CAPÍTULO 48: AMORES POR ACCIDENTE

CAPÍTULO 48: AMORES POR ACCIDENTE

Facundo se queda impresionado al ver a Paula Andrea Gaviria, la periodista, mientras que Mariangela la miraba celosa.

—Señorita —dijo Facundo emocionado—, ¿en qué la puedo servir?

—Mucho gusto, señor Altamirano. Me llamo Paula Andrea Gaviria, soy reportera de la revista Personalidades y vengo a hacerle una entrevista a usted.

—Paula Andrea es una excelente periodista —intervino Carolina—, lo digo yo, que la conozco bien.

—¿Cómo así se conocen? —pregunta Facundo, mirándola fascinado.

—Nos conocimos en la universidad —dijo Paula Andrea risueña.

—Ella era muy inteligente y estudiosa —bromea Carolina.

—¡Ya basta! —interviene Mariangela—. ¡Déjense de estar hablando tonterías, que hay que trabajar!

—Mariangela, mi vida, tranquilízate. Nos estamos tomando un descansito, ¿verdad, chicas?

—Claro que sí —dijo Carolina—. Además, quiero que hablemos sobre mi boda con Ricardo Duarte, y por supuesto, Mariangela y tú, Facundo, están invitados a ser los padrinos.

—Gracias por la confianza —dijo Facundo—, pero no creo que debamos ir...

—Pero si cuento contigo, ¿verdad, Paula Andrea? ¿Vas a ir a mi boda?

—¡Por supuesto, Carolina! ¡Allí estaré!

—¡Qué lástima que no puedan ir a mi boda! —dijo Carolina a Facundo y Mariangela—. ¡La van a pasar rico!

—Sí, es verdad —responde Mariangela.

—Bueno, señor Altamirano... —intervino Paula Andrea.

—Dime Facundo, por favor —dijo en tono cariñoso, enojando mucho más a Mariangela.

—¿Cuándo podemos hacer la entrevista?

—Cuando gustes. Por supuesto, tiene que ser junto con mis dos grandes amores después de mi madre: mi hija Gisela y la señorita aquí presente, Mariangela García, mi novia y mi mano derecha en la empresa.

—¡Por supuesto que sí, Facundo! ¡Tu hija y tu novia pueden ser parte de la entrevista! Bueno, mucho gusto, Mariangela.

+++

Paula Andrea estrecha la mano con Mariangela.

—El gusto es mío —responde Mariangela, y luego le habla a Facundo—. Bueno, permiso, amorcito, tengo que seguir trabajando.

—Te acompaño, Mariangela —dijo Facundo dándole un beso en la boca.

Se retiran los dos enamorados y se dirigen a la oficina de Mariangela. En la oficina, ella lo encara:

—Facundo, mi amor, ¿por qué de repente eres tan amigable con esa muchacha?

—Solo quería ser amable, mi amor.

—Pues no me gusta que mires a otra mujer que no sea yo —dijo Mariangela—. Yo quiero ser la única mujer en tu vida.

—Y lo eres, mi amor. No te preocupes.

Los dos se besan.

+++

Mientras tanto, Carolina le muestra la fábrica a Paula Andrea.

—¡Oye, Paula Andrea! —dijo Carolina—. ¿Viste cómo se puso esa Mariangela cuando Facundo te habló amigablemente?

—Sí, y la verdad me sentí muy incómoda con la señora.

—¡Bah! ¡Se lo tiene bien merecido! ¡Eso le pasa por andar quitando novios!

—¿A qué te refieres, Carolina?

—¿Cómo? ¿Eres periodista y no sabes que fui novia de Facundo Altamirano y que nos íbamos a casar?

—Claro que sí, lo sé, pero como ahora te vas a casar con otro...

—Ah, sí, me caso con el hombre más maravilloso que he visto en mi vida.

—Veo que estás muy enamorada. Pues te felicito.

—¡Gracias! Pero dime —se acerca a hablarle al oído—, ¿te gusta Facundo?

—Me parece un hombre atractivo e interesante, pero la verdad él ya está comprometido. No puedo hacer nada.

