CAPÍTULO 37: AMORES POR ACCIDENTE
En aquel club nocturno, Karina estaba feliz porque, finalmente, su gran sueño de convertirse en artista pop se había hecho realidad, mientras abrazaba con fuerza a Felipe. Mientras tanto, en un rincón, Christian miraba seriamente a Karina, y su novia Gisela le preguntó desconsolada:
—¿Sucede algo, Christian?
—Karina está contenta... —respondió él pensativo—. Vamos a hablar con ella...
—No, mejor no —se opuso Gisela.
—No creo que siga enojada con nosotros...
—Anda tú, entonces. Yo prefiero quedarme aquí.
—Tienes razón. Mejor vamos a sentarnos a tomar algo.
Mientras tanto, Karina conversaba con la señora Astrid, aún sin sospechar que era su verdadera madre:
—Bueno, Karina, te felicito...
—Gracias a usted, señora Astrid, por haber traído aquí a la señorita Yoli.
—La verdad, yo no sabía que Yoli iba a venir. Te lo juro, ¡su presencia fue solo una casualidad!
—Bueno, entonces fue una buena casualidad...
En ese momento intervino Ricardo, el tío de Karina:—Karina —le dijo—, ¿nos vamos ya?
—Sí, tío. Permíteme despedirme de Felipe y de su hermano...
Karina se retiró a un rincón para despedirse. Ambos se tomaron de la mano. Ricardo los miraba con celos, pero Marcela trataba de calmarlo:
—Ya, mi amor —le dijo—, deja tranquila a tu sobrina. Se nota que Felipe es un buen muchacho.
—Las apariencias engañan, Marcela. Además, su padre me confió cuidarla y no lo voy a defraudar.
—Tranquilo, todo va a estar bien —lo abrazó y lo besó ella.
Felipe y Karina se despedían:—Bueno, Felipe, fue una linda noche. Muchas gracias.
—De nada, Karina. Yo siempre la paso bien contigo.
—Gracias —contestó ella sonriente.
—Qué bonita eres, Karina —susurró Felipe, acariciándole con suavidad el rostro.
—Muchas gracias... Bueno, entonces, ya nos estamos hablando...
—Por supuesto...
Los dos se miraron fijamente a los ojos. Felipe se despidió dándole un tierno beso en la mejilla, y luego Karina hizo lo propio con Lucio, el hermano de Felipe. Karina se retiró junto a Ricardo y Astrid, mientras Lucio se quedaba conversando con su hermano:
—Hermano, te felicito —le dijo Lucio fascinado—. ¡Qué chica tan linda y encantadora es Karina!
—Así es, Lucio. A propósito, cambiando de tema, ¿cómo así tu esposa no quiso venir al lugar?
—Este... —respondió Lucio asustado—. Ella no pudo venir... Puso una excusa... tenía que atender el restaurante...
—¿Sucede algo, hermano?
—No, nada, todo bien... Todo bien en casa...
—Dime la verdad: ¿eres feliz en tu matrimonio?
—¿Yo? —dijo asustado—. ¡Por supuesto que soy feliz en mi familia! ¡Amo a mis hijos!
—¿Y a tu mujer?
Lucio se puso sumamente nervioso y no supo qué responder:
—Sí... sí... claro que quiero a mi cholita... la quiero... —balbució titubeante.
Felipe lo abrazó, decidió cambiar de tema y continuó disfrutando de la noche. Por su parte, Lucio buscó por todas partes a Beatriz, su amante, pero al no encontrarla en ningún lado, terminó retirándose más tarde junto a su hermano.
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Después de dejar a Astrid y a Marcela en sus respectivos hogares, Karina y Ricardo emprendieron el camino de regreso a casa:
—Tío, ¿qué tal te pareció la señora Astrid?
—Una mujer atractiva... elegante...
—No lo sé, pero desde que la vi sentí una afinidad extraña que me incita a confiar en ella...
—Uno siente cierta afinidad con ciertos tipos de personas. Es natural.
—Ah, pero eso sí, tío: ¡no le digas a papá que salimos con esa señora, por favor! ¡Confío en tu prudencia!
—No te preocupes, Karina, no le diré nada a tu padre... Y dime, ¿qué te pareció Marcela? ¿Está divina, no?
—Sí, tío, Marcela me pareció muy linda y elegante... ¡Te felicito!
—Gracias, sobrina —contestó Ricardo, intentando abrazarla, aunque Karina le advirtió que no se distrajera y mantuviera la vista al frente, concentrado en el camino.
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Por su parte, Christian llegó a la casa donde se hospedaba y se encontró en la puerta con su hermana Mariangela, quien conversaba con Marita mientras observaban a un niño jugar con sus amigos:
—¡Christian! —exclamó Mariangela—. ¡Qué temprano vienes! ¿Cómo estuvo el ambiente en la discoteca?
—Todo bien, hermanita. Y ustedes, ¿cómo han estado por aquí?
—Bien —contestó Marita—. No podemos quejarnos. ¿Y cómo está Gisela?
—Gisela está bien, les manda muchos saludos. Oigan, no van a creer a quién vi allá...
—¿A quién viste, hermano?
—A Karina... ¡Se paró frente al escenario y se puso a cantar! ¡Y qué lindo cantaba! —añadió fascinado.
Mariangela y Marita se intercambiaron una mirada cómplice.
—¡Un momento! —protestó Christian al notar la seña—. ¡No me gusta cómo se están mirando! ¡No es lo que están pensando!
—¿Qué crees que estamos pensando, hermano? —respondió Mariangela—. ¿Que Karina canta bien? ¡Pues eso ya lo sabíamos de antemano!
—¡No! ¡Yo sé hacia dónde va su jueguito! ¡Pero quiero que sepan que estoy muy bien con Gisela y yo la amo!
