CAPÍTULO 45: AMORES POR ACCIDENTE
Rebeca sirve el almuerzo a los demás, cuando en ese momento se acerca Mariangela con Marita.
—¿Qué pasó con Lucio, el muchacho que nos servía los almuerzos? ¡Tan simpático que era! —dijo Marita.
—Es mi esposo —dijo Rebeca—, y está muy enfermo.
En realidad, ella lo botó de la casa luego de que descubrió su infidelidad con otra mujer.
—¡Pobrecito! —dijo Marita—. ¡De todo corazón, dile que se mejore!
—Se lo diré —dijo Rebeca en tono fingido—. A propósito, ¿ustedes saben algo de Karina?
—Karina está trabajando en este momento —dijo Mariangela.
—Ella es muy amiga de mi cuñado Felipe —dijo Rebeca.
—Sí, lo conocemos —dijo Marita—. Muy buen muchacho.
—Es maravilloso —dijo Rebeca con desmesurado orgullo.
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En ese momento se aparece Hamilton, chófer de Facundo, quien se acerca a donde está Rebeca y se queda impresionado por su belleza.
—Buenas tardes —dijo Hamilton—. Creo que la cosa está mejorando en esta fábrica.
Rebeca sonríe coquetamente.
—Cuidado, Hamilton —dijo Mariangela—. La muchacha es casada.
—No me molesta en absoluto —dijo Rebeca, mirando a Hamilton con fascinación—. Soy separada.
Marita y Mariangela se quedan mirándose entre sí, extrañadas.
—Y tú —prosigue Rebeca—, ¿quién eres y a qué te dedicas?
—Yo soy Hamilton —responde Hamilton—. Soy el guardaespaldas del señor Facundo Altamirano.
—...y su chófer —aclaró Marita.
—Claro, yo también le manejo al jefe —dijo Hamilton.
—Tengo entendido que los escoltas no manejan —dijo Rebeca.
—Hay que estar preparado para todo —dijo Hamilton—. Siempre es bueno servir al jefe.
En ese momento viene Gisela.
—¡Tengo hambre! —exclama Gisela—. ¡Sírvanme algo de comer!
—Se dice "por favor", Gisela —intervino Mariangela.
—¡No estoy hablando contigo, Mariangela! ¡Cállese! —dijo Gisela—. ¡Se me quitó el hambre! ¡Me voy! Vámonos, Hamilton... ¡No soporto estar aquí!
—Sí, señorita Gisela.
Gisela se retira con Hamilton de la fábrica, mientras que Mariangela comenta con Marita sobre la reacción de Gisela.
—Esa Gisela se ha vuelto una malcriada —dijo Marita—. ¿Qué le pasará? Seguro la está pasando mal con tu hermano.
—Se lo tiene bien merecido —dijo Mariangela— por haber hecho sufrir a la pobre Karina. El que la hace, la paga.
—¿Ella es la chica por la que su novio dejó a Karina? —intervino Rebeca—. No es por nada, pero Karina es mucho mejor.
—¡Karina es mil veces mejor que esa recogida! —intervino Marita—. ¡Deberías darle unas buenas nalgadas, Mariangela, tú que podrías ser su madrastra! Bueno, digo, por lo que estás con el padre...
—Todavía no es oficial, Marita —dijo Mariangela—, pero estoy cerca. Cada día que pasa, Facundo se está fijando en mí.
—¡Así se habla, Mariangela! —dijo Marita—. ¡Espero que se olvide de la bruja esa de Carolina Estévez!
—La señorita Estévez está ocupada en otros asuntos —dijo Mariangela—. Ya no representa una amenaza.
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Para alivio de Mariangela, Carolina Estévez se acerca a hablar con Facundo en su despacho y le habla con sinceridad.
—Facundo, mi amor, quiero decirte una cosa...
—¿Qué es lo que quieres decirme, señorita Carolina Estévez?
—Quiero que nos separenos.
—¿Estás segura? —dijo atónito.
—Así es. Resulta que el abogado que me contrataste —tú sabes, por lo de mi hijo— me aconsejó que debería tener una relación estable para tener más opciones de ganar la tutela, y yo preferí hacer mi vida con Ricardo, el padre de mi hijo.
