CAPÍTULO 46: AMORES POR ACCIDENTE
Mariangela se besa con Facundo como dando comienzo a su noviazgo. Era obvio que se aman mucho y quieren dar rienda suelta a su amor.
—Te amo, Mariangela. Puedes llamarlo una trampa del destino, pero lo cierto es que, cuando estás a mi lado, me siento un hombre renovado, con ganas de vivir.
—El destino nos juntó, Facundo, y ahora finalmente estamos juntos.
Se besan nuevamente.
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Por su parte, Carolina Estévez se dirige al vestier de damas con Gisela.
—¡Aún no puedo entender que, después de tanto luchar por el amor de papá! —dijo Gisela—, ¡se lo hayas entregado así como así a los brazos de la oportunista de Mariangela!
—Mariangela podrá ser oportunista, pero hay que reconocer que la compañía está mucho mejor con ella. Y, como mujer de negocios, me conviene que la fábrica, que es mi inversión, rinda buenos frutos.
—Y dime, ¿quieres realmente al tal Ricardo?
—Te podrá sonar extraño, pero desde siempre he estado enamorada de él. Simplemente no quería admitirlo.
—¿Y desde cuándo te das cuenta de todo, si se puede saber?
—Desde que volví a ver nuevamente a Juanito, mi hijo. El hijo que tuve con él. Me impresioné mucho, pero a partir de ahí comprendí que el amor de mi vida es Ricardo.
—¿Y lo hubieras querido si aún hubiera sido taxista? —inquirió Gisela.
Carolina se queda callada, después cambia la conversación y decide invitar a Gisela a tomar un refresco.
—A propósito, Gisela —dijo Carolina en tono burlón—, ¿sabes quiénes podrían ser nuestros padrinos de bodas? Pues Facundo y Mariangela.
Gisela la mira muy seria, pero no le hace caso.
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Mientras tanto, Ricardo, pensando en la petición de Carolina, se reporta a trabajar en la empresa de Marcela como su contador.
—Hola, Marcela, ¿cómo has estado? —pregunta con frescura.
—Bien, gracias. ¿Cómo te ha ido con Carolina? —responde en tono irónico.
—Voy a casarme con ella.
—¿Estás hablando en serio?
—Sí, Marcela. Voy a casarme con Carolina.
—Pero, ¿y lo nuestro? —pregunta atónita.
—Nuestro amor crece día a día.
—Entonces, ¿por qué piensas casarte con Carolina?
—Es un acuerdo con el abogado de Carolina para recuperar a nuestro hijo.
—No entiendo nada.
—Carolina y yo tuvimos un hijo hace mucho tiempo, pero los padres de ella lo entregaron en adopción a una familia. Ahora, después de mucho tiempo, Carolina volvió a encontrar al niño y a su verdadera madre y, como notó que se había divorciado, entonces piensa quitárselo. Ahora bien, el abogado le recomendó que, para ganar el pleito, ella tuviera una relación estable con alguien, y ambos acordamos casarnos para criar a nuestro hijo.
—Pero tengo entendido que Carolina es novia de Facundo. ¿Por qué no le hizo la consulta a Facundo, entonces?
—Porque yo soy el padre biológico del niño. Además... ejem... no he podido olvidar a Carolina.
—¡No puedo creerlo! —exclama indignada—. ¡Antes, cuando eras un taxista, Carolina ni te miraba! ¡Ahora que eres contador, te pide que se casen y vuelvan a estar juntos!
—Antes no tenía los medios para mantener a mi hijo.
—A mí se me hace todo esto muy raro. Es inaudito lo que le hacen a esa mujer que ha criado a esa criatura.
—Esa criatura, como la llamas, es nuestro hijo.
—¿Cuántos años tiene ese niño?
—Va a cumplir ocho años el próximo mes.
—¿Ves? Esa criatura ha vivido toda su vida con esa mujer como su madre. Le ha dado amor, cariño, comprensión.