—Como si no te conociera, hermanito... —suspiró Mariangela—. Sé que en el fondo todavía quieres a Karina...
—¡Karina es una gran muchacha que canta muy bonito! ¡Además, ella ya tiene su compromiso! —replicó Christian a la defensiva—. Bueno, me retiro, mañana tengo que levantarme temprano para mi primera práctica con el equipo. Con permiso.
Christian se despidió de su hermana y de Marita, ingresó a la casa y se preparó para dormir.—Pobre —comentó Marita—. Estoy segura de que tu hermano sigue enamorado de Karina.
—Así es —asintió Mariangela—. Pero es tan orgulloso que no quiere aceptarlo. En fin, es su problema.
—Hablando de Karina... —señaló Marita—, ¡mira quién viene ahí!
Karina y Ricardo se acercaban para saludarlas.
—Quiubo —dijeron Marita y Mariangela—. ¿Cómo les fue? Por las caras que traen, parece que de maravilla.
—¡Requetésuperbién, Mariangela! —exclamó Karina emocionada—. ¡Imagínate que me llamaron a la «Noche de aficionados» y ahí mismo estaba la representante de una importante disquera! Le gustó mi voz y... ¡quieren contratarme como su próxima atracción! ¡Al fin voy a cumplir mi sueño de ser una estrella del pop!
—¡Qué bien! ¡Te felicito, Karina! ¡Yo sabía que tarde o temprano tendrías un golpe de suerte! —expresó Marita.
—La señora de la disquera es muy amiga de Astrid —añadió Karina—, aunque Astrid dice que su encuentro fue pura casualidad... pero yo no lo creo, siento que ella lo planificó todo.
—Te felicito, Karina —le dijo Mariangela con afecto—. Estoy muy feliz por ti, aunque te confieso que voy a perder a una vendedora muy eficiente... ¡Pero aun así me alegro muchísimo!
—Gracias, Mariangela, siempre tan amable conmigo. Ah, hoy conocí a la novia de mi tío Ricardo.
—¿Y qué tal es? —preguntó Mariangela con curiosidad.
—Es superdivina —respondió Karina—, ¡y lo mejor es que es requetebuenísima persona! ¡Me cayó súper bien!
—Pues me alegro por usted, Ricardo —comentó Mariangela—. Me da gusto que por fin haya encontrado a una mujer que valga la pena... Pensando en lo mucho que sufrió por aquella muchacha de San Andrés...
—Así es —respondió Ricardo haciéndose el desentendido—. ¡Pero lo de Paola ya es parte del pasado!
—Aunque usted quería mucho a esa mujer... —apuntó Marita.
—Sí —admitió él—. Y lo peor es que la volví a ver... Resulta ser ni más ni menos que la señorita Carolina Estévez, la novia de su jefe.
—Claro que lo sé —afirmó Mariangela—. Me acuerdo de que una vez usted la saludó llamándola «Paola» y ella lo miró muy nerviosa... Pero al menos ya pudo olvidarla.
Ricardo esbozó una sonrisa fingida, tratando de mostrarse complacido como si realmente hubiera superado a Carolina. Sin embargo, muy en el fondo de su interior, todavía la amaba. Y por su parte, la señorita Carolina Estévez se retorcía de coraje al enterarse de que su amiga Marcela era novia de Ricardo, el único hombre que había amado de verdad.
+++
Al día siguiente, en la fábrica, Karina conversaba con Mariangela y las demás empleadas cuando Facundo pasó cerca; apenas las saludó, se dirigió a la secretaría y le dio unas órdenes a Marita.
—Jefe... —lo detuvo Marita—. Perdón que me meta en sus asuntos personales, pero ¿está usted seguro de que quiere a la señorita Carolina Estévez?
—Sí, claro, Marita. Yo quiero a la señorita Carolina Estévez...
—¿Y Mariangela? ¿Acaso ella ya no significa nada para usted?
Facundo se quedó impávido ante la pregunta directa de Marita.
—Lo de Mariangela fue solo un capricho...
—No, jefe, yo lo conozco muy bien y sé que a quien quiere realmente es a Mariangela. No sé por qué extraña razón se aferra a esa tal Carolina, cuando la única que siempre lo ha querido de verdad es Mariangela.
—Tengo que trabajar... Con permiso —respondió en tono esquivo.
Aun así, Facundo se quedó pensativo procesando las palabras de Marita. Miró a Mariangela dirigirse a su oficina y sintió el impulso de acercarse a besarla, pero se contuvo y prefirió encerrarse en su despacho. Poco después, un empleado le avisó a Marita que la persona encargada de los almuerzos había renunciado, por lo que ella decidió consultarlo con el jefe.—Conozco a un muchacho —sugirió Mariangela—. Karina lo conoce porque sale con su hermano, voy a llamarla.
Mariangela llamó a Karina para que hablara con el jefe, y la joven decidió comunicarse por teléfono con Lucio:
—¡Karina! ¡Qué sorpresa! —exclamó Lucio al otro lado de la línea—. ¿Buscas a mi hermano? Te aviso que no está.
—No, Lucio —aclaró ella—. Te estoy buscando a ti. ¿De casualidad conoces a alguien que prepare almuerzos? Es que la señora encargada renunció y necesitamos un reemplazo con urgencia.
—¡Claro que sí! Conozco a alguien que les puede ayudar... ¡Yo! ¡Yo puedo prepararles el almuerzo a toda esa gente!
Contenta, Karina le agradeció y le pasó la llamada a Facundo para que se pusieran de acuerdo con la comida. De esta manera, Lucio quedó en acudir a la fábrica a llevar los alimentos... y reencontrarse nuevamente con Karina.
CONTINUARA...







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