—¿Y Ricardo qué opina de todo esto?
—Está de acuerdo. Él siempre estuvo muy enamorado de mí.
—¿Y tú? ¿Estás enamorada de Ricardo?
Carolina se queda callada de repente, pero pronto dio contestación a la pregunta de Facundo.
—Sí, Facundo. Amo a Ricardo con todo mi corazón.
—Entonces, adelante. Si es tu felicidad, no puedo interponerme a ella.
—Gracias, Facundo. Tú eres todo un caballero. Espero que seas feliz.
—De nada, Carolina.
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Facundo y Carolina se despiden amigablemente con un beso en la mejilla. Ella se retira de la oficina y Facundo va al comedor a almorzar, donde se encuentra con Gisela y el inseparable Hamilton.
—¡Hija! ¿Qué sucede? —dijo Facundo—. Te noto algo enojada.
—Son los nervios del trabajo, papá. No te preocupes —dijo Gisela—. Voy a salir un rato con Hamilton. ¿Me das plata?
—Claro que sí —dijo Facundo—. ¿Cuánto quieres?
—Unos 200.000 pesos —dijo Gisela con mirada interesada, mientras Facundo le entrega el dinero.
—¿Puedo ir con ustedes? —intervino Carolina.
Gisela acepta. De inmediato se despiden de Facundo y se dirigen a pasear en auto.
—¿Sucede algo, Gisela? —dijo Carolina—. Ahora sí puedes contarme lo que sucedió.
—Es esa Mariangela García... ¡Siempre metiéndose en todo! ¡No la soporto! ¡Espero que no sueltes a papá! Esa trepadora es capaz de quitártelo.
—¡Por mí, que la tenga, Mariangela! Yo ya no estoy con tu padre.
—¿Estás loca? —dijo Gisela atónita—. ¡Cómo se te ocurre que vas a entregarle a Mariangela todo tan fácil!
—Me lo pidió mi abogado —dijo Carolina—. Él me pide que, para recuperar a mi hijo, debo tener una relación estable, y yo preferí hacer mi vida al lado de Ricardo Duarte.
—¿Ricardo Duarte? ¿El tío de Karina? ¡Pero si es un muerto de hambre!
—Comprendí que, a pesar de todo, lo quiero. Más aún ahora que es un exitoso contador.
—Dicen que el amor es ciego, pero bueno, si eres feliz con él, yo nada puedo hacer.
—Gracias, Gisela. A propósito, ¿cómo te va con Christian?
—Más o menos. Cada vez lo veo menos desde que está jugando para ese equipo de fútbol, pero él no ha podido olvidar a la tal Karina... ¡Y eso me enoja cada vez más!
—¡Bah! Karina no está interesada en él. No tienes nada que temer. Realmente te preocupas por nada.
Gisela no está del todo convencida porque, dentro de su corazón, sabe que su amor no es del todo correspondido.
+++
Esa misma tarde, Christian, durante los entrenamientos, pide licencia para salir un rato a comprar. Al pasar por una librería, se encuentra con su destino: Karina.
—¿Karina? ¿Qué estás haciendo aquí? —dijo Christian atónito.
—Estoy trabajando, pues —dijo Karina enojada—. Y, con tu permiso, estoy muy ocupada.
—¿Por qué eres así conmigo, Karina? Solo estoy siendo amigable contigo.
—¡Pues no me interesan tus atenciones! ¡Vete con tu Gisela si eres feliz con ella y déjame tranquila!
—Gisela ha sido el peor error de mi vida, porque comprendí que a quien quiero realmente es a ti, Karina. Te amo.
—¡Pues yo no te quiero!
—Estás dolida. Te entiendo claramente y te pido mil disculpas por el daño que te hice.
—Demasiado tarde.
—¿Por qué? ¿Hay alguien en tu vida?
En ese momento aparece Felipe con un ramo de rosas en la mano.
—¡Felipe, mi amor! —dijo Karina, dándole un beso en la boca—. ¡No te hubieras molestado! ¡Están divinas las rosas!