—¡Pero no es la madre! ¡Además, necesita del amor y cariño de una familia! Por alguna razón su esposo la dejó sola y con esa criatura.
—Y ustedes la van a dejar sola y sin ese niño que tanto ha criado.
—¿Dónde está Carolina? Necesito hablar con ella en este momento.
—No lo sé. Debe estar en el club.
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Marcela se dirige con Ricardo al club, y es allí donde encuentran a Carolina y a Gisela. Ellas todavía continúan platicando por las instalaciones del club, tomando una deliciosa ensalada que les ofrecía el salad bar.
—Carolina —dijo Marcela—, necesito hablar contigo...
—¿Qué quieres decirme, Marcela? —dijo Carolina—. Cualquier cosa, tienes que decírmelo frente a Gisela.
—Me acabo de enterar de que te vas a casar con Ricardo...
—Así es, me caso con Ricardo. Disculpa por no haberte dicho nada. Fue todo tan de repente.
—Pues no me gusta la manera en que tratas a esa mujer al quitarle a su criatura.
—¡Ese niño es mi hijo! ¡Y merece estar conmigo y con su verdadero padre!
—¿Después de tanto tiempo te acuerdas de tu hijo? ¡Un hijo que tú abandonaste!
—¡Esto no te incumbe! ¡Lo que pasa es que estás celosa de que Ricardo me quiera a mí! —dijo Carolina.
—¡Ya basta! —dijo Gisela—. ¡No discutan más! ¡Estamos en un lugar público!
—Tienes razón, Gisela —dijo Marcela—, pero tienes que saber quién es realmente Carolina Estévez.
—¿A qué te refieres, Marcela? —dijo Gisela con extrañeza.
—A que la señorita Carolina Estévez me pidió que investigara intensivamente todo sobre tu vida en el Perú. Sabemos de tu trabajo en el Bembos, de tu padrastro el famoso estibador... ¡¡¡Todo!!!
—¿Es eso verdad, Carolina? —pregunta Gisela impresionada.
—No es lo que piensas, Gisela... —dijo Carolina asustada.
—¡Con qué derecho te atreves a espiar mi vida privada! —exclama Gisela—. ¿Acaso no crees que yo pueda ser una farsante y ser hija de Facundo Altamirano? ¡Pues te equivocas! ¡Yo sí soy hija de Facundo Altamirano!
—Tienes que comprender, Gisela —dijo Carolina—. Al principio desconfié de ti. Como sabes, Facundo es una persona importante y había que averiguar todo.
—¡Mientes! —exclama Marcela—. ¡No le creas nada, Gisela, Carolina solo lo hizo para chantajearte!
—Me mejor me voy... —dijo Gisela, tirando la servilleta y retirándose del restaurante.
En ese momento se encontró con Christian, su novio, y decide retirarse con él hasta su apartamento, en donde se quedan hasta altas horas de la noche, cuando Christian regresa a su casa.
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Esa noche, Christian platica con su hermana Mariangela sobre lo ocurrido en el club.
—Mariangela, ¿es verdad que Facundo y tú son novios?
—Así es, Christian. Disculpa nuestra decisión, pero comprendimos que no podemos vivir el uno sin el otro. ¿No te alegras, hermano?
—Claro que sí, hermana. Te felicito. Don Facundo es una buena persona y creo que vas a ser feliz a su lado.
—Gracias, hermanito.
Los dos hermanos se abrazan fraternalmente.
—Pero dime, ¿cómo te ha ido con la hija de Facundo?
—¿Gisela? Pues te digo que todo está más o menos. Creo que está confundida y deberías hablar con ella.
—Trataré, aunque te confieso que será difícil dialogar con Gisela. Yo no soy santo de su devoción.
—Sé que todo irá para bien. A propósito, ¿sabes algo de Karina?
—Karina está bien, trabajando mucho y vendiendo mucho también.
—Me alegra escuchar eso. Mándale mis saludos.
—Le haré presente. Pero dime, ¿por qué tanto interés en ella así de repente?
