian se había despedido de Gisela, quien ya se dirigía a su hogar. Mientras caminaba solo de regreso, vio a una mujer de aspecto elegante y gran parecido a Karina tocando la puerta de la casa de su exnovia, aunque nadie respondía.

—¿Le puedo ayudar en algo, señora? —se acercó a preguntar.

—Oh, sí, joven. Buscaba a Fermín Duarte, me dicen que vive por aquí.

—Ellos no se encuentran en este momento... ¿Quiere dejarle algún recado?

—No, gracias, muchacho. A propósito, ¿conoces a Fermín y a su hija?

—Bueno... su hija y yo fuimos «pololos», es decir, novios...

—¿Fuiste novio de mi... digo, de su hija? —se corregía la señora con disimulo—. ¡Qué bien!

—No tan bien —suspiró él—. Terminamos hace poco.

—¿Tienes hambre? Tengo ganas de comer un bocado. Vamos, me acompañas y así me platicas de esa muchacha. Por cierto, me llamo Astrid. ¿Y tú cómo te llamas?

—Me llamo Christian.

Astrid le regaló una sonrisa. Christian sintió una extraña familiaridad en ese gesto: tenía exactamente la misma expresión radiante que iluminaba el rostro de Karina.

(* Ella es Astrid *)

En paralelo, Felipe había decidido invitar a Karina a comer pollo a una conocida pollería de la ciudad.

—Háblame de tu familia, Karina... Tus padres, tus hermanos...

—Bueno —comenzó ella—, yo nunca conocí a mi mamá... ni siquiera tengo una foto de ella. Desde que era niña vivo con mi papá, mi tía Etelvina y mi tío-primo Ricardo...

—¿Tu tío-primo? ¿Cómo es eso?

—Es mi primo segundo, pero como es mucho mayor que yo, siempre le he dicho tío y así se quedó.

—¿Nunca te dieron ganas de buscar a tu mamá?

—Claro que sí, pero cada vez que le toco el tema a mi papá, él simplemente me cambia la conversación y se limita a decir que murió. A pesar de que nunca me ha faltado cariño, es innegable que mi madre me hace mucha falta.

+++

Mientras tanto, en una cafetería cercana, Astrid compartía un café con Christian.

—A ver, cuéntame algo más de la muchacha que fue tu novia. ¿Por qué terminaron?

—Bueno, yo terminé con Karina —así se llamaba— debido a que no estaba seguro de lo que sentía...

—¿Y ahora? ¿Estás seguro de tus sentimientos?

—No lo sé. Por un lado, quiero mucho a Gisela, mi novia actual, pero aún no logro olvidar del todo a Karina...

—Parece que Karina es una chica inolvidable... Pero cuéntame de ella, ¿qué edad tiene? ¿Trabaja o estudia?

—Tiene 18 años y trabaja como mercaderista en una empresa que fabrica bolígrafos.

—¿Y sabes algo de su familia? ¿De sus padres, de sus tíos?

—Son muy buenas personas, pero dígame, señora Astrid, ¿por qué tanto interés repentino en Karina?

—¿Puedes guardar un secreto? —le preguntó ella bajando la voz y acercándose a su oído—. Yo soy la madre de Karina.

Christian se quedó completamente estupefacto. Justo en ese momento entraron al local Mariangela, la hermana de Christian, acompañada por Marita. Christian se apresuró a presentarles a Astrid como una supuesta amiga de los Duarte.

—¡Hermanita! —exclamó Christian emocionado—. ¡Me acaban de ofrecer jugar fútbol profesional! ¿Puedes creerlo? ¡Al fin se va a cumplir mi sueño!

—¡Qué gran noticia, hermano! —lo felicitó Mariangela—. ¡Te felicito! ¡Yo sabía que algún día lo lograrías!

—Astrid —continuó Christian—, mi hermana Mariangela es jefa de Karina...

—Mucho gusto. Espero que sea muy juiciosa en el trabajo...

—Karina es una muchacha muy especial —comentó Mariangela con orgullo.

En ese preciso instante, Karina apareció en la puerta acompañada por Felipe. Al ver a Mariangela y al grupo, se acercó a saludarlos y se sentó a la mesa con ellos. Al tenerla tan cerca, los ojos de Astrid se llenaron de lágrimas de emoción; estuvo a punto de abalanzarse para abrazarla, pero se contuvo a duras penas.

—Perdón, señora... ¿nos conocemos? —preguntó Karina, mirándola con absoluto desconcierto.

—Yo... este... —balbuceó Astrid, apartándose un mechón de cabello con nerviosismo—. Soy... una amiga de la familia. ¡Qué bonita estás, Karina!

CONTINUARÁ...


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