—Entonces, si Facundo no estuviera con Mariangela, tú podrías estar con él.

—Puede ser, Carolina. Puede ser.

Por su parte, aparece Rebeca, la señora de los almuerzos, y es recibida por Caty.

—Mmm... —dijo Caty con frivolidad—. ¡Qué bien huele! ¡Qué cosa rica vas a preparar! ¿Algo de tu país?

—¡Vaya, Caty! —dijo Rebeca cargando las ollas de comida—. ¡Sé que te mueres por el lomo saltado que preparo!

—¿Y tu esposo? ¿Sigue en el restaurante?

—Ay, Caty, ya que somos amigas, no creo que deba haber secretos entre nosotras: Lucio y yo nos separamos.

Caty hace una mirada malévola que Rebeca no llega a notar.

—¡Ay, qué lástima! ¡Pobrecita!

—¡El muy desgraciado me engañaba con otra tipa, y yo haciéndome amiga de esa condenada! ¡Pero ya verá él! ¡No vuelve a pisar un pie en mi casa!

—Y ahora, ¿quién se va a hacer cargo del restaurante?

—Bueno, nuestros empleados se están haciendo cargo a esta hora. Son de confianza. Felipe también ayuda cuando no tiene que ir a la universidad.

—¿No será mucho trabajo? Cualquier cosa, yo estaría dispuesta a ayudarte.

—Gracias, amiga mía.

Rebeca recibe la mano fraternalmente de Caty. Pero en ese momento aparece Hamilton, quien la mira haciendo esfuerzo con las ollas y bolsas de comida.

—¡Rebeca! ¡Cómo has estado! —dijo Hamilton—. ¡Por favor, déjame ayudarte!

—Gracias, Hamilton, tú siempre tan galante.

—De nada, Rebeca —dijo, mirándola fascinado.

Caty hace una mirada maliciosa.

—Más bien creo que me tienes que disculpar por lo de ayer...

—No te preocupes, Rebeca. Más bien me sentí impotente por no reaccionar a tiempo, pero creo que hubiera sido una imprudencia de mi parte.

—La intención es lo que vale, Hamilton.

Hamilton y Rebeca se miran fijamente a los ojos sin decirse nada, mientras Caty observa con malicia.

+++

Después de trabajar, Caty se dirige a la casa de Rebeca —donde también está ubicado el restaurante— y en el camino se encuentra con Felipe, el hermano de Lucio.

—Hola, Felipito, ¿cómo has estado? —dijo Caty en tono coqueto.

—Estaba bien hasta que llegaste...

—Pero, ¿por qué eres así conmigo, Felipito? ¡Si yo solo quiero ser tu amiga!

—¡Pues no me interesa tu amistad! ¡Y por favor, retírate, que voy a salir con Karina!

—Sigues insistiendo con esa Karina... ¡Por favor, cuándo te vas a dar cuenta de que esa Karina nunca te va a querer! ¡Nunca ocuparás el lugar que ella siente por Christian!

—¡No importa! ¡Yo haré que Karina me quiera! ¡Y lo primero que haré cuando sea mía es alejarla de malas amigas como tú!

En ese momento, ella se enoja y lo toma de las ropas.

—¡Oye! ¡Tú le dices algo a Karina y yo te mato! —Lo suelta y le hace una caricia—. ¡No te portes así conmigo, Felipito, yo solo quiero tu más grande amor!

Felipe se suelta justo en el momento en que llegan Hamilton y Rebeca.

—¡Caty! —dijo Rebeca—. ¡Veo que has decidido visitarnos! Mira, Hamilton ha venido a saludarnos.

—Hola, Hamilton —dijo Caty—. ¿Y qué pasó con la hija del jefe?

—Bien. No me necesitaban por el resto del día y por eso me dieron libre —dijo Hamilton.

—...y como Rebequita estaba solita, le viniste a hacer compañía, ¿verdad? —inquirió Caty.

—Bueno —intervino Rebeca—, no es lo que estás pensando. Hamilton es solo un buen amigo.

—Así es —afirmó Hamilton.