—Gracias... Karina —dijo Felipe atónito.
—Christian, creo que ya conoces a Felipe —dijo Karina—: mi novio.
Christian se queda atónito, no sabe qué decir y, entonces, da media vuelta, compra lo que tenía que comprar y se retira de la librería.
—Karina —dijo Felipe—, ¿por qué le dijiste a Christian que yo era tu novio? Tú sabes que eso no es verdad.
—Lo sé, y te pido disculpas, pero es que tengo que alejarme completamente de él. Su presencia me hace mucho daño.
—Entonces, ¿qué dices? Esto no tiene por qué ser una mentira.
—¿A qué te refieres, Felipe?
—A que tú y yo podemos estar juntos, como dos enamorados.
—¡No tan rápido, Felipe! ¡Lo nuestro no puede ser!
—¡Pero si te recostaste en el amor de tu vida diciendo que yo soy tu novio!
—No puedo amarte, Felipe, compréndeme.
—Dame una oportunidad, Karina. Yo sé que tú me puedes amar.
—Mi corazón no puede amar a nadie. Lo siento. Y discúlpame, tengo que seguir trabajando.
Karina se retira de la vista de Felipe, quien queda cada vez más confundido.
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Rato después, Christian llama a su celular a Gisela y habla con ella.
—Gisela, mi amor, tengo que hablar urgente contigo. ¿Dónde estás?
—Estoy aquí en el club con Carolina. Si es urgente, puedes decírmelo ahora.
—Tengo que decírtelo en persona.
Christian se dirige al club y se encuentra con Gisela y con la bella Carolina Estévez, quienes están en la piscina. Ambas exhiben sus cuerpos con atrevidos trajes de baño, acaparando miradas.
—¡Christian! ¿Qué vienes a hacer aquí?
—Karina no significa nada para mí, mi amor —dijo Christian, tomando sus manos—. Ya nada se interpone entre los dos; ahora tú y yo podemos ser felices.
—Oh, Christian, pensé que no me lo dirías.
Entonces los dos se dan un dulce beso en la boca, mientras Carolina Estévez los mira dichosa. Pero en ese momento se acercan Facundo y Mariangela.
—¡Qué hace esta mujer aquí! —exclama Gisela, mirando con desprecio a Mariangela.
—Gisela... hija... yo... —dijo Facundo tiritando de miedo.
—¡No quiero verte junto a esa mujer! —exclama Gisela.
—¡Gisela! —intervino Christian—. ¡Esa mujer, como le llamas, es mi hermana, y te pido que la respetes!
—¡Pues es una oportunista! —exclama Gisela.
—¡Cállate, Gisela! —dijo Christian—. ¡Te prohíbo que hables de esa manera de mi hermana! Si la conocieras mejor, te darías cuenta de que es una mujer admirable.
—Pensé que me querías, mi amor —dijo Gisela sorprendida.
—Y te quiero, pero no me gusta que se metan con mi hermana, porque es lo único que tengo.
—Perdóname, mi amor —dijo Gisela—. Bueno, me retiro. ¿Me acompañas, Carolina?
Gisela y Carolina se retiran rumbo a las duchas.
—Christian —dijo Facundo—, debes perdonar a mi hija. Ella se pone celosa, tú sabes, tantos años separados.
—Tiene razón, don Facundo, pero eso no la justifica para que hable de esa manera de mi hermana.
—Mi amor —le dijo Facundo a Mariangela—, creo que deberías tratar de ganarte a mi hija.
—Lo intentaré, Facundo... mi amor.
—¿Mi amor? —dijo Christian—. ¿De qué están hablando ustedes?
—Christian, hermano —dijo Mariangela, abrazando a Facundo—, Facundo y yo... ejem... somos novios.
Christian no dice nada y se retira de la vista de ambos, dejando atónito a Facundo.
—¿Le pasa algo a tu hermano, Mariangela?
—No pasa nada, mi amor. Ya se le pasará.
Entonces ambos juntan sus labios hasta fundirse en un beso.
CONTINUARÁ...

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