—Porque me di cuenta de que amo a Karina, pero ya es demasiado tarde. Ella se ha comprometido con el tal Felipe.
—¿Karina y Felipe están juntos?
—Así es. Ella misma me lo dijo frente a él. Bueno, yo no haré nada y la dejaré vivir su vida.
—Has hecho lo correcto, hermano. Te felicito.
Mariangela consuela a Christian y después le dice para retirarse juntos a dormir, pues mañana les tocaba un día pesado de trabajo para Mariangela y de entrenamientos para Christian.
+++
Al día siguiente, camino al trabajo, Mariangela conversa con Karina.
—Karina, ¿es verdad que estás de novia con Felipe?
—¿Quién te dijo eso, Mariangela?
—Me lo dijo Christian.
—Pues... a ti no puedo mentirte, Mariangela, pero la verdad yo no estoy con Felipe. Se lo dije a Christian para que me dejara tranquila, porque me paraba acosando a cada rato con eso de que me quería. Perdóname, Mariangela.
—No te preocupes. Entiendo tus razones. Pero ¿por qué no quieres estar con Felipe?
—Porque no he podido olvidar a Christian... ¡Lo amo! Pero me ha hecho tanto daño que no puedo volver con él.
—Es cierto que te afectó su traición, pero no te preocupes. ¿Por qué no le das una oportunidad a Felipe? Es un buen muchacho y te quiere.
—Lo intento, Mariangela, pero la imagen de Christian se hace cada vez más fuerte. Por favor, no le digas nada a Christian, quiero que él piense que estoy con Felipe y soy muy feliz.
—Está bien, no le diré nada, pero me pones en un aprieto. Christian es mi hermano y me sentiría mal si no le contara la verdad, pero por otro lado está tu tranquilidad.
—Gracias, Mariangela.
Karina abraza fuertemente a Mariangela. En ese momento se aparece Astrid.
—Karina... —dijo Astrid—. ¿Por qué no has venido a la audición? Te estaba esperando nuestro productor.
—No quiero saber nada que tenga que ver con usted... señora.
—No seas así, Karina —dijo Astrid—. Yo soy tu madre.
—Una madre que me abandonó —dijo Karina.
—Disculpen —intervino Mariangela—. Creo que tienen que hablar a solas. Yo me retiro. Permiso.
—Mariangela... —dijo Astrid, deteniéndola un rato—. Gracias por cuidar a mi hija.
Mariangela sonríe y se retira de ambas.
—Apúrese, señora, que tengo que ir a trabajar...
—No te tomaré mucho tiempo, Karina, pero quiero decirte que no descuides tu gran oportunidad solo porque estás enojada conmigo. Entiendo tus razones y no te las discutiré. Es tu oportunidad de lograr tu ansiado sueño y no la debes desaprovechar. Sé que no he sido una buena madre al abandonarte sola...
—Nunca estuve sola, señora. Tengo a mi tía Etelvina, a mi tío Ricardo, a mi papá, y ahora a Mariangela, a Marita y, por supuesto, a Felipe.
—¿Y lo quieres a ese muchacho, Felipe?
—Sí, claro, lo quiero mucho.
—¿Y a Christian?
Karina se queda impávida por la pregunta de Astrid. No pensaba que le iba a preguntar por Christian.
—Pero... —dijo Karina—, ¿cómo sabes de Christian?
—Lo conocí una vez. Se nota que te quiere mucho.
—No lo creo. Él está de novio con otra muchacha.
—Pero no creo que él quiera a esa muchacha como él te quiere a ti. Vamos, Karina, no cometas el mismo error que cometí hace tiempo: estar con un hombre para olvidarte de otro. Sigue tu corazón y aprende a perdonar y entender a las personas. Bueno, me despido, veo que estás ocupada.
—Todavía puedo esperar un rato más... mamá —dijo Karina, mientras Astrid llora de la emoción por ser llamada mamá.
CONTINUARÁ...

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