—Oye, Hamilton —dijo Caty—, ¿verdad que tú trabajaste como agente de investigaciones en el DAS?

—Así es —respondió Hamilton—. Yo era investigador, pero era un trabajo arriesgado y tuve que dejarlo. Fue entonces cuando decidí trabajar para el señor Altamirano. Bueno, permiso, creo que me retiro.

Hamilton le da un beso en la mejilla a Rebeca, ella se ruboriza y se vuelven a mirar fijamente a los ojos. Se despide de Caty, mientras Felipe le pregunta a Hamilton si podría llevarlo en su auto a ver a Karina. Hamilton acepta.

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Mientras maneja, Hamilton entabla conversación con Felipe:

—Así que vas a salir con la señorita Karina. Muy buena chica, te felicito.

—Gracias, señor Hamilton. Pero lo que no me gusta es esa tal Caty. ¡Me parece tan falsa!

—A mí tampoco me gusta, pero ¿qué se le va a hacer?

—Me gustaría desenmascararla frente a Karina para que se dé cuenta de la clase de amiga que es.

—Puedes grabarla en el momento en que habla mal de Karina, o tal vez filmarla. Pero tienes que ganarte su confianza.

—No es mala idea. ¡Gracias, señor Hamilton!

Entonces Felipe comienza a poner en marcha su plan para desenmascarar a Caty, sin saber que ella tiene un as bajo la manga.

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En casa de Marita, ella conversa con su inseparable amiga y compañera Mariangela.

—¿Ha llamado Facundo? ¿No iban a salir esta noche? —dijo Marita.

—No, quedamos en salir este viernes —dijo Mariangela—. ¡Pero no has visto cómo esa coqueta miraba a Facundo!

—Ya, Mariangela, no seas celosa. La muchacha solo quería una entrevista con Facundo y, si no me equivoco, acordaron hacerla contigo y con Gisela.

—Pero así empiezan las infidelidades... ¡Y yo no soportaría que Facundo me engañe con otra mujer!

—Facundo te quiere. No seas insegura. Parece que te estuvieras ahogando en un vaso de agua.

En ese momento tocan la puerta. Marita se dirige a abrir y es una muchacha que, después de mucho tiempo, viene a visitarla.

—¡Mariana! —exclama Marita—. ¡Qué milagro que vienes a visitarnos! Mira, te presento a una amiga mía: Mariangela García. Es chilena y está viviendo aquí en Colombia.

Mariangela saluda a Mariana.

—Mucho gusto —dijo Mariana—. Me llamo Mariana Smith.

—Pero dime, Mariana —dijo Marita—, ¿qué ha sido de tu vida? ¿Sigues con ese francés tan apuesto?

—Terminé con él hace mucho tiempo. ¡Todo por culpa de esa...! A propósito, ¿sabes algo de Karina?

—Karina está bien —dijo Marita—. Ahora trabaja con nosotros en la fábrica como vendedora. Pero, ¿sigues enojada con ella? Ustedes eran muy buenas amigas.

—¡Peleamos todo por culpa de esa...! —dijo Mariana enojada.

—¿Esa? ¿De quién estás hablando? —preguntó Marita.

—De esa dizque amiga que tiene... la tal Caty. Es una falsa e hipócrita.

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Marita se queda impresionada y le pide una explicación. Mariana le cuenta todo:

—¡No puedo creerlo! —exclama Marita—. ¡Tan decente que parecía la tal Caty!

—Es una mujer de cuidado —dijo Mariana—, pero Karina se niega a aceptar la verdad y le cree a Caty.

—A mí nunca me cayó bien la tal Caty —intervino Mariangela—, así es que te creo. Karina tiene que saber la verdad.

—Me cuesta creerlo —dijo Marita—, pero siempre dudé de Caty. Sin embargo, ¿quién le cuenta a Karina la verdad? A ella le va a doler mucho si se llega a enterar.

En ese momento ingresa Christian, el hermano de Mariangela, cansado después de un día agitado en los entrenamientos. Le presentan a Mariana, quien se queda fascinada al conocerlo.

CONTINUARÁ...

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